La noche que perdí el control de mi brazo izquierdo.

Escribí este artículo a 40 km del Castillo d’Angers, Francia. El 21 de diciembre de 2020 el mismo día de la conjunción planetaria Júpiter, Saturno y Putón. En memoria de mi mejor amigo, Edson.

Querétaro 2001

Yo estaba muy tranquilo desayunando mis enchiladas con bistec, cuando el Rodraz y yo te vimos pasar con una pelirroja a través de los barrotes de la ventana del Café del Fondo. Le dijo Nacho a Edson.

¡Ya valió madres! Pensé al verte entrar con Natacha. El Rodraz estaba de espaldas a la puerta, así que no alcanzó a ver la imagen espectral de la güera.

¡No te apures! ¡La vi reflejada en la cara que pusiste! – Reímos los tres.

Ella traía unas pantalones color kaki con bolsas a los costados, una blusa color marrón estilo hindú y un buen de pulseras y en el cuello un colguije hecho de bolitas de madera que olía a flores.

¿Qué tal idealiza este wey a Natacha? Era un rosario tibetano de sándalo por eso olía así. Dijo Edson.  

El asunto es que olía muy bien, ¿no? Replicó Nacho.

Si, a diferencia de nosotros que no teníamos agua en la casa. Le respondí.

Lo que sea, déjame terminar con la escena. Dijo Nacho. Y entre tanto tomó otro sorbo del mezcal que Edson le acababa de servir.

Cuando se sentó en la mesa con nosotros vi perfectamente como se le dilataron las pupilas.

¡Ah, si wey! No inventes Nacho.

¡Me cae¡ Ya sé que no me crees, pero yo la vi.

No mames, veníamos del pinche solazo y ustedes estaban refundidos en una esquina, como no se le iban a dilatar los ojos.

Pues yo no vi que los tuyos se dilataran. Dijo Nacho.

Edson y yo reímos a carcajadas.   

¡Pinche Nacho! Yo tengo los ojos negros carnal.

Nacho tomó su vaso y se levantó. No, no, no, no me van a quitar esa ilusión. Ella estaba acostumbrada al sol, eso no fue por el cambio de luz. Reímos aún más.

Pero si Natacha es francesa, como va a estar acostumbrada al sol. Le dije. Además eso no es de costumbre.

¡Ni madres! Y se bebió de un solo sorbo su vaso. Ella ya tenía rato en México y estaba acostumbrada al sol de acá.

Creo que apenas llevaba una semana en Monterrey antes de bajar a Querétaro ¿no?

Nada de eso, el asunto es que, entre Natacha y yo hubo química desde que cruzamos miradas a través de la ventana del Café del Fondo.

Lo dice el latin lover. Dijo Edson mientras Nacho se arreglaba la camisa.

Más bien yo creo que la espantaste carnal. Dije.

La espantaron querrás decir.

Yo si me había bañado. Le repliqué a Edson.

Pero si ni jabón tenían en la casita del terror. Nos dijo Edson.

Claro que sí. El jabón zote que habían dejado mis antiguos roomies. Le respondí.

¿Esos que tenían al perro todo horrible?

Si, se habían ido una semana antes, lo bueno es que entre el Nacho y yo arreglamos un poco porque la casa estaba hecha un desmadre.

¿Te acuerdas? Preguntó Nacho.  

No, no quiero ni acordarme, y ni menciones lo que vimos en el baño.

¡Pinches locos! Deberían de agradecerme que los invité a la casa esa noche a cenar, porque no tenían ni para eso.    

¡Wey! Esa decisión lo cambio todo. Además durante el trance te vi, fue algo muy loco que te tengo que contar. Le dije a Edson. Ah pinche Rodraz, ya vas a empezar a filosofar. Salud carnal. ¡Salud!

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