Luna creciente en Jalpan

Estábamos en la casa de Jalpan de Miguel, bueno, la casa de don Chema el papá de Miguel.

El caso es que nos habíamos quedado a platicar afuera de la casa hasta la madrugada Miguel, Don Chema, el Benji y yo. Hacía mucho calor, y don Chema nos propuso caminar por el jardín frente a la presa.

Y en algún momento los cuatro nos quedamos de pie, callados, solo contemplando la presa de Jalpan iluminada por la luna creciente. Yo estaba por así decirlo a tras de Don Chema, a su lado estaba Miguel y el Benji estaba a mi izquierda un paso por delante, así que solo veía las siluetas de sus espaldas y miré como mis amigos miraban hacia el frente.

De pronto sentí como mis brazos se empezaron a levantar, ambos al mismo tiempo a mis costados, los sentía ligeros, como si flotaran.  Entonces que volteo al frente, y veo como los brazos de mis amigos se estaban levantando al mismo tiempo que los míos. No como si nos estuviéramos estirando o algo por el estilo, sino como te dije, haz de cuenta que mis brazos flotaban, así despacito, muy muy lento.

Pues igual los de ellos. Cuando teníamos los cuatro los brazos extendidos hacia arriba, don Chema nos dice. ¿Ya lo sintieron? Y fue como si hubiéramos entrado de nuevo en consciencia o despertado, cada uno bajo los brazos.

-¿Qué pedo? Dijo Miguel.

-No sé mano, pero que chingona energía se sintió. ¿Lo sentiste Benji?

-Simón.

-Hasta se me enchinaron los pelos cabrón. Dijo don Chema.

-Mi Roy, no mames ¿Tú también levantaste los brazos verdad?

-Si Mike. Todos los teníamos levantados. -Le dije.

-¡Que chingón! Nunca había sentido algo así aquí en la huerta. Que chingón. Repitió don Chema.

-¿No habrá sido Brazo mi Roy? -Me susurró Miguel.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *