L’Anjou

Anjou

Mi padre y yo solemos recomendarnos lecturas, fue él el que me inculcó entrar en el mundo de los libros. Y yo me nutrí en mi adolescencia de los libros que tenía almacenados en el ático (si se le puede llamar así a la habitación más alejada de la casa de mi abuelo). Herman Hesse, León-Portilla, Nietzsche, Gibran Khalil Gibran, y otros libros que yo iba desenterrando de cajas cubiertas de polvo.

Un día llego a la cafetería que administraba con mi esposa y me dijo.

Está buenísimo este libro hijo, a lo mejor te gusta. Trata de los templarios. Me dijo.

Que era el tema que por aquel momento le fascinaba.

El libro no me tocaba realmente. Pero una palabra aparecía escrita una y otra vez Anjou.

Se me hizo tan rara.

Anjou.

Que palabra más chistosa. Se refería tanto al apellido de uno de los personajes como a una región entera de Francia.

Páginas y páginas y lo único que rumiaba era aquella palabra. Anjou.

Años después, cuando decidimos irnos a vivir a Francia. A mi esposa le ofrecieron un puesto de trabajo en una empresa, cuando viajamos para ir a su primera entrevista, vi de nuevo aquella palabra. Acabábamos de entrar a la región del Anjou. En la cual los Duques de Anjou en el siglo IX habitarían el castillo de Angers.

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