Pinche roy

Wey, te juro mi Roy.  Te juro que no me lo vas a creer. Venía caminando a tu casa y que me encuentro con mi super carnal el Ernesto. Wey, wey. Que chingón.

Wey, no mames wey, a mi me había avisado mi carnala Vero, que le callera a una casa en el centro wey.  Dijo Ernesto con una voz profunda y articulando cada letra como si estuviera leyendo poesía del siglo pasado en inglés británico.

Wey, no mames, mi Roy. Hace un chingo que no veía a este carnal, el Ernesto. Wey. Que chingón, no mames.

En eso Daniela se estacionó frente a la casa y bajo del auto junto con Vero. Yo la había cruzado varias veces en la universidad.

¡Gasho que emoción! – Gritó Daniela desde el otro lado de la calle.

Preséntame sangrón, quienes son tus amigos. Dijo Daniela exagerando sus ademanes y haciendo como si se peinara para la ocasión.

Hay pinche Dani, no mames. Es el Ernesto y el Mike. Le dijo Vero.

¡Hay que emoción Gasho! El Miguel del que no paras de hablar. Dijo riendo.

No es para tanto. Repliqué en voz baja.

¡Qué se traen! !Que se traen! Gritó Nacho desde el fondo de la casa con una caguama en cada mano.

Nos sentamos en la habitación que tenía la gran ventana de frente a la calle adoquinada.

¿Qué traes ahí Daniela? En esa mochila cabe un gato. Dijo Nacho señalando su bolso.

¡Qué te importa sangrón! Déjame en paz. – Le dijo sonriendo.

Tuku, tuku tu. Vociferó una chica desde la calle sujetando con ambas manos los barrotes de la ventana. Carnal, no mames, que chido. Ábranme cabrones no mames. Dijo.

Ja ja ja La Miros. Dijo Ernesto y fue a abrir.

Tuku tuku tu. Se escuchó.

Después otro grito.

Atu, wey. Chiquita. No mames.

El Ernesto agitó las manos. ¡Wey ya sé armó este pedo bien cabrón, wey!

Miros se movía lentamente y contrarrestaba entre los cumplidos exageradamente cariñosos y las groserías. 

Chiquito, ¿Cómo estás? Me dijo Atu mientras entraba a la casa.

Si, ayer apenas conocí a Ro, vine con el Mike a su casa porque me dijo, -Chiquita tienes que conocer al Roy porque también baila con fuego. ¡Y Zaz! Que nos vamos por gasolina y le caímos a la casita a prender fuego. !Pinche Mike! Hasta se trajo el djambe y estuvimos aquí afuera en la calle prendiendo fuego como pinches locos.  Dijo Atu y soltó una carcajada.

Nacho para entonces ya estaba brindando con todos los que entraban a la casa.

Ernesto se fue al viejo tocacintas con Miguel y pusieron uno de sus cd que traían en la mochila y así entramos en un bucle espacio-temporal de bits de Saint Germain a Kruder and Dorfmeister.

En eso escuchamos un chiflido ensordecedor desde la calle. Y luego el rechinido de una bicicleta que se detenía frente a la ventana.

¿Quihuboles que hay? –Dijo Nacho Mágico desde la calle.

Wey, wey, wey, el Nachito. Se escuchó entre la música.

El ruido metálico de la puerta de la casa se escuchó. La bicicleta entró al pasillo mientras la rola de Rose Rouge dictaba sus últimos acordes.

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