La sombra

Cuando llegamos a la casa del amigo de Daniela, le dije que prefería quedarme en el auto.

Pero ya me conoces, me voy a poner a platicar, te juro que no me tardo Gasho.

No te apures, Aquí estoy bien.

En su coche habíamos dejado el cd de Moby Songs 1993- 1998, lo puse y lo adelanté hasta que la canción de Hymn comenzó a sonar.

Frente a mi había un enorme árbol, justo a un costado de la casa a la cual había entrado Daniela. Un Farol a unos cincuenta metros detrás del auto apenas iluminaba la calle.

Mientras contemplaba la escena apareció un gato, dio una vuelta por el patio de la casa y se subió a la barda de la casa, justo entre el árbol y la puerta de entrada.

De pronto una ráfaga de aire movió las ramas del árbol, esto accionó el sensor de la lámpara que estaba sobre la puerta de casa y acto seguido, el gato maulló.

El aire cesó, las ramas dejaron de moverse y la luz se apagó; entonces el felino se reclinó sobre sus patas delanteras.

Una vez más el viento movió el árbol, el movimiento accionó el farol, y el gato se levantó y maulló. Otra vez más el aire se detuvo, la luz se apagó y el gato reclinó la cabeza.

El fenómeno se repitió exactamente tres veces. Y fue tan rítmico que no percibí ninguna diferencia entre los tres episodios.

Entonces fijé mi vista en la parte superior del árbol, había algo que llamaba mi atención.

Un pequeño punto, que parecía ajeno a aquella imagen.

Era un punto borroso del tamaño de una hoja. Como si hubiese sido una basurita en mi ojo que distorsionaba la imagen, un diminuto espacio desenfocado.

Percibía el color del fondo aunque no veía con claridad. Parpadee varias veces esperando que el pequeño punto se disipara, pero seguía ahí.

Incluso me moví de un lado a otro pero la anomalía seguía ahí.

Después escuché un ligero zumbido en el oído izquierdo que me hizo girar la cabeza. Y cuando lo hice, dejé de escuchar el ruido. De nuevo, voltee hacia adelante y volví a escucharlo. Fue muy curioso. Era como si el zumbido que provenía del lado izquierdo en donde había una barda mal pintada de blanco, al momento que giraba mi cabeza para inspeccionar su origen, se desvanecía.

Vi la sombra de un animal que se proyectaba en la barda blanca. Estaba sentado en sus patas traseras, tenía las orejas puntiagudas y el hocico largo, como un perro grande, un lobo pero no tan lanudo, más fino. Podría decir que parecía un coyote.

Y en ese momento, escuché una voz.

¿Estás listo? Me preguntó la voz.

Se me erizaron los cabellos, pero por alguna razón la simplicidad de las escenas anteriores me había sumergido en una quietud gratificante.

Sí, estoy listo respondí.

Así empieza. Dijo la voz

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