Choco y yo

Yo conocía a tu abuelo Choco porque un día llegó al consultorio de mi papá que era cirujano dentista militar. Y mi papá me llamó. Me dijo que lo ayudara porque el hombre no quería que lo inyectara. Le tenía miedo a las agujas, así que me dijo. Detenle la cabeza mientras le quito la muela. 

Yo era una chamaca, tenía quince años. Pero desde ese día, no sé porque me quedé enamorada de tu abuelo. ¡De veras hijo! Fue amor a primera vista del bueno.

Ya para entonces mi Papá no podía ver ni en pintura a Choco. ¡Uy no! Lo odiaba.

Y en esa época nada de salir de novios ni nada.

Y tu bisabuelo Ciro me dijo, ese hombre así y asado, este hombre te va a hacer sufrir, te va a hacer esto y eso.

Y mira, como si me hubiera leído las cartas. Pero yo estaba muy enamorada.  Así que yo me fui con él. Mi Papá nos mandó buscar hasta con el jefe de la policía militar de México que era Ismael Encina, te imaginas, pero para entonces mi suegro pesaba mucho en Atitalaquia, era político sin serlo.

Tanto que el tal Ismael terminó siendo muy amigo de don Adolfo.

¡Hay no! Bien dicen, pueblo chico infierno grande.

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