Las dos casas

¡Claro! Enrique Ocaña, cómo no. Él llegó a la casita con Miguel después de que hubieron terminado de tocar en Cuadros.

El famoso Rodrigo el bolas de fuego. –Me dijo con su acento veracruzano.

Pues famoso no, pero si las bailo. –Le dije. Nos saludamos de abrazo y me presentó a Betito, que era el guitarrista de la Banda Son de Arena.

Se instalaron en el cuarto de enfrente y empezó el toquín. Comenzó a llegar más gente, amigos de amigos, algunos que solo pasaban por ahí y conocían a alguien que les había dicho.

Las caguamas empezaron a desfilar y se armó la primera vaquita para sacar para las chelas. Creo que recuperamos como ochenta pesos de la primera pasada. De a cinco, de a diez, veinte. Ya nos lanzamos por las caguamas a la tienda de la esquina.

Cuando regresamos la casa ya estaba llena. Ocaña cantando a fondo, y en el solar de atrás se estaba armando el tableado flamenco con el Mágico.

Luego llegó un vecino, Fernando. Wey a todos se nos hacia el más raro del mundo, el Fer, pero ya después de unas chelas estaba igual o más loco. Eso sí es de los Queretanos de toda la vida y su banda también, total que unos amigos suyos llegaron, y pues entre ellos todos se conocían. Entonces me dijo, ven Roy, vamos a mi casa.

Nada que ver, el Fer trabajaba en el gobierno y ganaba bastante bien. Sacó una botella de whisky y me sirvió un trago. Cómo explicarte, el Fer. No habla mucho y tiene una mirada penetrante. Sabes que te está exprimiendo con el pensamiento tus neuronas.

Una vez se nos ocurrió jugar maratón, el jugo de mesa de preguntas, wey que pena. No chingues. Ese wey se sabía todas.

Volvimos a la casa, y al poco rato, ya la fiesta comunicó ambas casas por la azotea. Aquello se volvió a salir de control, entraba y salía gente, las chelas rolaban y sobre todo la música en vivo hizo que el centro vibrara.

Me acuerdo que una de las veces que sali de la casa hacia la del Fer, el administrador del bar de enfrente, El Portón de Santiago, me dijo. -Oye mano, ¿Cómo le hacemos para que la gente de tu fiesta se venga a dar una vuelta por el bar? ¿Qué necesitas? ¿Quieres un descuento? -Hay wey, pinches locos. -No, no sé mano, la verdad es que casi no conozco a nadie de los que están en mi casa. Y me metí a la casa del Fer.

Luego llegó Haide, una chica de ojos grandes con el cabello rizado, parecía salida de una película. Mágico me la presentó era estudiante de bellas artes, y su novio, el Flautisto al que Nacho Mágico admiraba porque era parte de la filarmónica, y al parecer había ganado una beca para irse a estudiar a Francia. El chico no hablaba mucho, me hizo pensar en el personaje de la película the big blue.

No sé porque pero me dio la impresión que a Nacho Mágico le gustaba Haide. Aunque era realmente difícil entre tanta gente.

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