El filtro de la dualidad

Esa noche no soñé, pero cuando salimos de casa de Daniela al día siguiente, fue como si tuviera un filtro en los ojos a través del cual veía todo diferente, mucho más brillante y definido. Tenía puesto el filtro de la dualidad. De alguna manera sentía que podía comprender mi entorno. Casi no tenía dialogo interno, pero cuando enfocaba mi atención podía “entender” lo que estaba viendo.

No sentía éxtasis, sino más bien una sensación de tranquilidad infinita, no un valemadrismo, sino como si todo hubiera perdido la importancia que tenía antes, incluso mi propio yo.

Estaba ahí mismo, mi mente no divagaba, estaba ahí, ¿Me entiendes cómo?

Y de vez en cuando volvían estas imágenes como un flash.  Las espirales girando mucho más deprisa hasta convertirse en un copo de luz. –El bien y el mal no existen, solo el movimiento. Era tan lógico, sentí que estaba viendo el principio fundamental del universo.

Había sin duda tenido un viaje distinto al anterior, este viaje fue una visión sobre la naturaleza de la realidad.

Y de pronto otro flash, en mi propio brazo veía como la luz del sol se fundía en mi piel, y como los copos de luz se convertían en la materia compuesta por las espirales, cada una giraba a una velocidad distinta y esa particularidad creaba el color, tono, contraste. Todo esto mientras Daniela manejaba su coche rumbo a la casita.   

La espiral más pequeña al enfocarla, surge, “se acerca” a mi punto de percepción y se vuelve la espiral más grande en un solo giro. Esto lo cambia todo sabes, todo. Con esta simple imagen podía sentir que cualquier cosa era posible, es decir, podía partir de un punto minúsculo como una idea y al cabo de un giro, del tiempo, convertirse en una manifestación. No sé si me explico, pero sentí en ese momento que si enfocaba mi atención lo suficiente, podía conectar con cualquier persona en el mundo. Cualquiera, solo bastaba tener el enfoque y el punto de percepción adecuado, me entiendes.  Sé que parece una locura, y lo es, pero este viaje me hizo entender de una manera simple el acceso. ¿Acceso a qué? A todo. A cualquier cosa.

Exacto, ahí estaba el truco, el devenir, el divagar. Ese estado aparentemente es como la nada, es el no enfoque, la no existencia. Pero al momento de decir, Yo soy. En ese instante la consciencia sale de este filtro de la dualidad y convierte el entretejido espiral en la realidad. ¡Que locura! Lo sé, pero así lo vi.

Este entre tejido espiral no es otra cosa que movimiento, es el movimiento, ¿Te das cuenta? Todo se mueve, todo absolutamente todo, y es la velocidad de cada giro lo que le da la textura que podemos sentir, percibir.

Y luego la eternidad, cuando me lo digo aquella voz, -Siempre eres, siempre eres una espiral.  Lo mismo que había sentido cuando murió mi abuelo, ese extrañísimo olor que ascendió y me impedía respirar, ¿Te acuerdas que te lo conté? Bueno, pues es lo mismo, nunca dejamos de existir, nunca, siempre somos una, siempre soy una. Y tú también, y todo y todo. En algún punto las espirales que conforman mi cuerpo, o que percibo como mi cuerpo se disolverán en esta realidad, pero en el tejido espira, mi consciencia, mi yo soy, siempre existirá. Está ahí, ahí mero radica todo el asunto, en la esencia misma, el movimiento, pero sobre todo en el darte cuenta que eres y que de alguna manera te estas moviendo. ¿Cómo un sueño? Exacto, es como si la realidad fuera solo una sombra, sabes, como un velo que percibimos, y el tejido espiral estuviera siempre detrás y fuera su proyección creada por la luz la que forma esta pantalla. ¡Claro¡ como si la realidad fuera la sombra de los sueños.

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