Primer sesión de respiración Holotrópica

Angers Francia 15 Enero 2022

Me coloqué la máscara negra en los ojos y los cerré. Al fondo escuchaba las palabras de Cathy que animaba el grupo, éramos tres personas recostadas sobre colchonetas en un salón.

Nos estaba induciendo en una meditación profunda y después de un par de minutos solamente nos animó a respirar profundamente y continuar haciéndolo sin pausas, cada vez más rápido y más profundo, sin parar. Una respiración cíclica y profunda, como la que harías después de correr un maratón. Mi corazón estaba a tope, no conté el número de respiraciones cíclicas, ni sé cuánto tiempo pasó. Pero después de un momento comencé a sentirme más ligero y un poco mareado.

La Doctora encargada de la sesión subió el volumen de la música al máximo, podía sentir las vibraciones de los cantos celtas en todo mi cuerpo.

Hasta que en algún momento sentí que estaba flotando, disminuí el ritmo de las respiraciones hasta hacerlo con normalidad.

-Estoy dentro -Pensé.

-¿Brazo estás aquí? –Dije en voz baja

Mientras estaba recostado, mis brazos se extendieron sin mi voluntad y comenzaron a moverse como dos listones al viento. Hasta que las ultimas gotas de control que mantenía sobre ellos desapareció.

Fue cuando mi brazo derecho se posó a la altura de mi corazón y comenzó a imitar su latido, y mi brazo izquierdo se postró a un par de centímetros de mi boca. Ambos se comenzaron a mover en círculos sin tocarme, podía sentir su calor.

Sentí una paz profunda, y de pronto mi mente dejó de pensar. Entonces mi brazo izquierdo subió y bajó verticalmente, y cuando lo hizo, yo inhalé y exhalé respectivamente. Cómo una mano moviendo un títere, mi mano izquierda controlaba mi respiración, y poco a poco comenzó a acelerar el ritmo.  Hasta recrear de nuevo la secuencia de respiración Holo trópica.

Y en algún punto, me sentí extasiado, y solo vi pequeñísimos puntos azul pálido en un mar de oscuridad. Una profunda sensación de tranquilidad me sobre vino. Cuando en un instante, mis brazos comenzaron a moverse de nuevo, se posaron a unos centímetros de mi cuerpo, como si lo estuvieran examinando. Hasta que mi brazo izquierdo se posó a unos centímetros de mi boca, y me vino un pensamiento. –Deja de controlar.

Sentí como mi mano izquierda juntó los dedos y colocó el pulgar por debajo, y como si fuera  una serpiente, se posicionó delante de mis labios. Entonces despegó el pulgar de los demás dedos como si abriera la boca y en ese momento mis labios se abrieron imitándola. Acto seguido mi mano izquierda se introdujo en mi boca y sentí que sacaba algo, en ese momento sentí espasmos que me obligaron a sentarme sobre el colchón, mi mano se estiró y pude sentir como su extrajera algo del interior de mi cuerpo, yo estaba a punto de vomitar, y entre mis dos manos extrajeron algo como si fuera una cuerda larga.

Después mi brazo derecho se colocó sobre mi nuca, y en un movimiento que se me antojó el reflejo para quitarse una máscara imaginaria. Después sentí como todo mi cuerpo se erizó, estaba libre.  – Brazo le ha quitado el control, ahora mi cuerpo le pertenecía solo a mi inconsciente. –Pensé instintivamente.

Me quedé un momento así, con la mente en blanco, y de pronto solo pensé, como si me dirigiera hacía Brazo. -He venido aquí para saber si es posible desplazar mi punto de vista.

El ritmo de la música a todo volumen vibraba en todo mi cuerpo, y mi escuché como mi compañera de sesión se puso junto a mí y comenzó a seguir el ritmo con una sonaja. En ese momento, un movimiento brusco que inició en mi coxis puso en movimiento toda mi columna y mis omoplatos como un latigazo impulsando mi cuerpo hacia adelante. La fuerza cesó y mi cuerpo se balanceó hacia atrás para recuperar la postura inicial, y entonces sentí otra descarga que impulso mi tronco hacia adelante. Una y otra vez aumentando la velocidad de los intervalos. Hasta me mis manos también se unieron al ritmo, Hasta me mi cabeza se mantuvo recta como si mantuviera su vista al frente. Hasta que sentí que estaba corriendo.  Estaba corriendo en un amplio campo. Una parte de mi consciencia seguía en el salón, pero como flashazos oscuros, me proyectaban una realidad alterna.  Y en esta realidad alterna yo estaba corriendo en un inmenso campo. Pero no era yo, más bien, no era humano. Era un felino corriendo tras una presa que no podía enfocar.

De pronto fui consciente de mi visión y mientras mi cuerpo se arqueaba sobre el colchón, mis labios dibujaron una sonrisa. Me sentí libre. Muy libre.

Después, mis manos, o más bien dicho mis patas delanteras jalaron el resto de mi cuerpo, hasta que me quedé de cuatro patas en el colchón. Por supuesto que sabía que estaba sobre un colchón en un salón con música a todo volumen, pero no tenía el control de mi cuerpo y me sentía más como un animal que como un humano. Mis pensamientos eran cortísimos, me limitaba a sentir, a observar, a moverme.

En algún momento, mi brazo derecho se levantó y empujó mi pecho lo que me llevó a recostarme de nuevo en el colchón. Y mis brazos comenzaron a introducir el ritmo de respiración, hasta que de nuevo me hiperventilé.

Pero esta vez mis brazos se posaron sobre la cama, y entré en un estado de profunda relajación. Y sentí que estaba observando el universo, el fondo oscuro, y pequeñísimos puntos color azul aparecían, pero no parecían aleatorios. Sino más bien, aparecían a la misma distancia unos de otros, simétricos como el tablero de algún juego de mesa. Aparecían y desaparecían como luciérnagas, pero siempre manteniendo un orden. Después todo se oscureció y frente a mí pude ver solamente una gran puerta de madera tallada que parecía muy antigua.

La puerta se abrió lentamente y en el umbral pude distinguir a un hombre con una vestimenta tradicional mongola o asiática. Y a su lado estaba un gran Toro sin ataduras aparentes, el lomo del animal estaba a la altura del hombre a su lado, aunque la figura era impresionante, parecía muy manso.

 -¿Qué onda Rodraz?

-¿Edson? –Pregunté porque no podía ver con claridad su cara, pero su voz me era familiar. Además era la única persona que me llamaba Rodraz.

-Si wey, soy yo. Me dijo. Al momento me pareció evidente que toro a su lado, porque siempre pensé que este arquetipo zodiacal le representaba muy bien.

-¿Y por qué estas vestido de mongol?

– Pues dímelo tu wey, pinche música que pones. -Ambos reímos. Me hubieras puesto no sé, un poco de techno o algo así, no que tus pinches mamadas de música oriental. –E hizo un ademán mostrando su atuendo. Yo reí aún más, sin duda era mi amigo.

El ritmo de la música era más pausado, y me vino a la mente la muerte de mi amigo, la de mi madre, la de Nacho Mágico, y la de mi abuelo. Y sentí miedo, no por los que ya no estaban, sino por presenciarla de nuevo en alguien más.

Hasta que escuché la voz de mi amigo Edson riéndose de mí. –No inventes, ¿Qué toda vía le tienes miedo a la muerte pinche Rodraz? –Me dijo.

-Qué pasaría si te dijera que todos estamos muertos. -Dijo mi amigo riendo.

Y en ese momento pensé. –Pues, si todos estamos muertos, entonces. El miedo a la muerte ya no tienen sentido.

Acto seguido sentí una gran paz que invadió todo mi cuerpo, como si me hubiera liberado de una carga que oprimía mi ser. De nuevo un profundo estado de paz me envolvió y me sumergí con la mente en blanco, no sé por cuanto tiempo hasta que abrí los ojos.