El duraznero

Era un día nublado, la casa estaba triste a una semana de la muerte de mi abuelo.

Como de costumbre estábamos desayunando en la casa, más en silencio que en paz.

Cuando escuchamos un tremendo ruido que provenía del jardín.

Nos asomamos por la ventana de la cocina.

Mi padre abrió la puerta y vimos con asombro como el duraznero que llevaba décadas de pie dando sombra al patio de la casa, se había caído.

El Gume que había trabajado para mi abuelo por incontables años, llegó rápidamente.

Permanecimos un momento sin hablar.

Aquel hermoso árbol, en el que tanto habíamos jugado. Al que pusimos unas tablas en lo alto para sentarnos mis hermanos y yo. Al que le habíamos puesto un letrero anunciando que vendíamos paletas congeladas.

El mismo al que podíamos trepar con ojos vendados, pues había estado siempre ahí.

Hay niño, me dijo Gume quitándose el sobrero. ¿Cuánto se lleva uno cuando muere?

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