El encuentro con la Dualidad

Roy, Roy, no, espérate. Wey. Hubieras visto. Este compa que nos limpió el parabrisas. Lo hubieras visto. Desplegó de una manera la espuma sobre el cristal que junto con la música que me puso el Edson.

Roy, Roy. No, es que no me entiendes, mi Roy.

Entraron a «la casita del terror», Nacho Mágico y Edson quien puso en la mesa de la sala un bote lleno de galletas de chocolate, y se sentó pesadamente en el sillón azul con una sonrisa tan amplia como su postura.

Roy, Roy ¿Dónde está panchita?

No sé, aún no llega.

¡Panchita, panchita! Empezó a cantar Nacho Mágico

Roy, tienes que probar las galletas.

Nacho Pilas, caminó hasta el fondo de la casa, trajo dos caguamas y las destapó.

Nacho Mágico nos volvió a contarnos su experiencia con el limpiaparabrisas mientras Nacho Pilas y yo probamos las galletas.

Edson se me quedaba viendo riendo. No podía no hablar. Pero puso la misma expresión que cuando teníamos diez años y estaba a punto de hacer una travesura.

Cuando me terminé la galleta solo me hizo la seña con sus manos. Como diciendo, ¡híjole la que te espera!

De pronto me comencé a sentir extraño. Ellos sabían que no fumaba porque volaba muy rápido, desde aquella vez en la selva de Xilitla.

¿Qué le pusieron a las galletas? Dije.

Edson rió a carcajadas con la caguama en mano.

Están buenas. Dijo Nacho Pilas.

Roy, Roy, dame un abrazo. Mira es que no entiendes, te tienes que relajar mi Roy. Me decía Nacho Mágico, y como era su costumbre comenzó a hacer palmas y cantar flamenco.

Se escuchó la puerta de la casa.

¡Panchita!

¡Hay Gasho! Que hacen aquí. Que gusto. Nachito. ¡Hay Edson! ¿Y esa pose sangrón?   Dijo Daniela.

Aquí tranquilo Güera, te estábamos esperando, les trajimos un regalito.

¡No! Le grité. Si vas a manejar a tu casa, mejor que no comas galletas.

¿Pero para que se va? Mejor que se quede aquí. Dijo Edson ¿A poco no carnal? Dijo mirando a Nacho Pilas.

El otro parecía monstro come galletas.

Edson soltó otra carcajada.

Yo me empecé a marear. No me sentía muy bien.

Rojo. Me dijo Daniela. Voy a ir por un juego de mesa a casa de un amigo, ahorita vengo.

Voy contigo, porfa, necesito salir.

Pues órale vámonos.

Weyes, ahorita vengo, no vayan a quemar la casa. Porfa.

Edson se río de nuevo. No te vayas carnal, se va a poner bueno. Me dijo.

Pilas, ahí te encargo. Le dije. Pero el Nacho Pilas ya estaba en otro lugar.

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