15. Visiones premonitorias

Estábamos acostados en medio de la noche dentro del castillo surrealista de Edward Jemes. Yo trataba de dormir, pero miles de imágenes cruzaban mi cabeza. De pronto tuve la sensación de entrar en un túnel. Poco a poco pude ver que se trataba de una especie de laberinto bordeado por arbustos de gran tamaño. La imagen se volvió cada vez más nítida, estaba consciente de que estaba acostado en el tejaban, pero al mismo tiempo las imágenes parecían igual de reales. Entonces después de recorrer aquel pasillo rodeado de arbustos, llegué hasta un espacio abierto y oscuro.

Entonces cuando tuve la sensación de haber salido, frente a mí, se alzó de nuevo otro laberinto más grande, recuerdo que corría entre ramas y en la oscuridad grisácea tratando de hallar la salida. Cuando por fin lo conseguí un tercer laberinto surgió del fango. Esta vez me costó aún más trabajo porque parecía un interminable  camino de lodo y arena que se hundía.

Y cuando sentí que había salido de aquel tercer laberinto escuché una voz que dijo.

Has pasado la prueba y este es el primer mensaje.

Entonces vi a la tierra desde el espacio. Podía ver claramente como nuestro planeta giraba sobre su eje como una enorme bola azul. Al poco surgió detrás de ella, la Luna. La imagen era tan real y clara que podía ver cada detalle, los continentes, los océanos, las nubes. Ha sido sin duda una de las imágenes más hermosas que jamás haya visto.

Entonces poco a poco siguiendo comenzaron a aparecer en mi campo de visión, los planetas. Se podían ver como continuaban su habitual trayectoria, pero que al mismo tiempo parecían estar alineados. Marte, después Jupiter, Saturno, Neptuno, Urano, Plutón.  Esta visión era majestuosa. Entonces escuché la voz sutil apenas perceptible que me dijo. La alineación planetaria.

De pronto esa visión desapareció y dejó lugar a una caótica escena, fugaz y rápida que contrastó con la pasividad de la anterior. En esta visión estaba mi amigo Edson dentro de un avión, de pronto el avión se desplomaba y caía al vacío con mi amigo en el interior.

Quise despertar pero no pude, y traté de gritar o moverme para no permitir lo que estaba viendo. Entonces una voz gruesa e inquietante dijo. ¡Tiene que morir!

No. Grité con todas mis fuerzas. Mi grito traspaso el umbral del sueño y me incorporé de un salto. Al instante que escuchaba la voz fuera de mi sueño, en la realidad de la noche que gruñó. ¡Tienen que caer! En ese instante, algo golpeo con fuerza el techo de lámina que nos protegía.

Mis amigos brincaron del susto. ¿Qué fue eso?

Ro, tranquilo, solo fue una rama que calló sobre el tejaban.  Me dijo Natacha viendo mi estado.

Pero lo vi caer. Le dije a Natacha. No Ro, tuviste una pesadilla. Nada más. Tranquilo.

Poco a poco recobré un poco en sentido, y bebí agua de la botella. Me acosté de nuevo. Ella comenzó a tararear alguna melodía que me sumergió de inmediato en un sueño profundo.

Esta vez mi punto de vista se ubicó en la misma posición de antes. Estaba viendo la tierra desde el espacio a mi extrema izquierda y en el horizonte veía a los planetas alineados. 

Esta vez sin embargo escuché una melodía profunda que surgía de nuestro planeta. Y de pronto las nubes se comenzaron a salir de la órbita terrestre y formando una estela que se movía plácidamente, parecía como si la tierra tuviera una cabellera larga que flotaba en el espacio, cuando fui consciente de eso, la tierra rotó y se transformó en el perfil de una mujer. Su rostro variaba ligeramente y me pareció que contenía la escencia misma de la feminidad.

Es tiempo de su retorno. Me dijo aquel inmenso rostro planetario,  con una voz tierna.

En ese momento mi campo de visión o punto de vista, giró en dirección contraria a la tierra, y en medio del espacio vi un punto de luz que se volvía más brillante a cada segundo.

Es el tiempo de su retorno. Volví a escuchar aquella melodiosa voz.

Aquel punto de luz, se acercaba a gran velocidad hacia la tierra.  Entonces mi visión se desplazó y se instaló por encima del objeto mientras avanzaba.

Era una cápsula plateada en forma de huevo alargado. De lo que supuso mediría unos cinco metros de largo por unos dos metros de ancho. Pude ver con detenimiento como en la parte superior aquel capullo plateado era transparente y pude ver la figura de un hombre acostado con los brazos cruzados sobre el pecho con los ojos cerrados. Tenía la barba y el cabello largo hasta los hombros, vestía totalmente de blanco. Sus pies estaban ocultos a mi vista por la nave. Y vi cómo se dirigía rápidamente hacia la tierra que lo aguardaba con su expresión.

Abrí los ojos y me incorporé sobre mi sleeping. Mientras lo hacía vi de reojo que Nacho se incorporaba al mismo instante.

¿Lo viste? Le pregunté susurrando efusivamente tratando de no despertar a Natacha que estaba dormida entre los dos.

Nacho asintió. Fue como si hubiéramos estado conectados viendo la misma alucinación en el sueño. Los dos estábamos muy asombrados, pero la pesadez fue más fuerte y nos volvimos a recostar.

En la visión que tuve al cerrar de nuevo los ojos, fue una imagen en la que Natacha y Nacho y yo recorríamos un desierto montados en tres caballos.

Tienen que estar juntos para recibirlo en su retorno. Me dijo la misma voz femenina que había escuchado en la visión anterior.

La imagen se difuminó y solo percibí la oscuridad. Una plácida oscuridad que llegaba después de una intensa noche de vívidas visiones

Ya ha pasado todo. Me dijo la voz. Solo necesito algo de ti a cambio por lo que has visto.

Pero no poseo nada. Le dije.

Entonces con los ojos aún cerrados en el sueño, pensé, solo tengo mi collar de caracoles y jade.

Eso es suficiente. Respondió la voz.

Abrí los ojos, y sin levantarme del sleeping me quité el collar y lo puse sobre el piso junto a mí.

Descansa. Despertarás mañana a las siete en punto. Apenas alcancé a escuchar una voz que se diluían entre el murmullo de la lluvia al caer.

Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir ya era de mañana, miré mi reloj justo cuando el segundero caía en la casilla doce marcando las siete en punto.

Me levante con pesadez, Natacha no estaba y Nacho estaba preparando el café.

Nacho, por favor. Puedes tomar mi collar que está en el piso y arrojarlo al rio. Le dije a mi amigo.

¿Qué? Te volviste loco. Pero es tu collar, de jade, con las piedras, caracoles, son todos tus recuerdos de viaje.

¡Por favor! Le dije con el semblante fruncido.

Nacho lo tomó a regañadientes y se dirigió al caudal del rio que iba crecido por la lluvia, que no paró de caer en toda la noche.

Cuando lo arrojó el rio se apaciguó por un momento.

Nacho volvió caminando y me dijo abriendo la boca. ¿Escuchaste eso?

12. Mescalito

Por unos segundos escuché el golpe de cada una de las gotas al caer, el crujir de las ramas con el sobre peso de la lluvia, escuché como el río crecía, sentí, la humedad en el piso de piedra, el latido de mi corazón, el latido del corazón de Natacha, el de Nacho, y los percibía no como algo externo a mí, sino como si yo fuera parte de ellos.

Mis amigos se pusieron de pie y Natacha me tomó por las mejillas. Asistí.

Tienes que parar Rodraz. Escúchame. Es suficiente.

Los tres nos pusimos de nuevo alrededor de la vela. De pronto tuve la sensación que algo subía por mi piernas, un escalofrío me recorrio de punta a punta, y el sabor amargo que sentía en mi boca se volvió más intenso.

Un segundo después sentí un empujón que me sacó de mi cuerpo. En ese momento, mi punto de vista, es decir el lugar desde el cual observaba la situación. Ya no estaba en mis ojos, sino que ahora veía desde algun un punto localizado detrás de mi hombro derecho.

Observé a mis amigos, la mesa, las sillas, la vela, el cobertizo en donde nos encontrábamos, la lluvia, la noche, y también me vi a mi mismo de pie.

Una voz ronca y áspera salió de mi cuerpo gritando a mis amigos. ¿Qué creen que están haciendo? Dijo. Pero no era yo, no era mi voz, no había sido yo el que pronunció aquellas palabras.

¿Qué creen que es lo que hacen? Son unos idiotas, ustedes me mataron. Gruño la voz.

Entonces en un santiamén, pasaron frente a mi, todas las imágenes de nuestro viaje desde el desierto de Real de Catorce hasta Xilitla pero en sentido inverso. A gran velocidad, hasta que en mi alucinación, mi punto de vista, se posó sobre un matorral en el desierto de Catorce. Admiré en un total silencio el atardecer, las montañas al fondo del valle, el aire cálido y ligero. Y de un súbito cambio de dirección mi visión se enterró en el suelo arenoso.

Entoncés solo vi la oscuridad y tuve una sensación de calma. Fue cuando tuve la sensación que algo golpeaba el suelo en el que me había sumergido, eran pequeños golpes de tambor muy a lo lejos, uno tras otro y después de manera caótica. Entoncés supe que estaba lloviendo.

De pronto mi visión comenzó a moverse en la oscuridad, más y más hasta que una luz rojiza ganó terreno y de pronto sentí un impulso hacia la superficie. !Estaba creciendo¡ Como una planta, más precisamente como un peyote. Al salir a la superficie, senti el viento, la lluvia, el sol, y experimente una especie de orgasmo, que culminó en un florecimiento. Tuve una sensación exquisita de felicidad que me duró unos instantes, hasta que de pronto el frío sobrecogedor me atravezó por dentro y en un instante mi punto de vista se desprendió con un intenso dolor. Sentí cómo si me hubiesen cortado el cuello.

Son unos idiotas. Me gritó la voz de mescalito.

Volví en mi, respiré profundamente y frente a mi vi a mis amigos iluminados por la vela. Aparentemente lo que para mí había significado varias horas. En realidad habían sido solo unos segundos.

¿Que estás diciendo Ro? Me preguntó Natacha.

Es él. Es mescalito, está aquí. Les dije temblando de miedo. No soy yo el que habla, no soy yo, es él.

Tranquilo Ro. Tranquilo, estas alucinando.  Me dijo Natacha. Va a pasar pronto.

Entonces volví a perder el control de mi cuerpo, y una voz ronca que salió de mi boca le dijo a Natacha.

Tienes que cuidar de ellos esta noche. Fue la razón por la cual no quise que me encontraras.

Natacha da un paso atrás.

Nacho se acercó a mi, y me dijo. ¡Dámelo yo voy a cargar con esto! Me tomó del brazo con fuerza y en el momento me sentí aliviado. Nacho en cambio comenzó a sacudirse hasta caer al piso convulsionando. Me acerqué a él y lo tomé de los hombros.

No, yo debo de cargar con él. Dige resignado. Y sentí como aquella fuerza volvió a entrar en mi.

Nacho se arrodilla tratando de recobrar el aliento.

¿Qué es eso?

Es él, y ha despertado dentro de mí. Le dije.

Hace tres días comenzaron un ritual en el desierto, y lo tienen que terminar hoy, juntos. Dijo la voz con una entonación mucho más pausada.

Respiré hondo mientras volvía en mí.

Quiero que pare! Grité temblando de miedo.

Natacha se acercó y abrazó.

Tranquilo Ro, tranquilo. Todo va a estar bien. Me dijo.

Estuvimos así por un instante mientras ella tarareaba, como si me estuviera arrullando. No tengas miedo, es solo tu imaginación, anda, dime lo que estás viendo.

Diario de sueños,

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Rodraz Blog

En este diario escribo los sueños que tengo durante la noche y anoto algunos incidentes de sincronicidad o también si algunos de ellos son sueños lúcidos.

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