Haidé

Tomé de nuevo mi mochila y caminé hasta la estación de autobuses. Ahí tome otro autobús hacia Querétaro.

Llegué a la casita del terror al atardecer, no había nadie, la casa estaba totalmente sola, y la humedad se sentía más que nunca en las altas paredes descarapeladas de la casa.

Llamé a Daniela y al cabo de un rato, ella, Miguel, Ernesto, y Miros llegaron a la casa. Me explicaron el contexto. Estaban tan tristes que ni siquiera podían enlazar bien las palabras.

El cuerpo lo habían trasladado directamente al rancho de su familia en Nopala en donde se había llevado a cabo la primera misa, al parecer todo había pasado muy deprisa. Y ya habían enterrado a Nacho Mágico. Yo estaba aún en shock, no podía creerlo. No podía. Lo único que alcancé a formular fue un. ¿Alguien le avisó a Haidé?

Todos movieron la cabeza y poco a poco se marcharon de la casa. Como si no quisieran estar ahí.

Más tarde, salí de la casa y le marqué de un teléfono público a la casa de Haidé.

-Cuin, tienes que venir.

-¿Por qué Cuin? ¿Qué pasa?

-Ven a la casita aquí te explico.

-Ok, ahorita voy.

Haidé llegó a eso de las nueve de la noche, yo la estaba esperando en la banqueta de la casa, no quería estar solo dentro de la casa. A veces miraba al final de la calle, y creía escuchar el rechinido de los frenos de la bicicleta de mi amigo. Aunque su bicicleta estaba en el fondo de la casa, en donde la había dejado antes de irse a Nexpa.

-Hola Cuin ¿Qué pasó? Me dijo Haidé al llegar. Ven vamos a dentro le dije.

Esa noche la pasamos en vela sin poder entender lo que sucedía, solo el casete de “the big blue” que daba vueltas y vueltas hasta que la última vela que habíamos encendido se apagó.

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