Premoniciones

Esa noche yo trataba de dormir, pero miles de imágenes cruzaban mi cabeza. De pronto tuve la sensación de entrar en un túnel. Poco a poco pude ver que se trataba de una especie de laberinto bordeado por arbustos de gran tamaño.

La imagen se volvió cada vez más nítida, estaba consciente de que estaba acostado en el tejaban, pero al mismo tiempo las imágenes parecían igual de reales. Entonces después de recorrer aquel pasillo rodeado de arbustos, llegué hasta un espacio abierto y oscuro.

Frente a mí, se alzó de nuevo otro laberinto más grande, recuerdo que corría entre ramas y en la oscuridad grisácea tratando de hallar la salida.

Cuando por fin lo conseguí, un tercer laberinto surgió del fango. Esta vez me costó aún más trabajo porque parecía una interminable vereda de lodo y arena que se hundía.

Y cuando sentí que había salido de aquel tercer laberinto escuché una voz que dijo. Has pasado la prueba y este es el primer mensaje.

Entonces mi punto de vista se movió súbitamente, hasta que me encontré en total oscuridad. Mi punto de vista giró y vi el enorme planeta tierra frente a mí. Mi visión estaba fuera de la atmósfera terrestre y podía ver claramente como nuestro planeta giraba sobre su eje como una enorme bola azul.

Al poco surgió detrás de ella, la Luna. La imagen era tan real y clara que podía ver cada detalle. Era la imagen más hermosas que jamás había visto. Estaba contemplando la escena y vi como poco a poco comenzaron a aparecer eclipsados entre la tierra y la luna los planetas.

Se podían ver como continuaban su trayectoria, pero que al mismo tiempo parecían estar alineados, se distinguían claramente los dos gigantes, Jupiter y Saturno.  Entonces escuché la voz sutil apenas perceptible que dijo.

Esta es la primer señal. La conjunción planetaria.  

Después esa visión desapareció y dejó lugar a una caótica escena, fugaz y rápida que contrastó con la pasividad de la anterior. Nubes, polvo, viento. Y poco a poco se formó otra visión.

En ella estaba mi amigo Edson, la imagen se volvió más nítida y vi como mi amigo subía a un avión. Parecía alegre y hablaba con los demás pasajeros mientras el artefacto volaba. De pronto el avión comenzó a sacudirse violentamente y vi claramente cómo se desplomaba con mi amigo en el interior.

Quise despertar pero no pude, y traté de gritar o moverme para no permitir lo que estaba viendo. Entonces una voz gruesa e inquietante dijo.

¡Para que él venga tu amigo tiene que caer! Es la segunda señal. Dijo.

Yo traté con toda mi voluntad de sobreponerme a la imagen antes de verlo derrumbarse y despertar.

¡No!

Grité mientras me incorporaba sobre mi sleeping.

En ese instante un estruendo sacudió el tejaban, como si algo hubiese golpeado el techo con fuerza al mismo tiempo en que yo gritaba.

Mis amigos brincaron del susto.

¿Qué fue eso?

Solo fue una rama que cayó sobre el tejaban. Dijo Nacho sobresaltado.  

Yo estaba con los ojos abiertos y muy perturbado.

Tranquilo Ro. Estas soñando. Me dijo Natacha mientras me trataba de consolar.

¡Pero lo vi caer! Le dije a Natacha. ¡No Ro! Tuviste una pesadilla. Nada más. Tranquilo.

Poco a poco recobré el aliento. Ella comenzó a tararear mientras me recostaba sobre mi sleeping de nuevo. Y sentí como volvía entrar en un trance profundo.

Esta vez mi punto de vista se ubicó de nuevo en el espacio, vi a la Tierra rotar plácidamente a mi izquierda con el negro fondo del universo.  Y en el horizonte vi de nuevo a los planetas alineados.  Esta vez sin embargo escuché una melodía profunda que surgía de la Tierra. Y de pronto las nubes blancas que cubrían parte del océano,  se comenzaron a salir de la órbita terrestre y formaron una estela que se movía como una tela llevada por el viento.

La imagen comenzó a tomar forma frente a mi visión y tuve la impresión que las nubes formaban una larga cabellera que flotaba en el espacio, cuando fui consciente de eso, la tierra rotó y se transformó en el perfil de una mujer. Su rostro variaba ligeramente y me pareció que contenía la esencia misma de la feminidad.

Es tiempo de su retorno. Dijo aquel inmenso rostro planetario. Su voz era más una melodía que se imprimía en mi transmitiendo su mensaje.

En ese momento mi campo de visión o punto de vista, giró en dirección contraria a la tierra, y en medio del espacio fijé mi atención en un punto de luz. Este punto se volvía cada vez más brillante. Tuve la impresión que algo se acercaba hacia nosotros.

Es el tiempo de su retorno. Volví a escuchar aquella melodiosa voz.

La luz provenía del reflejo que emitía un pequeño objeto. Este objeto se fue acercando más y más hacia la Tierra. Mi punto de vista estaba en su trayectoria y gracias a eso pude verlo con detalle cuando pasó a un par de metros del punto desde el cual yo percibía la imagen del universo.

Era una cápsula plateada en forma de huevo. De unos cinco metros de largo por unos dos metros de ancho. La parte superior aquel capullo plateado era transparente, su interior parecía un cuna blanquísima en el cual viajaba una figura humana recostada. Era un hombre de mediana edad, estaba vestido de blanco y tenía el cabello largo y barba espesa. Él hombre mantenía tenía los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos cerrados.

Es el tiempo de que vuelva. Escuche de nuevo la voz femenina mientras veía como se dirigía la cápsula hacia la tierra.

Abrí los ojos y me incorporé sobre mi sleeping. Mientras lo hacía vi de reojo que Nacho se incorporaba al mismo instante.

¿Lo viste? Le pregunté susurrando efusivamente tratando de no despertar a Natacha que estaba dormida entre los dos. Nacho asintió.

Fue como si hubiéramos estado conectados viendo la misma alucinación en el sueño. Los dos nos volvimos a recostar. En la visión que tuve al cerrar de nuevo los ojos, fue una imagen en la que Natacha y Nacho y yo rencaminábamos juntos. Tienen que estar juntos cuando eso suceda. Me dijo la misma voz femenina que había escuchado en la visión anterior.

La imagen se difuminó y solo percibí la oscuridad. Una plácida oscuridad que llegaba después de una intensa noche de vívidas visiones.

Ya ha pasado todo. Escuché de nuevo la voz de mescalito pero mucho más apacible.

Solo necesito algo de ti a cambio por lo que has visto.

¡Pero no poseo nada! Le dije en mí pensamiento. Solo tengo mi collar.

Es suficiente. Respondió él.

Suspiré, pues aquel collar lo había ido formando con piedras, caracoles, semillas, que recolectaba en mis viajes por México con Nacho y Edson. También tenía algunas cuentas de Jade que le había ofrecido a mi padre un amigo suyo al encontrarlas en una de las tantas excavaciones arqueológicas en la antigua ciudad de Tolteca de Tula.

Abrí los ojos, y sin levantarme del sleeping me quité el collar y lo puse sobre el piso junto a mí.

Descansa. Despertarás mañana a las siete en punto. Dijo.

Apenas alcancé a escuchar una voz que se diluían entre el murmullo de la lluvia al caer. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir ya era de mañana, miré mi reloj cuando el segundero caía en la casilla doce marcando las siete en punto.

Me levante con pesadez, Natacha no estaba y Nacho estaba preparando el café.

Nacho, puedes tomar mi collar que está en el piso y arrojarlo al río. Le dije a mi amigo.

¿Qué? Pero es tu collar, de jade. ¿Estás loco o qué?

¡Por favor! Le dije con el semblante fruncido. El mal estado de mi cara lo debió de haber convencido.

Nacho lo tomó y sin preguntarme más detalles se dirigió al caudal del río que iba crecido por la lluvia.

Nacho volvió, con el pantalón salpicado de agua.

¿Escuchaste eso? Me dijo. Cuando aventé el collar, el río se calmó.

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