El sueño en Zipolite

Yo me regresé temprano para dormir en mi hamaca, pasadita la media noche. Ese día había visto delfines cerca de la playa. No sé, necesitaba estar tranquilo.

Recuerdo perfectamente el sueño, primero sentí que caía en el vacío, y después despertaba en la casa de Tula. Recuerdo que salí al pasillo de la casa y veía al fondo a mi abuela. Ella estaba de espaldas hacia mí y caminaba lentamente, se detuvo y cayó de costado.

Intenté acercarme para levantarla y vi que de su cuerpo tendido se erguía una silueta espectral, hasta que su imagen fantasmagórica se alzó completamente a un costado de su cuerpo tendido. Tenía la cabeza agachada y un halo rojo la rodeaba.

En su mano derecha sostenía unas tijeras largas, yo me detuve en seco al ver esta imagen, y de pronto ella levantó la vista mirándome de frente, sus ojos eran blancos y su semblante agresivo y en un momento, este espectro avanzó velozmente hacia donde yo estaba levantando las tijeras.

En ese momento me desperté y pensé que algo le había pasado a mi abuela que estaba en Guadalajara. Esperé a que abriera la palapa, y le pedí a la señora el teléfono.

Me contestó mi madre. -Hay hijito, ojalá puedas venir lo más pronto que puedas. No, no te quiero decir por teléfono. –Me dijo.

Colgué, recogí mis cosas y tomé el primer camión a Pochutla, y ahí esperé el autobús que salía en la noche hacia Oaxaca.

Fue muy extraño, yo por supuesto no podía dormir y tenía este nudo en la garganta de no saber qué era lo que había pasado con mi abuela, pues el sueño había sido muy real.

 Entre curva y curva algún punto de la sierra de Oaxaca en la madrugada, abrí la ventanilla porque había mucho calor y claramente vi a una familia alumbrada por los faros del autobús que caminaban a la orilla de la carretera. Pensé que el autobús iba a parar para recogerlos, pero no se detuvo y continúo lentamente su empinado camino. La imagen de una familia caminando a esas horas por la carretera me inquietó y seguí a sus miembros con la mirada. Pero te juro que nunca me había pasado, cuando el camión pasó a su lado yo los vi tan cerca que de haber querido los pude haber tocado, pero en ese momento se fueron desvaneciendo hasta desaparecer.

Eso me paso de nuevo en otra curva a unos kilómetros más adelante, pero ahora con un par de personas que parecían campesinos. Los ví iluminados por la luz del autobús, le hicieron la parada, el autobús no se detuvo, y cuando estuve a su lado las dos figuras desaparecieron en la noche.

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