Panchita

Entró a clase con su novio, un chico de cabeza rapada y con cara de poco amigos. Ella era la popular de la escuela, Daniela. 

Como siempre llevaba puestos unos pantalones ajustados, una blusa pegada y con el cabello recogido en una coleta. Daniela. Por supuesto la preferida de los profesores. No recuerdo ni siquiera que clase teníamos juntos en la universidad.

Yo por el contrario, era el lobo solitario, o más bien el lobo desapercibido. O como uno de los amigos de Daniela me apodaba. El mala cara.

Y no es que no quisiera integrarme. Es que, hasta la fecha nunca he sabido cómo hacerlo. Falta de carácter talvez, no sé. ¡El intelectual! Me gritaba un profesor, que para levantar mi ego era el más temido de la carrera.  Libros, café y soledad.

Un día me encontré a Daniela en el pasillo rumbo a la cafetería. Yo ese día me sentía un poco más confiado que de habitud y comenzamos a platicar. Yo le conté de mis viajes, de mis creencias y bla bla bla.

Ella estaba muy emocionada, digo. No exagero cuando escribo que Daniela ha sido la persona más expresiva que he conocido en mi vida. Es que no podía disimular ningún sentimiento, y tampoco que lo quería.

Con poco se emocionaba, pero cuando lo hacía, explotaba en júbilo como una chica de manga japonés con todo y las luces y los rayos cósmicos.

-Estoy junto con un amigo creando una tienda de ropa, se llama Quema.  Tenemos también algunos accesorios.

-En serio Gasho, ¡Que emoción!  -Gritó Daniela acentuando su acento de norteña.

-Pues si, mira te dejo una tarjeta postal que acabo de imprimir con el logo. Te apunto la dirección por si quieres darte una vuelta.

-¡Ah sí! !Está increible¡ En el centro de Querétaro. Gasho que lindo. –Volvió a gritar

La verdad nunca esperé que fuera a ir a la casita. Pero esa misma tarde llegó.

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