La primera mano en la cueva

A Brazo, yo lo entendía como una personalidad interior, pero en varias ocasiones pude constatar que esta fuerza del movimiento tiene una relación o una conexión con la naturaleza. ¡Claro! Aquí es dónde mi incredulidad aparece. Y entonces de nuevo la barrera infranqueable me desviaba hacia otros pensamientos más racionales, comprobables o rutinarios.

Pero, ahora me encuentro en un impase, un punto de inflexión. Por un lado la barrera de la racionalidad que me dice, sigue tu vida, y por otro, solo encuentro un verdadero sentido a la misma cuando pienso en Brazo y en la fuerza misteriosa que hay detrás de la consciencia y en la naturaleza de la consciencia misma. ¿Qué es? ¿Qué es la consciencia? ¿Qué hay más allá de los límites de la consciencia? ¿Hay una conexión en la naturaleza que escapa de la percepción? ¿Es Brazo, el inconsciente, una puerta que abre hacia esa conexión?

No lo sé, pero así lo siento. Así lo sueño. Le dije a Nacho mientras veíamos las estrellas en el jardín cerveza en mano. Hace un par de meses.

¿Sabes que en Agosto se cumplen veinte años de nuestro viaje a Real de Catorce?

!No mames¡, !te cae¡

Pues sí, fue en el verano del dos mil.

¡No mames! Que loco.

Veinte años, y quien iba a decir que estaríamos ahora los dos tomando una cerveza en Francia.

¿Si, no? Tu hubieras imaginado que vivirías en Holanda y yo en Francia.

¡Ni madres! Nunca me lo imaginé. ¿Qué loco no?

Imagínate antes que no había luz, ha de haber sido una pasada ¿no?

Extendí mi mano al cielo separando lo más que pude los dedos. Wey, Imagínate que hace mucho, en una pequeña tribu primitiva, dos cabrones como nosotros se quedaron viendo el cielo. Y uno de ellos levantó su mano y se la quedó mirando. ¡Así! Y de pronto tuvo un momento de lucidez.  Y se vio a sí mismo, tuvo el sentimiento de que era él. ¿Me explico?

Imagínate ese primer sentimiento que emergía clarificando todo. Separando su mano como una figura, del resto del fondo que componía la realidad. Focalizando el concepto de mano, luego del brazo, luego de su cuerpo, hasta que se palpó totalmente sintiéndose. Aún no sabía que era esa sensación porque no había precedentes, porque todos los demás estaban aún dormidos. Pienso que esta idea lo trastornó, y veía su mano constantemente en el día, mientras los otros, cazaban, recolectaban. Él o ella, se quedaba mirando su mano. Instintivamente intuía que ahí había algo. Que algo extraño estaba pasando. ¿Qué es? ¿Qué era esa sensación? Miraba su mano, y su brazo.

Empezó a plasmar su mano como una huella dejada por sus pies en el fango. Un rastro. Un rastro que daba indicios de que algo estaba o había estado ahí. La borró con temor a que la siguieran como él lo hacía con los animales de caza. ¿Pero que era? ¿Era su huella el reflejo de algo? ¿De qué?

Volvía a hacerlo una y otra vez, sus compañeros sabían que estaba actuando raro. Se reían. Pero él o ella en cambio, se quedaba pasmado(a), como un mosquito mareado por el humo. Poco a poco se animó a tomar lodo y plasmar su huella en alguna piedra, pero su marca se desvanecía con él tiempo. Pudo poco a poco relacionar que el instante desde que la había plasmado no era el mismo que aquel momento en el que pasaba los dedos sobre la tierra seca. Miró su mano de nuevo y la vio intensamente, la huella, el lodo, la piedra. Y esta sensación de separar la imagen de algo que podía mover por su cuenta a todo lo demás. No podía tener el control sobre el lodo, o sobre la piedra, o sobre el río. Pero si sobre su mano. ¿Qué es? La sensación le daba miedo, no lo dejaba dormir, tenía pesadillas. Un día mientras ellos se resguardaban dentro de una cueva, plasmó su mano en la pared con algo de carbón de la fogata. Les gruño a sus compañeros señalando la mano pintada, y su mano. Y a el mismo. Soy yo.

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