Las pois

Esa tarde había ido a comer al café del fondo y de ahí me pase un rato a Cuadros a escuchar quién estaba tocando.  

Por entonces el centro de Querétaro era un lugar poco turístico y en donde solo los músicos, pintores, poetas, hippies y jugadores de ajedrez se reunían en torno a algunos cafés de culto.  

Yo caminé hasta mi casa cuando vi la figura de Miguel iluminado por el farol.  Levantó los brazos.

Mi Roy. ¿Qué haces carnal?

Pues nada, caminando.

A su lado estaba una chica de tez bronceada, cabello rizado estilo afro y con una amplia sonrisa y un entusiasmo contagioso.

Wey, le conté a Atu que tú también bailas con fuego.

Pues sí, aprendí hace poco.

¡Chiquito! Yo también. -Me dijo. Vamos a prender.

¿Ahorita? Le contesté.

Sí Carnal, yo me traje el djembe.

¿En serio?,ok, pues deja saco mis pois. ¿No nos dirán nada los vecinos?

Hay mi Roy, no te apures, así tranquis.

Ok, deja veo, debo de tener un poco de gas en la cocina.

Nosotros trajimos gasolina Roy. Ira, aquí la traigo en el vochito.

Miguel sacó su djambé y se puso en la puerta de la casa. Mientras Atu y yo comenzamos a bailar con las pois entre dos coches estacionados en la calle de Pasteur. Y después de unos minutos decidimos remojarla tela en gasolina y prenderles fuego entre gritos y tambores.

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