¿En dónde está la niña?

Conversaciónes con mi abuela. Guadalajara Jalisco 2012

Y me dijo: ¿Qué anda haciendo aquí niña Sonia? ¡Váyase a su casa! Y le dije, vengo a ver a Raquel. ¿A quién? Me dice. A Raquel, la señorita que vive aquí.

No niñita, aquí no vive nadie, este departamento está vacío desde hace mucho tiempo. 

Te lo juro m’hijo, así fué, mira, cuando yo tenía como nueve años vivía con mis papás en una vecindad del estilo de las películas de Pedro infante, de esas que tienen una escalera en medio.

Y yo me acuerdo que llegué a la puerta de una de los departamentos, y en la puerta había una muchacha que se llamaba Raquel.

Era una muchacha alta, delgada, con el pelo hasta los hombros, con su vista muy penetrante, negros, negros sus ojos.

Según ella cosía vestidos de muñecas. Yo no sé si los vendía o que hacía con ellos. Y ella me decía que me iba a enseñar a coser.

Para esto, a esta muchacha le faltaba una mano y se ponía un manguito para taparse el muñón de la mano izquierda.

Según vivía con su mamá. Yo nunca le vi la cara a su mamá, nunca.

Solo me acuerdo que era una señora que se vestía totalmente de gris y se tapaba siempre con un chal la cara.

Apenas yo llegaba de la escuela y me decía mi mamá, te llamó Raquel. !Uy¡ M’hijo, Yo subía pero volada. Risas,

Mi mamá la conocía porque se paraba en la punta del barandal de la vecindad y me gritaba.

Mi mamá se asomaba y le decía. No ha llegado de la escuela, ahorita que venga le digo.

Y bueno, yo llegando, subía y disque cocía. Porque ni cocía nada, !Que va¡

Pero bueno, con decirte que Raquel nunca me daba la cara hijo, siempre estaba de espalda.

Ella tenía en el cuarto de planchado un montón de telitas, tenía tijeras, agujitas, hilos de todos los colores. Yo creo que su mamá los vendía, porque vivíamos muy cerca del mercado.

Me decía, mira tengo este otro vestido, y me lo daba. Luego yo le decía, luego vengo y me bajaba a mi casa.  Y un día llegué de la escuela y le dije a mi mamá.

Oye mamá. No me ha hablado Raquel, le digo.

Me dijo, no, no te ha llamado para nada. Pero ya era tardecito. Y le dije ahorita vengo.

Y me dijo, ya no subas, ya es muy tarde, ya vas a merendar.

Y ni le hice caso, subí corriendo las escaleras, Raquel, Raquel la llamé. Estaba entre abierta la vidriera, y le dije Raquel. Y no me respondió y me metí.  

Y haz de cuenta que alguien cerró la puerta y voltee de momento para ver quién la había cerrado.

Y mira m’hijito, te lo juro. De arriba abajo se me apareció la imagen de la Virgen del Sagrado Corazón. ¡Madre mía! Hasta el corazoncito del niño del sagrado parecía que estuviera palpitando, te juro. Clarita, clarita se veía la Virgen del Santísimo.

Entoncés voltee a la pared para ver si se reflejaba algo, pero estaba oscuro hijo, no había nada en la pared. Y volví a voltear y ya no estaba. Abrí la puerta y me fui a mi casa corriendo.

Mi mamá ya me estaba esperando para cenar y yo estaba temblando pero no le dije nada.

Total que me dormí y al otro día le digo a mi mamá.

Voy a ver a Raquel, y me dijo ella, espérate ahorita vas.

No le hice caso y me subí las escaleras. Entoncés me encontré a la portera por los barandales.

Y me dijo, que andas haciendo aquí niña Sonia, váyase a su casa. Y le dije, vengo a ver a Raquel. ¿A quién? Me dice. A Raquel, la señorita que vive aquí. No niñita, aquí no vive nadie, este departamento está vacío desde hace mucho tiempo. 

Hay hijo, vete a saber porque, ¿Quién era esa Raquel? Qué tal que era el enemigo. !Bendito Dios que no me quedé ahí¡ Pero mira,  la virgencita hermosa, hermosa, a lo mejor me estaba protegiendo. Estaba igualita a la imagen. Como la que tienen ustedes en el oratorio de la casa de Tula.

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