El autobus a Tula

-Hijo, ya decidí que me voy a presentar como candidato a diputado local para el distrito de Tula. Me dijo mi papá por teléfono

-¿Otra vez Pa?

-Sí, pero esta si la voy a ganar, vas a ver ahora los del partido decidieron apoyarme. Es que no puede ser que el gobernador quiera meternos como candidato en Tula a alguien de su confianza para seguir haciendo y deshaciendo.

-Pero acuérdate como te fue en la anterior. Le dije. Y me acordé de cuando era niño y vi mi tía Martha salir de la habitación de mis papás con un manojo de flores negras y marchitas en la mano y una bola de papel periódico en la otra con un líquido verdoso. Mi mamá no nos dejaba entrar al cuarto a ver a mi papá y no sabíamos lo que tenía. En una ocasión espié la conversación entre el doctor Oscar y mi mamá en la cocina.

-Hay Sony, mi compadre está muy mal, yo creo que tienen que ir preparando a los niños.

-Hay compadrito, y si le pido a mi hermana Martha que le venga a hacer una limpia.

-Pues mira Sony, yo no creo en eso, pero en las condiciones en las que está, hay que intentar cualquier cosa. Acabo de recibir sus resultados, y no creo ni siquiera que nos lo admitan en el hospital.

Me acuerdo que mi tía había pasado varios días en la casa con nosotros, y día y noche metían flores en su cuarto y no se cuanta cosa, y las sacaban negras, las llevaban al fondo del terreno para quemarlas. Y poco a poco comenzó a recuperarse. Según mi tía Martha en una de las comidas mientras estaba en campaña le habían dado a comer carne de muerto.

Después escuche al Doctor Oscar que le decía a mi papá en una de sus visitas.

-Hay compadre, ahora sí que casi no la libras. Sabes que yo no creo, pero la verdad, no me explico que fue lo que pasó. Todos tus síntomas eran como si tuvieras sida en una fase terminal. Y ahora parece que tu enfermedad se desvanece. No sé si fue brujería o no, como dice tu cuñada pero casi te nos vas.

Volvía a la llamada por teléfono con mi Papá. Y le dije que lo que podía hacer es organizar un evento musical con mis amigos en Tula, podíamos llevar a Abigaíl que estaba estudiando ciencias políticas y era muy buena oradora como presentadora y armar en el teatro al aire libre de Tula, una especie de concurso de talento para atraer al público y enmarcar su discurso.

La idea pegó, mi papá me envió un poco de dinero para rentar un autobús y en poco tiempo nos pusimos de acuerdo para ir un sábado a Tula. El son de Enrique Ocaña y sus músicos de Son de arena en donde tocaba Miguel; Nacho Mágico y su grupo de flamenco, Darío un cantautor de San Luis Potosí también se unió, dos trovadores más que tocaban en el bar Cuadros y también Haidé y Paulina iban a presentarse.

Además de todos los que se nos unieron para ir a Tula en el autobús lleno de cerveza. Miroslava, Daniela, Atu, Nacho Pilas, Sayuri,  Abigail, Fernando y su novia.

Llegamos justo a tiempo y comenzó el espectáculo. El teatro al aire libre de Tula esta justo frente al jardín principal, y los fines de semana la gente salía a pasear, así que de entrada con la presentación que hizo Abigail, congregamos a no pocas personas. Y poco a poco fueron apareciendo en escena los músicos, unos eras mis amigos y otros eran músicos de la región que habían aceptado la convocatoria.  El pequeño festival cultural desde nuestro punto de vista había sido un éxito.

De ahí nos subimos todos al autobús en dirección a la casa de Tula. Mi abuela materna había venido de visita desde Guadalajara y la casa estaba llena, familia y amigos.

En algún punto de la noche, nos salimos todos al patio de la casa y organizamos una batucada con los tambos y las piezas de coches usados que había atrás.

Resultó que mi abuela y mi mamá conocían a la familia de Nacho mágico.

-¿Entonces tu eres hijo de Arnulfo? Le preguntó mi mamá a Nacho Mágico mientras este les hacía preguntas sobre la manera en como estaban preparando la comida mi abuela y mi mamá.

-Hay hija, si se parece a su papá. Le dijo mi abuela a mi mamá.

-Uy mamá te acuerdas cuando nos escapábamos la Rosy y yo y nos íbamos en tren a la fiesta de Nopala con los charros.

-Hay hijita, ni me acuerdes, tu abuelo se ponía pero enojado, enojado, hasta se le estiraban los bigotes.

-Hay hijo –le dijo mi mamá a Nacho Mágico. Como nos encantaba irnos a la fiesta de Nopala, ahí nos quedábamos con la tía Rosita, pero todo el día nos la pasábamos en la charreada. Y déjame decirte que todas las muchachas íbamos a la fiesta por ver a tu papá.

-¡Hay hija que bárbara!

-¡Hay mamá! Es que el papá de Nachito estaba muy guapo. Y Nachito se parece mucho a él, tienen los mismos ojos.

Ya a media noche nos regresamos en el autobús, mi mamá le había preparado un itacate al chofer que se había sentado a comer toda la tarde con nosotros, no habló pues siempre lo vi con la boca llena, pero si escuchaba con atención y reía con frecuencia.

La mayoría dormía, y yo entes de unirme, alcané a ver como Nacho Mágico y Haidé que se habían sentado uno a lado del otro y comenzaban a besarse.

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