El maestro

Xilitla México, Junio del 2000

Sentí que algo me empujó con fuerza, cuando reaccioné me di cuenta que mi consciencia había salido de mi cuerpo. Es decir, mi punto de vista desde el cual observaba la situación. Ya no estaba en su lugar habitual, en mis ojos, sino que ahora «veía» la misma escena pero desde algún un punto localizado detrás de mi hombro derecho.

Mi visión era un poco difusa, pero pude ver a Nacho que estaba a la izquierda de mi cuerpo y a Natacha a la derecha. Los tres estábamos alrededor de una mesa sobre la cual habíamos encendido la única vela que traíamos con nosotros. Después pude girar mi visión y observé el interior de aquel cobertizo que nos cubría de la lluvia.

Y de pronto una voz ronca y áspera salió de mi boca. ¿Qué creen que están haciendo? Dijo. Son unos idiotas, ustedes me mataron.

Entonces en un santiamén, mi visión se movió en sentido inverso, rebobinando lo que había visto durante nuestro corto viaje desde el desierto de Real Catorce hasta Xilitla.

Vi y experimenté de nuevo las imágenes de nuestra llegada a Xilitla en autobús aquel mismo día por la mañana. Las imágenes en secuencia retrocedían a gran velocidad. Vi cuando pasamos por el túnel de Ogarrio, me vi hablando con Nacho en la cantina sobre Natacha, y también vi cuando caminábamos en el desierto de Catorce buscando a la planta sagrada.

Hasta que en mi alucinación, mi punto de vista, se posó sobre un matorral. Y por un momento la escena se volvió apacible.

Yo estaba de nuevo en el desierto contemplando el atardecer, a lo lejos distinguí a Nacho y en otro punto pude ver a Natacha caminando.  Miré las montañas doradas por la luz del sol y en ese instante un ave rapaz pasó frente a mí explorando el territorio a poca altura. Escuché un ruido sordo de hojas secas que me hizo voltear al piso y vi a una liebre que se escondía detrás de un arbusto. Respiré aliviado, todo parecía haber sido una pesadilla.

Y de pronto escuché de nuevo su voz rugir dentro de mí. En ese momento, él tomó mi visión y de un jalón sentí como me enterró en la tierra árida.

Mi visión se volvió oscura y con un tono rojizo. Traté de mover mi visión pero no pude. En ese momento fui consciente que estaba enterrado.

Aún así no sentí miedo y poco a poco me invadió una sensación de calidez. Tuve la impresión de que nada podía hacerme daño. No sé muy bien explicarlo pero me sentía tierno y húmedo. Nunca antes había experimentado algo parecido.

Entonces cuando todo estaba en calma, comencé a percibir un golpeteo. Al principio muy ligero y esporádico. Pero sin razón alguna me invadió una sensación de felicidad. El golpeteo se volvió más intenso hasta que sentí un escalofrío y supe entonces que estaba lloviendo. Yo era una semilla.

De pronto mi visión comenzó a moverse en la oscuridad, más y más hasta que una luz rojiza ganó terreno y de pronto me sentí impulsado hacia la superficie. ¡Estaba creciendo como una planta! precisamente como un peyote.

Al salir a la superficie, sentí el viento, la lluvia, el sol y experimente una especie de orgasmo que culminó en un florecimiento. Tuve una sensación exquisita de felicidad hasta que de pronto algo me atravesó por dentro y en un instante mi punto de vista se desprendió con un intenso dolor. Como si me atravesaran con una navaja cortándome en dos. Era yo cortándome a mí mismo siendo planta y humano al mismo tiempo.

!Son unos idiotas! Me gritó con voz colérica.

Volví en mí, respiré profundamente y frente a mi vi a mis amigos iluminados por la vela.

Ro ¿Estás bien? Me preguntó Natacha.

Es él, está aquí. Les dije temblando de miedo. No soy yo el que habla, no soy yo, es él.

Tranquilo Ro. Tranquilo, estas en trance.  Me dijo Natacha mirando mis pupilas dilatadas de cerca. Va a pasar pronto.

Entonces volví a perder el control de mi cuerpo, y una voz ronca que salió de mi boca le dijo a Natacha.

Tienes que cuidar de ellos esta noche. Es la razón por la cual no quise que me encontraras en el desierto, ni que me ingirieras. Al escuchar eso Natacha dio un paso atrás y Nacho se acercó hacia mí con pasos seguros y me dijo.

¡Dámelo! ¡Yo voy a cargar con esto!  Me tomó del brazo con fuerza y en el momento me sentí aliviado. Nacho en cambio comenzó a sacudirse hasta caer al piso convulsionando.

Me acerqué a él, lo tomé de los hombros tratando de contener su sacudido cuerpo y le grité. !No¡ Yo debo de cargar con él. Le dije resignado. Aquella fuerza subió por mi brazo de nuevo como si lo hubiera aspirado de mi amigo. Era la intensión misma de la planta que se movía dentro de nosotros.

Nacho se arrodilló tratando de recobrar el aliento. ¡No mames! ¿Qué es eso?

Es él, es mescalito. Le dije.

Hace tres días comenzaron un ritual en el desierto, y lo tienen que terminar juntos. Dijo la voz con una entonación mucho más pausada. Y volvió a fundirse su voz dentro de mi cuerpo. Yo respiré hondo mientras volvía en mí y me incliné sintiendo el peso de toda esa pesadilla.

¡Quiero que pare! Susurré temblando de miedo.

Natacha se acercó y abrazó. Tranquilo Ro, tranquilo. Todo va a estar bien. Me dijo. Estuvimos así por un instante mientras ella tarareaba.

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