Universo espiral

En un instante la espiral regreso a la copa del árbol. Dio un giro y como una oleada, todos los octágonos que componían mi campo visual, se transformaron en espirales. Miles, millones de espirales componían todo cuanto yo veía.

Y tuve la impresión que el manera rítmica en la cual se movían iban componiendo los diferentes tonos y colores de todo lo que me rodeaba. Fue tal la armonía con la que estaba rotando que sentí que las espirales se integraban a la realidad y en momentos eran imperceptibles, y por momentos se volvían más obvias para mí.

Tuve la sensación de que siempre habían estado ahí, pero nunca hubiera reparado en su existencia.

En ese momento Daniela salió de la casa, la luz se prendió y el gato se estiró y bostezó.

Ella entró de lo más normal en el auto, y yo podía verla compuesta por millones de espirales translucidas que giraban.

¿Te sientes bien? Estás pálido. Yo solo pude asentir.

Ella puso en marcha el motor y arrancó. Aquello fue un espectáculo indescriptible, miles de espirales giraban rítmicamente frente a mí componiendo todo cuanto veía.

Y tuve miedo. Miedo de morir. Miedo de que tal vez estuviera a punto de cruzar el último umbral al percibir tal despliegue de belleza y plenitud. Miedo del contraste, de los opuestos.

Y si esto es la realidad, entonces ¿Qué es el bien y que es el mal? Pensé mientras veía aquella noche espiral.

Observa. Dijo la voz

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