Sáquenme del baño!

¿Escucharon el lamento de tu abuelo anoche? Mis hermanos y yo nos miramos asustados. ¡Si Ma!, mi abuelito grita muy feo, parecen los lamentos de la llorona,  me da mucho miedo, y luego en esta casa tan grande más. Dijo mi hermana Gabriela.

Pues espérate a que te cuente lo que hizo. Le contestó mi mamá mientras ponía el jugo sobre la mesa para el desayuno. Cuando entramos a su cuarto en la madrugada, nos dimos cuenta que no estaba en su cama.

¿Pero cómo se bajó si no puede moverse? Le preguntó mi hermano Enrique.

¡Pérate! Dice mi mamá. De pronto lo escuchamos quejarse en el baño. Cuando entramos en el baño tu papá y yo, lo vimos sentado en la taza del baño. Entonces pues ya lo asistimos y tu papá lo carga como pudo de vuelta a su cama. Le dí un poco de té y lo acosté en su cama bien tapadito con sus cobijas, y le pregunté. ¿Cómo llego hasta el baño Don Ricardo? Se me queda viendo y me dice. Hay Sonia, pues como va a ser. Tenía muchas ganas de ir al baño y como no me escuchaban ustedes, vino una persona y me llevó hasta el baño, pero lugo ya no volvió por mi.

Que nos volteamos a ver tu papá y yo. ¿Y quién era papá? Pues quien va a ser, nos dice. El hombre de negro, el que anda luego por aquí en la casa.

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