La llegada a la casa de Tula.

Cuando llegué a la casa de Tula al otro día con mi mochila al hombro, toqué la puerta, y para mi asombro, fue mi abuela quien me abrió.

-Pasa hijo, te estábamos esperando. Me dijo.

¡Abuelita! Y la abracé como nunca lo había hecho.

–Hay papacito lindo, ¿dónde andabas chamaquito? Ven que tu mamá y yo tenemos algo que decirte.

Mi mamá estaba sentada en el borde del sillón de la sala, algo que nunca hacía con un semblante triste. Me dio un beso y me tomó la mano.

-Hay mi hijito, siento mucho lo que te voy a decir, pero Nachito Mágico murió.

-¿Qué?

-Si mi hijito tus amigos te están tratando de localizar, al parecer ayer por la tarde murió.

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