3. Verano en Querétaro

Julio del 2000.

Ese último café con leche combinado con el pan remojado en salsa roja caliente a las nueve de la mañana. Siempre provocaba una primera advertencia por ahí de la esquina entre Madero y Juaréz frente al jardín Zenea en Querétaro. Y al segundo retortijón comenzábamos a apretar el paso, pero ya a la altura del Ángela Peralta corríamos para ver quién llegaba primero al baño de la casa de Pasteur 64.

Vamos a la casa y luego te enseñamos la ciudad. Le dije a Natacha sin disimular mi apuro.

Mira este es el museo Regional. Dije corriendo.  

Y este es el templo de San Antonio, pero nunca hemos entrado. Gritó Nacho.

¡No mamés no llego! ¿Traes la llave? Aparto primero.

¡Ni madres!

Mira este en este bar se pone bien, podemos venir. Abre la puerta. Ja ja. Ah ah gritó Natacha.

Los tres nos empujábamos para entrar. Corrimos por el pasillo de la casa hasta la segunda puerta de madera que casi rompemos. Entró primero Nacho al cuarto y alcanzó a abrir la puerta del baño. ¡Pinche wey! Pero le apuras.

Natacha daba pequeños brincos y reía sin parar. ¿Aquí viven? Mientras recorría la habitación con su mirada.

Sí, aquí vivo.

¿Y Nacho?

Él llegó a pasar el verano.

Il est trés cool ta maison. Me dijo.

Gracias respondí desde el baño. No es mía, la rento.

¡Pinche Nacho! hubieras prendido un cerillo, le grité. Pásame un cigarro no seas así. Nacho prendió uno para él y le me tendió uno por la ventana del patio.

Que lindos azulejos tiene el piso, forman figuras ya las vieron. Dijo Natacha cuando le tocó su turno en el baño.

Si, es una historia. Le contestó Nacho.

Nos tiramos a descansar un momento en los sillones mientras Natacha recorría la pequeña casa. ¿Y qué hacemos? ¿Por qué no vamos al museo de la ciudad y luego vemos si hago el Rosalío Solano? Igual y nos deja entrar gratis. ¡Ándale!

¿Y no cierran con llave su casa? No, ¿qué van a robar? A lo mejor hasta nos dejan algo. ¿A poco no son una broma el ancho de estas banquetas? Le preguntó Nacho a Natacha. Ya vas a empezar. Le dije. Tengo la idea de crear una serie de fotos con las banquetas absurdas de Querétaro. ¡No manches! Son ridículas. Pasamos toda la tarde juntos y a entrada la tarde nos fuimos caminando hacia la casa de Edson.

¿Ya conocen Real de Catorce? Nos preguntó. Yo No. ¿Y tú? Tampoco ¿Y tú? No, pero me recomendaron ir.  

Es el nombre de un grupo ¿no? Dijo Nacho

No seas wey! Es un pueblo fantasma en San Luis Potosí.

Ah, no, pues no lo conozco. ¿Y que hay ahí o qué? Dijo Nacho.

Peyote. Dijo Natacha.

Los tres callamos.

Edson abrió la puerta de su casa. Ya se habían tardado, ¿En dónde se habían metido?

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