La dualidad

Entonces la espiral que estaba en la esquina superior derecha comenzó a disminuir su giro. Y como si fuera una ola expansiva todas las que estaban a su alrededor lo hicieron hasta que todas giraban lentamente.

De la misma manera, la misma espiral comenzó a girar sobre su eje a mayor velocidad de rotación y como si fuera una piedra que cae sobre el agua, las demás comenzaron a aumentar su rotación.

Una de estas espirales se salió de su encuadre y como si fuera una proyección en 3d, se acercó hasta situarse a unos centímetros de mi punto de vista.  Esta espiral comenzó a girar más y más rápido. Tan rápido que no distinguía las comisuras de su forma espiral, y sin disminuir su impulso en un instante. Aquella forma se encendió. Convirtiéndose en un copo de luz. Una luz única, como nunca la había visto. Irradiaba todo cuento tenía frente a mí, y ese copo de luz parecía ya no se una espiral, sino que había transmutado en una nueva sustancia.

Sentí que abrí la boca, aunque no podía verme a mí mismo.  

Otra espiral que se encontraba detrás se acercó hasta colocarse de lado izquierdo del punto de luz. La espiral octagonal giraba lentamente era irradiado por la luz que desprendía su compañera.

La dualidad. Dijo la voz.

Ambos elementos parecían ser inseparables.

Fijé mi atención en esta dualidad y observé que había como unas delgadísimas líneas de luz azul y roja que los circundaban, como si uniera un magnetismo provocado por el movimiento de ambas a la luz y a la espiral.

¿Qué es lo que los une? Pregunté.

Lo que los une es el amor. Respondió la voz.

En ese momento, ambas volvieron a la pantalla, y al entrar el copo de luz, todas las espirales que giraban a su alrededor se transformaron en luz, cegándome por completo.

Pensé que sería el final. Y pregunté. ¿Qué debo hacer?

Haz lo que tengas que hacer. Dijo la voz.

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