12. Mescalito

Por unos segundos escuché el golpe de cada una de las gotas al caer, el crujir de las ramas con el sobre peso de la lluvia, escuché como el río crecía, sentí, la humedad en el piso de piedra, el latido de mi corazón, el latido del corazón de Natacha, el de Nacho, y los percibía no como algo externo a mí, sino como si yo fuera parte de ellos. Mis amigos se pusieron de pie y Natacha me tomó por las mejillas. Asistí. Tienes que parar Rodraz. Escúchame. Es suficiente. Los tres nos pusimos de nuevo alrededor de la vela. De pronto tuve la sensación que algo subía por mi piernas, un escalofrío me recorrio de punta a punta, y el sabor amargo que sentía en mi boca se volvió más intenso. Un segundo después sentí un empujón que me sacó de mi cuerpo. En ese momento, mi punto de vista, es decir el lugar desde el cual observaba la situación. Ya no estaba en mis ojos, sino que ahora veía desde algun un punto localizado detrás de mi hombro derecho. Observé a mis amigos, la mesa, las sillas, la vela, el cobertizo en donde nos encontrábamos, la lluvia, la noche, y también me vi a mi mismo de pie. Una voz ronca y áspera salió de mi cuerpo gritando a mis amigos. ¿Qué creen que están haciendo? Dijo. Pero no era yo, no era mi voz, no había sido yo el que pronunció aquellas palabras. ¿Qué creen que es lo que hacen? Son unos idiotas, ustedes me mataron. Gruño la voz. Entonces en un santiamén, pasaron frente a mi, todas las imágenes de nuestro viaje desde el desierto de Real de Catorce hasta Xilitla pero en sentido inverso. A gran velocidad, hasta que en mi alucinación, mi punto de vista, se posó sobre un matorral en el desierto de Catorce. Admiré en un total silencio el atardecer, las montañas al fondo del valle, el aire cálido y ligero. Y de un súbito cambio de dirección mi visión se enterró en el suelo arenoso. Entoncés solo vi la oscuridad y tuve una sensación de calma. Fue cuando tuve la sensación que algo golpeaba el suelo en el que me había sumergido, eran pequeños golpes de tambor muy a lo lejos, uno tras otro y después de manera caótica. Entoncés supe que estaba lloviendo. De pronto mi visión comenzó a moverse en la oscuridad, más y más hasta que una luz rojiza ganó terreno y de pronto sentí un impulso hacia la superficie. !Estaba creciendo¡ Como una planta, más precisamente como un peyote. Al salir a la superficie, senti el viento, la lluvia, el sol, y experimente una especie de orgasmo, que culminó en un florecimiento. Tuve una sensación exquisita de felicidad que me duró unos instantes, hasta que de pronto el frío sobrecogedor me atravezó por dentro y en un instante mi punto de vista se desprendió con un intenso dolor. Sentí cómo si me hubiesen cortado el cuello. Son unos idiotas. Me gritó la voz de mescalito. Volví en mi, respiré profundamente y frente a mi vi a mis amigos iluminados por la vela. Aparentemente lo que para mí había significado varias horas. En realidad habían sido solo unos segundos. ¿Que estás diciendo Ro? Me preguntó Natacha. Es él. Es mescalito, está aquí. Les dije temblando de miedo. No soy yo el que habla, no soy yo, es él. Tranquilo Ro. Tranquilo, estas alucinando.  Me dijo Natacha. Va a pasar pronto. Entonces volví a perder el control de mi cuerpo, y una voz ronca que salió de mi boca le dijo a Natacha. Tienes que cuidar de ellos esta noche. Fue la razón por la cual no quise que me encontraras. Natacha da un paso atrás. Nacho se acercó a mi, y me dijo. ¡Dámelo yo voy a cargar con esto! Me tomó del brazo con fuerza y en el momento me sentí aliviado. Nacho en cambio comenzó a sacudirse hasta caer al piso convulsionando. Me acerqué a él y lo tomé de los hombros. No, yo debo de cargar con él. Dige resignado. Y sentí como aquella fuerza volvió a entrar en mi. Nacho se arrodilla tratando de recobrar el aliento. ¿Qué es eso? Es él, y ha despertado dentro de mí. Le dije. Hace tres días comenzaron un ritual en el desierto, y lo tienen que terminar hoy, juntos. Dijo la voz con una entonación mucho más pausada. Respiré hondo mientras volvía en mí. Quiero que pare! Grité temblando de miedo. Natacha se acercó y abrazó. Tranquilo Ro, tranquilo. Todo va a estar bien. Me dijo. Estuvimos así por un instante mientras ella tarareaba, como si me estuviera arrullando. No tengas miedo, es solo tu imaginación, anda, dime lo que estás viendo.

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13. El castillo medieval

Natacha me abrazó y sujetó mi cabeza en su regazo. No te preocupes Ro, todo está bien. Me dijo mientras yo escuchaba como la lluvia golpeaba con fuerza el tejaban en donde pasaríamos la noche en la selva de Xilitla. No te apures, volvió a decirme, solo es tu imaginación, lo que te está pasando, solo está en tu mente. Sus palabras me tranquilizaron, era cierto. Todo lo que estaba ocurriendo estaba solo en mi mente. La luz espiral que desprendían los sonidos, la parálisis momentánea de mi brazo izquierdo, las palabras de mezcalito que salieron de mi boca con otra voz que no era la mía, las visiones del desierto. Si, ella tenía razón, debía de tenerla. Todo estaba en mi mente, solo eso. Solo eso me repetí en silencio.   Dime que es lo que ves ahora. Me preguntó Natacha mientras me abrazaba. Veo una construcción en piedra parece una muralla de unos treinta metros de alto, veo que tiene torres redondeadas que la flanquean, me da la impresión de que es una fortaleza medieval. Entre dos torres veo una gran puerta de madera. Entro por la gran puerta de madera que parece entre abierta.  En el interior veo que está decorada con alfombras que cuelgan de las paredes, no veo a ninguna persona, sigo avanzando. Hay una gran escalera, subo, y llego a un pasillo que se extiende en dos direcciones bordeando la muralla.  Giro hacia la derecha y continúo. Al fondo se percibe una tenue luz, me acerco más y veo que salen del umbral de una puerta. Me acerco y la empujo. Veo una habitación circular, parece que es la habitación de la torre,  dentro hay una mujer que está mirando por la ventana medieval hacia el horizonte, no parece haber nadie más en la habitación, ella se cepilla lentamente el cabello, tiene  el cabello largo hasta la cintura y lleva un vestido verde. Se detiene, creo que ha reparado en mi presencia, voltea hacía la puerta. Eres tú. Tienes el semblante triste. Tienes lágrimas en las mejillas.  Mi visión se mueve y comienzo a elevarme, veo la torre desde lo alto mientras mi visión asciende. Veo el castillo en la penumbra, el sentimiento de soledad de tu mirada me permea y siento que no hay nadie en el castillo, que no hay nadie en el bosque que lo rodea, sigo ascendiendo, parece que no hay nadie a cuarenta kilómetros a la redonda. Natacha me sueltó. ¿Por qué dijiste eso? Me preguntó. No sé. Le dije. Natacha se dio la media vuelta y enfilo hacia el camino de piedra bordeando el río fuera del tejaban.

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14. El Círculo de protección

Por alguna razón, Nacho acomodó las sillas de plástico a nuestro alrededor creando un círculo y había dispuesto las mochilas y los sleepings en el centro. Mientras Natacha y yo habábamos. Cuando ella salió con prisa caminando bajo la lluvia me preguntó bruscamente. ¿Qué le dijiste? ¿A dónde va? No sé. Respondí. Nacho terminó de acomodar el lugar, verificando que las sillas estuvieran bien juntas unas con otras. ¿Que haces? Le pregunté. Un círculo de protección. Me respondío mi amigo. Pero si tu no crees en eso. Le dije sonriendo tímidamente. Él paró de hacer lo que estaba haciendo y me miró con el ceño fruncido. Con su mirada me dijo todo y cambié de tema. ¿Estará bien Natacha? Mejor vámos a buscarla, el rio está muy crecido y no le vaya a pasar algo. Dijo Nacho. Salimos del círculo que mi amigo había hecho y al instante sentí como si mi peso corporal se duplicara. Y de nuevo volvía a sentir la extraña sensación de que algo me jalaba hacia el piso. Caminamos bordeando a tientas la pared enmohecida. De pronto observé como la la sutilísima sombra que creaban las piedras del camino, depronto se volvieron mucho más perceptibles. Tenían un negro tan profundo y absoluto que se podían diferenciar en la noche. Parecían tener volumen, como si aquellas sombras fueran las gotas derramadas de petróleo. Apuré el paso y observé como estas sombras se aglutinaban formando un líquido de sombras. La imagen me aterró pero me pudo más la necesidad de encontrar a Natacha. Está bajo la escalinata frente a la primera poza. Le dije a Nacho. ¿Cómo lo sabes? Me dijo. No lo sé. Respondí. Y unos metros más adelante, con la ligerísima luz provocada por el reflejo del pueblo de Xilitla en las nubes. Encontramos a Natacha en el lugar en donde le había señalado a Nacho. Nos vió llegar y nos abrazó. Me dio un beso mientras intentaba hablarle. Pero no me dio oportunidad. Tomó su blusa y se comenzó a desnudar. Te encargo mi ropa y mis collares, me dijo al oído mientras me colocaba todo por encima. ¿No te vas a meter a la poza con la lluvia? Le alcancé a decir. Y de un salto aventó al agua. Nacho y yo instintivamente nos cubrimos los oídos. ¡No mames! ¿Qué fue ese estruendo? Dijo Nacho. Yo sentí el sonido agudo en mis tímpanos como cuando sales de una fiesta. Cuando abrí los ojos, abrí también la boca. Todo, todo, todo cuanto me rodeaba tenía dos líneas de color, una roja y una azul. Ambas vibraban una sobre la otra. Miré a mi alrededor y vi asombrado que las escaleras que continuaban vereda arriba tenían estas delgadísimas líneas de luz, las escalinatas a lado de la poza, las hojas de los árboles que crecían sobre la poza, las ramas que las sostenían, la vegetación entera que nos rodeaba. Y principalmente el afluente de agua, en donde estas líneas vibraban con unas crestas y valles más pronunciados. Incluso se interponían ambos colores. La poza en sí misma, su superficie. Y entonces vi salir a Natacha del agua fría. Y su desnudez estaba ataviada por estas mismas líneas de luz. Está delisiosa el agua, ¿No quieren entrar? Nos dijo a Nacho y a mi gritando feliz. El agua caía por la cascada con fuerza en la poza de agua y se escuchaba el rugir del torrente que crecía con la lluvia. Yo sacudíla cabeza. Estaba admirado y aterrado a la vez mirando a mi alrededor. Ella salió y se vistió. Me acarició en la mejilla como a un cachorro mojado. ¿Vamos Nacho o te quieres quedar un rato más en la lluvia? Le dijo a mi amigo. No, vamos. Respodió. Yo comencé a caminar tratando de seguir a Natacha como pude. Pero conforme caminaba las líneas de luz comenzaban a desaparecer. Y pensé que tal vez había sido el sonido de Natacha saltando al agua, lo que había excitado mi visión provocando las ondas de luz. Y conforme los colores desaparecían, del piso comenzaban a surgir de nuevo las sombras líquidas, agrupándose una vez más y se dirigían hacia donde estábamos nosotros. Cuando por error, caminaba sobre una de estas sombras, sentía como mi fuerza disminuía. Hasta que entramos por fin al tejaban y una vez dentro del circulo que Nacho había trazado con las sillas de plástico me sentí reconfortado y vi como las sombras no crecían ahí dentro. Han notado como si se encendiera el humo de un cigarrillo en la otra caseta, a lado de la entrada. Sí. Yo también. Pues mira. Dijo Natacha. A lo mejor es alguien como nosotros que no tiene donde dormir. A lo mejor es el artesano que vendía cuentas de jade en la entrada. Tal vez. No lo sé. Pero siento que es un protector. Lo que sea. Dijo Natacha. Con que no se lleve nuestras cosas. Nos secamos y acomodamos las cosas dentro de la cafetería. Cuando comencé a escuchar la canción de, Santa Lucía, tan claramente como hubiera un radio encendido en el lugar. Este viaje lo iniciaron juntos, y juntos lo tienen que terminar. Escuche de nuevo la extraña voz en mi interior. Y sentí como me jalaron bruscamente hacia el piso. Alcancé a acomodarme encima de mi sleeping. ¿No tenemos agua? Dijo Nacho y comenzó a buscar en las mochilas. No, ya no quedaba ninguna botella. Dije. !Mira¡ Nos dijo Natacha sosteniendo una botella nueva. ¿Pero cómo si ya no había? ¿Agua Querétaro. Y tiene los arcos y todo. ¿Agua Querétaro? Pregunté. Pero nunca compramos una botella como esta. ¿O, sí? Yo no me acuerdo que exista el, agua Querétaro. Nunca la había visto. Pues tengo mucha sed. Dijo Nacho tras oler la botella.  Le dio un trago. Luego otro, y luego otro. ¡Ah! Esta buena. Nos dijo. ¿Quieren? Si, por favor. ¿Quieres Nat? Si, gracias. Sentí de nuevo el tirón. Ya sé que estoy loco, pero escucho una voz que dice que debemos terminar el ritual juntos. Ella me acarició con una mirada entre lástima y preocupación. Poco después, no se si por el cansancio o porque, pero entre Nacho y ella apagaron las velas y cerraron aún más el círculo de sillas. Dormimos uno a lado del otro con Natacha en medio. Que descansen chicos. Hasta mañana, dijo Nacho. Aún no lo sabía pero la más aterrador de aquel viaje me estaba esperando.

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15. Visiones premonitorias

Estábamos acostados en medio de la noche dentro del castillo surrealista de Edward Jemes. Yo trataba de dormir, pero miles de imágenes cruzaban mi cabeza. De pronto tuve la sensación de entrar en un túnel. Poco a poco pude ver que se trataba de una especie de laberinto bordeado por arbustos de gran tamaño. La imagen se volvió cada vez más nítida, estaba consciente de que estaba acostado en el tejaban, pero al mismo tiempo las imágenes parecían igual de reales. Entonces después de recorrer aquel pasillo rodeado de arbustos, llegué hasta un espacio abierto y oscuro. Entonces cuando tuve la sensación de haber salido, frente a mí, se alzó de nuevo otro laberinto más grande, recuerdo que corría entre ramas y en la oscuridad grisácea tratando de hallar la salida. Cuando por fin lo conseguí un tercer laberinto surgió del fango. Esta vez me costó aún más trabajo porque parecía un interminable  camino de lodo y arena que se hundía. Y cuando sentí que había salido de aquel tercer laberinto escuché una voz que dijo. Has pasado la prueba y este es el primer mensaje. Entonces vi a la tierra desde el espacio. Podía ver claramente como nuestro planeta giraba sobre su eje como una enorme bola azul. Al poco surgió detrás de ella, la Luna. La imagen era tan real y clara que podía ver cada detalle, los continentes, los océanos, las nubes. Ha sido sin duda una de las imágenes más hermosas que jamás haya visto. Entonces poco a poco siguiendo comenzaron a aparecer en mi campo de visión, los planetas. Se podían ver como continuaban su habitual trayectoria, pero que al mismo tiempo parecían estar alineados. Marte, después Jupiter, Saturno, Neptuno, Urano, Plutón.  Esta visión era majestuosa. Entonces escuché la voz sutil apenas perceptible que me dijo. La alineación planetaria. De pronto esa visión desapareció y dejó lugar a una caótica escena, fugaz y rápida que contrastó con la pasividad de la anterior. En esta visión estaba mi amigo Edson dentro de un avión, de pronto el avión se desplomaba y caía al vacío con mi amigo en el interior. Quise despertar pero no pude, y traté de gritar o moverme para no permitir lo que estaba viendo. Entonces una voz gruesa e inquietante dijo. ¡Tiene que morir! No. Grité con todas mis fuerzas. Mi grito traspaso el umbral del sueño y me incorporé de un salto. Al instante que escuchaba la voz fuera de mi sueño, en la realidad de la noche que gruñó. ¡Tienen que caer! En ese instante, algo golpeo con fuerza el techo de lámina que nos protegía. Mis amigos brincaron del susto. ¿Qué fue eso? Ro, tranquilo, solo fue una rama que calló sobre el tejaban.  Me dijo Natacha viendo mi estado. Pero lo vi caer. Le dije a Natacha. No Ro, tuviste una pesadilla. Nada más. Tranquilo. Poco a poco recobré un poco en sentido, y bebí agua de la botella. Me acosté de nuevo. Ella comenzó a tararear alguna melodía que me sumergió de inmediato en un sueño profundo. Esta vez mi punto de vista se ubicó en la misma posición de antes. Estaba viendo la tierra desde el espacio a mi extrema izquierda y en el horizonte veía a los planetas alineados.  Esta vez sin embargo escuché una melodía profunda que surgía de nuestro planeta. Y de pronto las nubes se comenzaron a salir de la órbita terrestre y formando una estela que se movía plácidamente, parecía como si la tierra tuviera una cabellera larga que flotaba en el espacio, cuando fui consciente de eso, la tierra rotó y se transformó en el perfil de una mujer. Su rostro variaba ligeramente y me pareció que contenía la escencia misma de la feminidad. Es tiempo de su retorno. Me dijo aquel inmenso rostro planetario,  con una voz tierna. En ese momento mi campo de visión o punto de vista, giró en dirección contraria a la tierra, y en medio del espacio vi un punto de luz que se volvía más brillante a cada segundo. Es el tiempo de su retorno. Volví a escuchar aquella melodiosa voz. Aquel punto de luz, se acercaba a gran velocidad hacia la tierra.  Entonces mi visión se desplazó y se instaló por encima del objeto mientras avanzaba. Era una cápsula plateada en forma de huevo alargado. De lo que supuso mediría unos cinco metros de largo por unos dos metros de ancho. Pude ver con detenimiento como en la parte superior aquel capullo plateado era transparente y pude ver la figura de un hombre acostado con los brazos cruzados sobre el pecho con los ojos cerrados. Tenía la barba y el cabello largo hasta los hombros, vestía totalmente de blanco. Sus pies estaban ocultos a mi vista por la nave. Y vi cómo se dirigía rápidamente hacia la tierra que lo aguardaba con su expresión. Abrí los ojos y me incorporé sobre mi sleeping. Mientras lo hacía vi de reojo que Nacho se incorporaba al mismo instante. ¿Lo viste? Le pregunté susurrando efusivamente tratando de no despertar a Natacha que estaba dormida entre los dos. Nacho asintió. Fue como si hubiéramos estado conectados viendo la misma alucinación en el sueño. Los dos estábamos muy asombrados, pero la pesadez fue más fuerte y nos volvimos a recostar. En la visión que tuve al cerrar de nuevo los ojos, fue una imagen en la que Natacha y Nacho y yo recorríamos un desierto montados en tres caballos. Tienen que estar juntos para recibirlo en su retorno. Me dijo la misma voz femenina que había escuchado en la visión anterior. La imagen se difuminó y solo percibí la oscuridad. Una plácida oscuridad que llegaba después de una intensa noche de vívidas visiones Ya ha pasado todo. Me dijo la voz. Solo necesito algo de ti a cambio por lo que has visto. Pero no poseo nada. Le dije. Entonces con los ojos aún cerrados en el sueño, pensé, solo tengo mi collar de caracoles y jade. Eso es suficiente. Respondió la voz. Abrí los ojos, y sin levantarme del sleeping me quité el collar y lo puse sobre el piso junto a mí. Descansa. Despertarás mañana a las siete en punto. Apenas alcancé a escuchar una voz que se diluían entre el murmullo de la lluvia al caer. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir ya era de mañana, miré mi reloj justo cuando el segundero caía en la casilla doce marcando las siete en punto. Me levante con pesadez, Natacha no estaba y Nacho estaba preparando el café. Nacho, por favor. Puedes tomar mi collar que está en el piso y arrojarlo al rio. Le dije a mi amigo. ¿Qué? Te volviste loco. Pero es tu collar, de jade, con las piedras, caracoles, son todos tus recuerdos de viaje. ¡Por favor! Le dije con el semblante fruncido. Nacho lo tomó a regañadientes y se dirigió al caudal del rio que iba crecido por la lluvia, que no paró de caer en toda la noche. Cuando lo arrojó el rio se apaciguó por un momento. Nacho volvió caminando y me dijo abriendo la boca. ¿Escuchaste eso?

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