Octágono espiral

Mire al frente y el pequeño punto que había visto antes comenzó a girar sobre su eje, era plano y translúcido. Yo lo percibía por la distorsión de color que producía sobre las hojas del árbol. Era como si estuviera superpuesto a la imagen de la realidad que percibía.

Lo vi rotar y el objeto se desplazó hacia mí lentamente, haciéndose más grande mientras se acercaba hasta que se situó justo delante del parabrisas del coche.

Así lo pude ver más claramente. Era una superficie plana y translúcida casi transparente de unos diez centímetros que rotaba lentamente de derecha a izquierda. Reparé en la forma que tenía y me dí cuenta que era un octágono. 

Como si el objeto fuera consciente, ahora que lo había visto se alejaba hasta situarse en su posición original en la copa del árbol que tenía frente a mi.

El octágono continuó girando y yo no podía dejar de verlo. Y de un momento a otro como una ola expansiva, otros octágonos comenzaron a aparecer rodeando al primero, miles, y miles de pequeños octágonos rotando sobre su eje. Hasta que cubrieron por completo todo mi campo visual.

La casa, la calle, el árbol, la barda, el gato, el auto, el parabrisas, mis manos, todo estaba impregnado de miles y millones de diminutos octágonos giratorios.

Curiosamente todos giraban a un ritmo ligeramente diferente.   

No sentía miedo, más bien estaba en un estado de total admiración hacia lo que estaba presenciando.

Y entonces de nueva cuenta, el mismo octágono inicial, se desprendió de su posición original y se acercó hasta detenerse a unos centímetros del parabrisas del auto.

Mientras giraba, el centro del octágono se comenzó estirar como un cristal líquido y espeso. Como si algo estirase del centro de la figura hacía arriba y hacia abajo, se comenzó a dibujar la silueta de dos conos que compartían la misma base. El octágono adquirió volumen.

Pero mientras giraba con lentitud la base, las puntas de ambos extremos cónicos parecían no hacerlo. Por lo que el efecto produjo unas hendiduras en aquel cristal formando una espiral.

Una vez que la espiral estuvo completa, la figura rotó noventa grados, y colocó la punta superior de la espiral hacia mí. Sin dejar de rota, y vi que seguía teniendo la forma octagonal en la parte más ancha de la figura, en su centro.

De nuevo, la figura volvió a rotar noventa grados y pude ver la espiral translúcida de dos puntas con el centro más ancho y de forma octagonal que giraba lentamente.

Momentos Inusuales – Rodraz

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