¿Escucharon en la madrugada los lamentos de tu abuelito?

Bueno pues, cuando entramos a su cuarto a las tres de la mañana. Tu papá lo ayudó a sentarse en la cama y yo corrí un poquito la cortina para que entrara la luz del patio. Y que me dice.

Sonia, ¿Cuántas veces les he dicho que no me gusta que entre la perrita a la casa? Y que me le quedo viendo a tu papá. Mi hermano se tapó la boca. Y mi hermana soltó el tenedor sobre el plato. Les he dicho que cierren bien la puerta de la cocina antes de dormirse. Nos dijo tu abuelito. Pero Don Ricardo, estaba cerrada. No, no, no.  Clarito escuche como la perrita la abrió poco a poco y luego se vino directo a mi cuarto. Ya sabe cómo es la Camila. Esa perrita traviesa. Estaba llena de lodo, se me subió a la cama y luego se puso a jugar con la ropa. Mire nada más como dejó el cuarto. Y tu papá le dice. ¿Y a dónde se fue? Esta debajo de la cama, ¿No la escuchan? Tu papá me miró y salió del cuarto para llamar a la Camila. Hasta que tu abuelo suspiro y cerró la puerta, luego se fue hasta la cocina e hizo lo mismo. ¿Y luego? Pregunto Gaby. Le dijimos que no se preocupara y que íbamos a cerrar bien la puerta. Mi humana se puso de pie y se fue al baño a limpiarse las lágrimas. Y mi hermano le dijo a mi mamá. ¿Y no le dijeron que a la Camila la habían atropellado ayer? Mi madre negó mientras daba un sorbo a su café con leche.

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