Yo soy siempre algo

Y pensé. ¿Qué es el tiempo?

El tiempo es movimiento y depende de tu ubicación. Me dijo la voz.

¿Mi ubicación? ¿Se referiría a mi ubicación dentro de este mar espiral? En ese momento estaba totalmente lúcido, escuchaba los ruidos de la calle, la música, escuchaba a Daniela hablar por teléfono. Pero mi campo visual era un mar de miles y millones de espirales de distintos tamaños. Y de pronto todos los ruidos cesaron.

Estaba sumergido en este líquido espiral. Todas rotaban, había grandes y pequeñas miles y millones, de espirales de color rosado. Girando como engranes. Interconectadas.

Yo traté de ver mis manos, pero solo había espirales frente a mí.

De lo único que estaba seguro es que tenía un punto de vista.

La espiral más grande puede ser la más pequeña y la más pequeña se vuelve la más grande. Dijo la voz.

Y de pronto enfoqué mi atención en una pequeña espiral, y esta mientras giraba comenzaba a crecer y crecer hasta abarcar todo mi espacio visual, hacia cualquier punto, y de pronto veía que estaba compuesta de miles de millones de pequeñas espirales.

Volví a enfocar mi atención en una pequeña al azar. Y esta comenzó a crecer mientras giraba, hasta abarcar todo cuanto podía ver. Fue una sensación escalofriante, porque sentí que nada tenía ya sentido.

La distancia entre la espiral más grande y la más pequeña es de solo un giro. Dijo la voz.

Y volví a sumergirme en la inmensidad espiral en movimiento, en los octágonos engranados que con su movimiento afectaban a todos las espirales octagonales que los rodeaban.

Millones de espirales, que fluían modificando su tamaño.

Y yo sentía que la consciencia de mí mismo comenzaba a desvanecerse. Solo veía espirales y espirales, y perdía poco a poco el rastro de lo que yo podía significar en aquel mundo.

Traté de aferrarme a una espiral enfocándola. Pero esta pronto crecía y crecía hasta abacarlo todo y de nuevo estaba frente a las millones que la formaban.

Volvía a enfocar y volvía a sumergirme más y más.

Entonces sentí el latido de mi corazón como un ritmo. Y pensé.

¡Yo soy!

¡Yo soy siempre una espiral!

No importa cuántas espirales vea frente a mí, yo siempre seré una. Grité en mi interior.

Y en ese momento, volví a la realidad.

Daniela seguía hablando por teléfono mientras conducía. Y yo me vi mis manos, toqué mi cuerpo. Estaba ahí. Yo era. Ya no veía ninguna espiral. Solo el mundo tal cual era, tal cual yo lo recordaba. Había sentido como si hubieran pasado años. Pero al parecer apenas habíamos salido del estacionamiento.

Suspiré y traté de pensar en otra cosa para olvidar lo que me acababa de suceder. Y en ese instante me volví a adentrar en el mundo espiral.

Y de nueva cuenta trataba en vano de aferrarme a una espiral pero se volvía una imagen imposible de enfocar por su tamaño.

Yo soy, yo soy siempre una. Volví a gritar en mi interior.

Y la realidad invadió todo mi campo visual y recuperé mi percepción normal.

Cuando volví a entrar en el mar espiral. Pregunté harto ¿Qué es esto?

Es el devenir. Respondió la voz.

Y frente a mí, se formó de nuevo esta pantalla compuesta por un centenar de espirales octagonales en movimiento del mismo tamaño.

Ya no sentía la ansiedad del mar espiral, sino más bien sentí que estaba frente a una proyección.

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