La enredadera

No habría pasado ni un mes de lo sucedido con el árbol.

Cuando una noche escuché un estruendo aún mayor, seguido por un ligero temblor de tierra.

Corrí hacia la ventana. Mi padre salió de su recámara con mi mamá y vimos desde la ventana, como la planta enredadera que cubría más de la mitad de la fachada de la casa.

Ahora estaba esparcida y rota en mil pedazos por todo el jardín y que había deformado con su peso incluso la barda.

Fueron necesarios varios días de trabajo para cortar y sacar los escombros de la que había sido una majestuosa presencia.

¿Cómo es posible? Me preguntaba.

Porqué al morir mi abuelo, estas dos grandes figuras que custodiaban su casa, habían sucumbido. ¿Por qué? ¿Por qué tan cerca de su muerte y no en otro momento?

¿Es que ellas también sentían la ausencia de mi abuelo? ¿O era su presencia la que mantenía en pie su casa?

Hay niño, ¿Cuánto se lleva uno cuando muere? Recordé las palabras que Gume me había mencionado unos días antes.

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