El bien y el mal no existen, solo el movimiento.

Vi a una persona que estaba parada en el paso peatonal. Daniela frenó y le dio el paso. La persona avanzó le alzó la mano en agradecimiento. De pronto las espirales que componían la imagen que yo veía de Daniela y las de la persona. Comenzaron a girar con más velocidad que las demás que componían la escena, y por algún momento me pareció más clara la imagen que tenía de ellos, más radiante.

Pero de pronto un automóvil nos rebaso a gran velocidad y pitando al peatón para que se quitara.  Y curiosamente pude ver como las espirales que componían la figura del automóvil y sus ocupantes, giraban muy lentamente. Casi no se movían.

¿Qué es esto? Pensé.

El bien y el mal no existen, lo único que existe es el movimiento. Escuche decir a la voz.

Rojo, ¿Cómo te sientes? Me preguntó Daniela.

Negué con la cabeza. Siento que me voy a morir. Le dije. Por favor llévame al hospital.

¿En serio?

Si por favor. Le dije. En realidad estaba muerto de miedo.

Daniela me llevó a la cruz roja, y tan pronto bajamos nos hicieron esperar un poco en la sala. Al fondo estaban interviniendo a una persona sobre una camilla.

El efecto sobre mi miedo fue aún peor. Mire a Daniela y le dije. Perdón, pero creo que mejor nos vamos, ya me empiezo a sentir mejor. Lo cual era mentira. En ese punto mi campo visual estaba ya dominado totalmente por las espirales.

Al entrar al auto, ya no podía ver la realidad, lo único que veía era un cuadro como si estuviera frente a una pantalla de cine. Y en el cuadro solo se proyectaban miles de espirales en movimiento, estas espirales habían adquirido un tono rosado.

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