La bola de fuego

Frente a la tienda en Atitalaquia había habido una trifulca entre dos personas. Uno era ese fulano, ¿Cómo se llama? El que había matado a tu tío Martín por la espalda.

Ese fue Juan Obregón, y el otro no me acuerdo como se llamaba, el caso es que tuvieron ahí un pleito enfrente de la casa donde nosotros vivíamos.

Ahí casi llegando a la esquina se pelearon, Juan Corona se llamaba el otro muchacho, y se había caído al suelo después de que el otro le diera un cachazo en la cabeza.

En eso estaban cuando otro señor que le decían el Negro, y que no tenía nada que ver en el pleito, fue y sacó del molino de nixtamal el brazo de fierro del molino. ¡Imagínate hijito! de dos golpes lo mató al fulano. Hay no, muy feo.

Y bueno, pues que ya recogieron a la persona, y paso el tiempo. Y un día ya habíamos cerrado la tienda y todo y se me olvidó llevarle a tu abuelo su Tehuacán.

Y despertó en la madrugada y me dijo. ¿Y mi Tehuacán? Uy se me olvidó.

Y me dijo. Pues para que no se te ande olvidando me lo vas a ir a traer a la tienda.

Si, le dije, voy a hablarle a José para que me acompañe. Eran como las cuatro de la mañana. Y Me dice. No, vas tu sola. Para que otro día te acuerdes de traerte el Tehuacán.

Entonces me vestí y cogí las llaves de la tienda y me salí.

Iba yo caminando. Yo nunca he sido miedosa hijo, y ahí iba yo caminando cuando exactamente donde mataron al muchacho, salió una bola de fuego de este tamaño hijo, te lo juro por mi madre que está bajo tierra.  

La bola de fuego atravesó todo lo que era la calle y se metió al molino, de donde sacaron el fierro. Me pasó por los pies, así echando chispas la bola de fuego y se metió al molino. Yo ya nomás dije ¡Ave María Purísima! Y seguí caminando por el Tehuacán de tu abuelo.

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