No tengo voz

No tengo voz.

Es solo un suspiro enterrado.

¿Acaso la he perdido?

Más bien nunca la he tenido.

No tengo voz.

Ahora me doy cuenta que todos tienen una…

Que si esto, que si aquello. Que si yo opino, que si yo, que si yo. Que si tú.

¿Cómo hacen para tener la confianza de tener una?

Apenas puedo decirme a mí mismo, ¡levántate! Por la mañana.

No tengo voz.

¡Que putada¡ Justo ahora me doy cuenta que me falta y que tal vez es aquello que tanto he buscado.

Esta manera de caminar que parece un despropósito.

Que para mis amigos era motivo de burla.

Y para mis padres una falta de alguna cosa en mi niñez. Un, no sé qué. Un, ¡hay m’hijo!

Suspiro.

Es que no tengo voz. Pienso.

¿La he perdido? O talvéz nunca la he tenido.

No deberías de pensar así, negativo.

Suspiro.

Tus historias de superación personal son tan sin palabra. Grito. Suspiro.

¿Cómo podrías saber lo que me pasa? !Tú que tomas una voz prestada¡

Que sin saber, hablas con palabras que recitas en tu mente.

Dime algo verdadero, quítate la máscara y dime algo verdadero, te digo.

¡Dímelo¡ Te grito.

A eso me refiero, amigo.

Suspiro.

¡Date cuenta¡ ¡Tu!

Que no tienes ya voz, un recuerdo, talvez. Solo un hilo.

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