La llamada de Álvaro

Sé que es difícil creer que lo que te voy a contar, pero necesito escribirlo.

Hace veinte años, en el verano del año dos mil, mientras estaba de viaje con dos amigos en la selva, tuve una serie de premoniciones, después de haber pasado por una extraña visión alterada de la realidad cuando ingerimos un cactus proveniente del desierto mexicano.

Pero según la trama de aquellas visiones para que lo que estaba viendo tuviera lugar, primero sucederían una serie de eventos.

Por alguna razón aquello que vi, me marcó de por vida, pues no pasa un día sin que me acuerde de ello. No sé, como si quisiera o tuviera que encontrar una explicación.

¿Por qué?

Pues porque muchas de las cosas que vi o sentí esa noche. Han sucedido. Por ejemplo la que te conté sobre el castillo de Angers.

Bueno, sé que todo eso no tendría importancia para nadie, excepto para mí que la recordaba como una anécdota adolecente increíble.  Hasta hoy.

Yo había ido a dormir a mi hijo y me quedé dormido con él en su cama mientras le leía una historia. Pero por algún motivo fui consciente que estaba durmiendo. Como un sueño lúcido, solo que en mi sueño, estaba acostado en la cama con mi hijo, es decir, casi exactamente como en la realidad. Entonces levanté mi brazo izquierdo y trace una línea con mi dedo índice en el aire de unos quince centímetros. Fue como si hubiera cortado el sueño, y de esa grieta surgiera la imagen de otro sueño que estaba detrás. Era la imagen de una selva espesa. Y de pronto fui consciente que Brazo tenía la llave para entrar al mundo de los sueños.

El teléfono sonó y me desperté del sueño, me levanté de la cama tratando de no despertar a mi hijo. Me llamaba Álvaro, miré el reloj y con el cambio de horario serían las nueve de la mañana en México. Álvaro nunca me había hablado por teléfono antes.

Unas horas antes Edson me había enviado una selfie en la que estaba con Álvaro en la laguna de Bacalar en México tomándose unas cervezas.  Al parecer ambos estaban vijando por el sur en las motos.

¡Bueno!

Hola Ro. Me dijo Álvaro con una voz tranquila y pausada.  Disculpa amigo pero tengo algo que decirte. Espero que estés sentado y que si estas con tu familia los abraces fuerte. Noté en su tono la seguridad poco habitual, incluso, solemne.

Silencio, No pude responder nada, porque sabía lo que me iba a decir.

Ro, te hablo porque mi primo se nos adelantó.

Silencio. No, no es verdad, ¿Es una broma verdad? Le respondí más por la inercia de decir algo. Ya que sabía que me estaba diciendo la verdad.

No amigo, Edson acaba de fallecer. Veníamos conduciendo en una carretera cerca de Palenque Chiapas y se salió de una curva.

Sé que es difícil, tú eras su hermano, por eso te marco.  

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