El maestro

Xilitla México, Junio del 2000

Sentí que algo me empujó con fuerza, cuando reaccioné me di cuenta que mi consciencia había salido de mi cuerpo. Es decir, mi punto de vista desde el cual observaba la situación. Ya no estaba en su lugar habitual, en mis ojos, sino que ahora «veía» la misma escena pero desde algún un punto localizado detrás de mi hombro derecho.

Mi visión era un poco difusa, pero pude ver a Nacho que estaba a la izquierda de mi cuerpo y a Natacha a la derecha. Los tres estábamos alrededor de una mesa sobre la cual habíamos encendido la única vela que traíamos con nosotros. Después pude girar mi visión y observé el interior de aquel cobertizo que nos cubría de la lluvia.

Y de pronto una voz ronca y áspera salió de mi boca. ¿Qué creen que están haciendo? Dijo. Son unos idiotas, ustedes me mataron.

Entonces en un santiamén, mi visión se movió en sentido inverso, rebobinando lo que había visto durante nuestro corto viaje desde el desierto de Real Catorce hasta Xilitla.

Vi y experimenté de nuevo las imágenes de nuestra llegada a Xilitla en autobús aquel mismo día por la mañana. Las imágenes en secuencia retrocedían a gran velocidad. Vi cuando pasamos por el túnel de Ogarrio, me vi hablando con Nacho en la cantina sobre Natacha, y también vi cuando caminábamos en el desierto de Catorce buscando a la planta sagrada.

Hasta que en mi alucinación, mi punto de vista, se posó sobre un matorral. Y por un momento la escena se volvió apacible.

Yo estaba de nuevo en el desierto contemplando el atardecer, a lo lejos distinguí a Nacho y en otro punto pude ver a Natacha caminando.  Miré las montañas doradas por la luz del sol y en ese instante un ave rapaz pasó frente a mí explorando el territorio a poca altura. Escuché un ruido sordo de hojas secas que me hizo voltear al piso y vi a una liebre que se escondía detrás de un arbusto. Respiré aliviado, todo parecía haber sido una pesadilla.

Y de pronto escuché de nuevo su voz rugir dentro de mí. En ese momento, él tomó mi visión y de un jalón sentí como me enterró en la tierra árida.

Mi visión se volvió oscura y con un tono rojizo. Traté de mover mi visión pero no pude. En ese momento fui consciente que estaba enterrado.

Aún así no sentí miedo y poco a poco me invadió una sensación de calidez. Tuve la impresión de que nada podía hacerme daño. No sé muy bien explicarlo pero me sentía tierno y húmedo. Nunca antes había experimentado algo parecido.

Entonces cuando todo estaba en calma, comencé a percibir un golpeteo. Al principio muy ligero y esporádico. Pero sin razón alguna me invadió una sensación de felicidad. El golpeteo se volvió más intenso hasta que sentí un escalofrío y supe entonces que estaba lloviendo. Yo era una semilla.

De pronto mi visión comenzó a moverse en la oscuridad, más y más hasta que una luz rojiza ganó terreno y de pronto me sentí impulsado hacia la superficie. ¡Estaba creciendo como una planta! precisamente como un peyote.

Al salir a la superficie, sentí el viento, la lluvia, el sol y experimente una especie de orgasmo que culminó en un florecimiento. Tuve una sensación exquisita de felicidad hasta que de pronto algo me atravesó por dentro y en un instante mi punto de vista se desprendió con un intenso dolor. Como si me atravesaran con una navaja cortándome en dos. Era yo cortándome a mí mismo siendo planta y humano al mismo tiempo.

!Son unos idiotas! Me gritó con voz colérica.

Volví en mí, respiré profundamente y frente a mi vi a mis amigos iluminados por la vela.

Ro ¿Estás bien? Me preguntó Natacha.

Es él, está aquí. Les dije temblando de miedo. No soy yo el que habla, no soy yo, es él.

Tranquilo Ro. Tranquilo, estas en trance.  Me dijo Natacha mirando mis pupilas dilatadas de cerca. Va a pasar pronto.

Entonces volví a perder el control de mi cuerpo, y una voz ronca que salió de mi boca le dijo a Natacha.

Tienes que cuidar de ellos esta noche. Es la razón por la cual no quise que me encontraras en el desierto, ni que me ingirieras. Al escuchar eso Natacha dio un paso atrás y Nacho se acercó hacia mí con pasos seguros y me dijo.

¡Dámelo! ¡Yo voy a cargar con esto!  Me tomó del brazo con fuerza y en el momento me sentí aliviado. Nacho en cambio comenzó a sacudirse hasta caer al piso convulsionando.

Me acerqué a él, lo tomé de los hombros tratando de contener su sacudido cuerpo y le grité. !No¡ Yo debo de cargar con él. Le dije resignado. Aquella fuerza subió por mi brazo de nuevo como si lo hubiera aspirado de mi amigo. Era la intensión misma de la planta que se movía dentro de nosotros.

Nacho se arrodilló tratando de recobrar el aliento. ¡No mames! ¿Qué es eso?

Es él, es mescalito. Le dije.

Hace tres días comenzaron un ritual en el desierto, y lo tienen que terminar juntos. Dijo la voz con una entonación mucho más pausada. Y volvió a fundirse su voz dentro de mi cuerpo. Yo respiré hondo mientras volvía en mí y me incliné sintiendo el peso de toda esa pesadilla.

¡Quiero que pare! Susurré temblando de miedo.

Natacha se acercó y abrazó. Tranquilo Ro, tranquilo. Todo va a estar bien. Me dijo. Estuvimos así por un instante mientras ella tarareaba.

La primera visión

Natacha me abrazó y sujetó mi cabeza contra su regazo. No te preocupes Ro, todo está bien. Me dijo mientras yo escuchaba como la lluvia golpeaba con fuerza el maltrecho tejaban.

Es solo tu mente, tranquilo. Todo lo que estás viendo es solo una alucinación. Me dijo Natacha con voz pausada. Sus palabras me tranquilizaron, era cierto. Todo lo que estaba experimentando estaba solo en mi mente. La luz espiral que desprendían los sonidos, la parálisis momentánea de mi brazo izquierdo, el brusco desplazamiento de mi punto de vista, las palabras de mezcalito que salieron de mi boca con otra voz que no era la mía, las visiones del desierto. Todo estaba en mi mente, solo eso. Solo eso. Me repetía en silencio.  

Dime que es lo que ves ahora. Me susurró Natacha con una voz curiosa.

En ese momento, mi punto de vista se volvió a desplazar, primero sentí una fuerte contracción ocular forzando la focalización, todo estaba oscuro pero de pronto comenzaron a aparecer frente a mi imágenes. Y conforme la impresión se volvía más nítida, me dí cuenta que estaba realmente en otro lugar.

No ví mi cuerpo, solo veía como si estuviera «viendo» a través de otros ojos, porque la pantalla era más estrecha, circular y con un enfoque preciso.  De alguna manera era consciente que estaba con Natacha, aunque frente a mi tenía una realidad alterna. Mi visión aparecía flotando y comencé a describirsela Natacha.

Veo una construcción en piedra, hay algunos árboles a sus costados que se ven pequeños frente al tamaño de la muralla, debe de tener unos treinta metros de alto. Veo que tiene torres redondeadas que la  flanquean, me da la impresión de que es una fortaleza medieval.

Entre las dos torres veo una gran puerta de madera. Está entre abierta, Estoy entrando.

No hay nadie, sigo avanzando. Hay una gran escalera, subo, llego a un pasillo que se extiende en dos direcciones, parece el interior de la muralla. Hace frío, está muy húmedo y oscuro.  Giro hacia la derecha y continúo. Al fondo algo, me acerco más, y más, parece una puerta apenas entre abierta. Hay luz en el interior.  Me acerco, la puerta se abre.

Entré en una habitación circular, la torre. Al fondo hay una silueta, poco a poco la veo más detallada, es la silueta de una mujer que está mirando por la ventana.

Tiene  el cabello largo hasta la cintura y lleva un vestido verde oscuro. Creo que ha reparado en mi presencia, voltea hacía mi, le veo el rostro, me mira de frente. ¡Eres tú!

Mi visión comenza a ascender, no hay nadie en el castillo, sigo ascendiendo y veo el río junto al castillo, estás sola, no hay nadie al rededor del castillo, mi visión sigue ascendiendo. Estás sola, pues no hay nadie a menos de cuarenta kilometros de distancia.

Abro los ojos, y Natacha se separa de mí. ¿Por qué dijiste eso? Me preguntó.

No sé. Natacha se dio la media vuelta y enfilo hacia el camino de piedra bordeando el río.

Premoniciones

Esa noche yo trataba de dormir, pero miles de imágenes cruzaban mi cabeza. De pronto tuve la sensación de entrar en un túnel. Poco a poco pude ver que se trataba de una especie de laberinto bordeado por arbustos de gran tamaño.

La imagen se volvió cada vez más nítida, estaba consciente de que estaba acostado en el tejaban, pero al mismo tiempo las imágenes parecían igual de reales. Entonces después de recorrer aquel pasillo rodeado de arbustos, llegué hasta un espacio abierto y oscuro.

Frente a mí, se alzó de nuevo otro laberinto más grande, recuerdo que corría entre ramas y en la oscuridad grisácea tratando de hallar la salida.

Cuando por fin lo conseguí, un tercer laberinto surgió del fango. Esta vez me costó aún más trabajo porque parecía una interminable vereda de lodo y arena que se hundía.

Y cuando sentí que había salido de aquel tercer laberinto escuché una voz que dijo. Has pasado la prueba y este es el primer mensaje.

Entonces mi punto de vista se movió súbitamente, hasta que me encontré en total oscuridad. Mi punto de vista giró y vi el enorme planeta tierra frente a mí. Mi visión estaba fuera de la atmósfera terrestre y podía ver claramente como nuestro planeta giraba sobre su eje como una enorme bola azul.

Al poco surgió detrás de ella, la Luna. La imagen era tan real y clara que podía ver cada detalle. Era la imagen más hermosas que jamás había visto. Estaba contemplando la escena y vi como poco a poco comenzaron a aparecer eclipsados entre la tierra y la luna los planetas.

Se podían ver como continuaban su trayectoria, pero que al mismo tiempo parecían estar alineados, se distinguían claramente los dos gigantes, Jupiter y Saturno.  Entonces escuché la voz sutil apenas perceptible que dijo.

Esta es la primer señal. La conjunción planetaria.  

Después esa visión desapareció y dejó lugar a una caótica escena, fugaz y rápida que contrastó con la pasividad de la anterior. Nubes, polvo, viento. Y poco a poco se formó otra visión.

En ella estaba mi amigo Edson, la imagen se volvió más nítida y vi como mi amigo subía a un avión. Parecía alegre y hablaba con los demás pasajeros mientras el artefacto volaba. De pronto el avión comenzó a sacudirse violentamente y vi claramente cómo se desplomaba con mi amigo en el interior.

Quise despertar pero no pude, y traté de gritar o moverme para no permitir lo que estaba viendo. Entonces una voz gruesa e inquietante dijo.

¡Para que él venga tu amigo tiene que caer! Es la segunda señal. Dijo.

Yo traté con toda mi voluntad de sobreponerme a la imagen antes de verlo derrumbarse y despertar.

¡No!

Grité mientras me incorporaba sobre mi sleeping.

En ese instante un estruendo sacudió el tejaban, como si algo hubiese golpeado el techo con fuerza al mismo tiempo en que yo gritaba.

Mis amigos brincaron del susto.

¿Qué fue eso?

Solo fue una rama que cayó sobre el tejaban. Dijo Nacho sobresaltado.  

Yo estaba con los ojos abiertos y muy perturbado.

Tranquilo Ro. Estas soñando. Me dijo Natacha mientras me trataba de consolar.

¡Pero lo vi caer! Le dije a Natacha. ¡No Ro! Tuviste una pesadilla. Nada más. Tranquilo.

Poco a poco recobré el aliento. Ella comenzó a tararear mientras me recostaba sobre mi sleeping de nuevo. Y sentí como volvía entrar en un trance profundo.

Esta vez mi punto de vista se ubicó de nuevo en el espacio, vi a la Tierra rotar plácidamente a mi izquierda con el negro fondo del universo.  Y en el horizonte vi de nuevo a los planetas alineados.  Esta vez sin embargo escuché una melodía profunda que surgía de la Tierra. Y de pronto las nubes blancas que cubrían parte del océano,  se comenzaron a salir de la órbita terrestre y formaron una estela que se movía como una tela llevada por el viento.

La imagen comenzó a tomar forma frente a mi visión y tuve la impresión que las nubes formaban una larga cabellera que flotaba en el espacio, cuando fui consciente de eso, la tierra rotó y se transformó en el perfil de una mujer. Su rostro variaba ligeramente y me pareció que contenía la esencia misma de la feminidad.

Es tiempo de su retorno. Dijo aquel inmenso rostro planetario. Su voz era más una melodía que se imprimía en mi transmitiendo su mensaje.

En ese momento mi campo de visión o punto de vista, giró en dirección contraria a la tierra, y en medio del espacio fijé mi atención en un punto de luz. Este punto se volvía cada vez más brillante. Tuve la impresión que algo se acercaba hacia nosotros.

Es el tiempo de su retorno. Volví a escuchar aquella melodiosa voz.

La luz provenía del reflejo que emitía un pequeño objeto. Este objeto se fue acercando más y más hacia la Tierra. Mi punto de vista estaba en su trayectoria y gracias a eso pude verlo con detalle cuando pasó a un par de metros del punto desde el cual yo percibía la imagen del universo.

Era una cápsula plateada en forma de huevo. De unos cinco metros de largo por unos dos metros de ancho. La parte superior aquel capullo plateado era transparente, su interior parecía un cuna blanquísima en el cual viajaba una figura humana recostada. Era un hombre de mediana edad, estaba vestido de blanco y tenía el cabello largo y barba espesa. Él hombre mantenía tenía los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos cerrados.

Es el tiempo de que vuelva. Escuche de nuevo la voz femenina mientras veía como se dirigía la cápsula hacia la tierra.

Abrí los ojos y me incorporé sobre mi sleeping. Mientras lo hacía vi de reojo que Nacho se incorporaba al mismo instante.

¿Lo viste? Le pregunté susurrando efusivamente tratando de no despertar a Natacha que estaba dormida entre los dos. Nacho asintió.

Fue como si hubiéramos estado conectados viendo la misma alucinación en el sueño. Los dos nos volvimos a recostar. En la visión que tuve al cerrar de nuevo los ojos, fue una imagen en la que Natacha y Nacho y yo rencaminábamos juntos. Tienen que estar juntos cuando eso suceda. Me dijo la misma voz femenina que había escuchado en la visión anterior.

La imagen se difuminó y solo percibí la oscuridad. Una plácida oscuridad que llegaba después de una intensa noche de vívidas visiones.

Ya ha pasado todo. Escuché de nuevo la voz de mescalito pero mucho más apacible.

Solo necesito algo de ti a cambio por lo que has visto.

¡Pero no poseo nada! Le dije en mí pensamiento. Solo tengo mi collar.

Es suficiente. Respondió él.

Suspiré, pues aquel collar lo había ido formando con piedras, caracoles, semillas, que recolectaba en mis viajes por México con Nacho y Edson. También tenía algunas cuentas de Jade que le había ofrecido a mi padre un amigo suyo al encontrarlas en una de las tantas excavaciones arqueológicas en la antigua ciudad de Tolteca de Tula.

Abrí los ojos, y sin levantarme del sleeping me quité el collar y lo puse sobre el piso junto a mí.

Descansa. Despertarás mañana a las siete en punto. Dijo.

Apenas alcancé a escuchar una voz que se diluían entre el murmullo de la lluvia al caer. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir ya era de mañana, miré mi reloj cuando el segundero caía en la casilla doce marcando las siete en punto.

Me levante con pesadez, Natacha no estaba y Nacho estaba preparando el café.

Nacho, puedes tomar mi collar que está en el piso y arrojarlo al río. Le dije a mi amigo.

¿Qué? Pero es tu collar, de jade. ¿Estás loco o qué?

¡Por favor! Le dije con el semblante fruncido. El mal estado de mi cara lo debió de haber convencido.

Nacho lo tomó y sin preguntarme más detalles se dirigió al caudal del río que iba crecido por la lluvia.

Nacho volvió, con el pantalón salpicado de agua.

¿Escuchaste eso? Me dijo. Cuando aventé el collar, el río se calmó.

La sombra

Querétaro México, marzo del 2001

Cuando llegamos a la casa del amigo de Daniela, le dije que prefería quedarme en el auto.

Te juro que no me tardo Gasho. Me dijo Daniela.

No te apures, Aquí estoy bien. Le respondí.

En su coche estaba el cd de Moby Songs 1993- 1998, lo puse y lo adelanté hasta que la canción de Hymn comenzó a sonar.

Frente a mi estaba un enorme árbol y a un costado un Farol apenas iluminaba la calle.

Mientras contemplaba la escena apareció un gato que dio una vuelta por el patio de la casa y se subió a la barda, justo entre el árbol y la puerta de entrada de la casa del amigo de Daniela.

De pronto una ráfaga de aire movió las ramas del árbol, esto accionó el sensor de la lámpara que estaba sobre la puerta de casa y acto seguido, el gato maulló.

El aire cesó, las ramas dejaron de moverse y la luz se apagó; entonces el felino se reclinó sobre sus patas delanteras.

Una vez más el viento movió el árbol, el movimiento accionó el farol, el gato se levantó y maulló. Otra vez más el aire se detuvo, la luz se apagó y el gato reclinó la cabeza.

El fenómeno se repitió exactamente tres veces. Y fue tan rítmico que no percibí ninguna diferencia entre los tres episodios.

Entonces fijé mi vista en la parte superior del árbol, había algo que llamaba mi atención.

Un pequeño punto, que parecía ajeno a aquella imagen.

Era un punto borroso del tamaño de una hoja. Como si hubiese sido una basurita en mi ojo que distorsionaba la imagen, un diminuto espacio desenfocado.

Percibía el color del fondo aunque no veía con claridad. Parpadee varias veces esperando que el pequeño punto se disipara, pero seguía ahí.

Incluso me moví de un lado a otro pero la anomalía seguía ahí.

Después escuché un ligero zumbido en el oído izquierdo que me hizo girar la cabeza. Y cuando lo hice, el sonido desapareció. De nuevo, miré hacia adelante y volví a escucharlo. Fue muy curioso.

Era como si el zumbido que provenía del lado izquierdo en donde había una barda mal pintada de blanco, al momento que giraba mi cabeza para inspeccionar su origen, se desvanecía.

Vi la sombra de un animal que se proyectaba en la barda blanca. Estaba sentado en sus patas traseras, tenía las orejas puntiagudas y el hocico largo, como un perro grande, un lobo pero no tan lanudo, más fino. Podría decir que parecía un coyote.

Y en ese momento, escuché una voz.

¿Estás listo? Me preguntó la voz.

Se me erizaron los cabellos, pero por alguna razón la simplicidad de las escenas anteriores me había sumergido en una quietud gratificante.

Sí, estoy listo respondí.

Así empieza. Dijo la voz

Octágono espiral

Mire al frente y el pequeño punto que había visto antes comenzó a girar sobre su eje, era plano y translúcido. Yo lo percibía por la distorsión de color que producía sobre las hojas del árbol. Era como si estuviera superpuesto a la imagen de la realidad que percibía.

Lo vi rotar y el objeto se desplazó hacia mí lentamente, haciéndose más grande mientras se acercaba hasta que se situó justo delante del parabrisas del coche.

Así lo pude ver más claramente. Era una superficie plana y translúcida casi transparente de unos diez centímetros que rotaba lentamente de derecha a izquierda. Reparé en la forma que tenía y me dí cuenta que era un octágono. 

Como si el objeto fuera consciente, ahora que lo había visto se alejaba hasta situarse en su posición original en la copa del árbol que tenía frente a mi.

El octágono continuó girando y yo no podía dejar de verlo. Y de un momento a otro como una ola expansiva, otros octágonos comenzaron a aparecer rodeando al primero, miles, y miles de pequeños octágonos rotando sobre su eje. Hasta que cubrieron por completo todo mi campo visual.

La casa, la calle, el árbol, la barda, el gato, el auto, el parabrisas, mis manos, todo estaba impregnado de miles y millones de diminutos octágonos giratorios.

Curiosamente todos giraban a un ritmo ligeramente diferente.   

No sentía miedo, más bien estaba en un estado de total admiración hacia lo que estaba presenciando.

Y entonces de nueva cuenta, el mismo octágono inicial, se desprendió de su posición original y se acercó hasta detenerse a unos centímetros del parabrisas del auto.

Mientras giraba, el centro del octágono se comenzó estirar como un cristal líquido y espeso. Como si algo estirase del centro de la figura hacía arriba y hacia abajo, se comenzó a dibujar la silueta de dos conos que compartían la misma base. El octágono adquirió volumen.

Pero mientras giraba con lentitud la base, las puntas de ambos extremos cónicos parecían no hacerlo. Por lo que el efecto produjo unas hendiduras en aquel cristal formando una espiral.

Una vez que la espiral estuvo completa, la figura rotó noventa grados, y colocó la punta superior de la espiral hacia mí. Sin dejar de rota, y vi que seguía teniendo la forma octagonal en la parte más ancha de la figura, en su centro.

De nuevo, la figura volvió a rotar noventa grados y pude ver la espiral translúcida de dos puntas con el centro más ancho y de forma octagonal que giraba lentamente.

Momentos Inusuales – Rodraz

Universo espiral

En un instante la espiral regreso a la copa del árbol. Dio un giro y como una oleada, todos los octágonos que llenaban mi campo visual, se transformaron en espirales. Miles, millones de espirales componían todo cuanto veía.

Y tuve la impresión que el manera rítmica en la cual se movían iban componiendo los diferentes tonos y colores de todo lo que me rodeaba. Fue tal la armonía con la que estaba rotando que sentí que las espirales se integraban a la realidad y en momentos eran imperceptibles, y por momentos se volvían más obvias para mí.

Tuve la sensación de que siempre habían estado ahí, pero nunca hubiera reparado en su existencia.

En ese momento Daniela salió de la casa, la luz se prendió y el gato se estiró y bostezó.

Ella entró de lo más normal en el auto, y yo podía verla compuesta por millones de espirales translucidas que giraban.

¿Te sientes bien? Estás pálido. Yo solo pude asentir.

Ella puso en marcha el motor y arrancó. Aquello fue un espectáculo indescriptible, miles de espirales giraban rítmicamente frente a mí componiendo todo cuanto veía.

Y tuve miedo. Miedo de morir. Miedo de que tal vez estuviera a punto de cruzar el último umbral al percibir tal despliegue de belleza y plenitud. Miedo del contraste, de los opuestos.

Y si esto es la realidad, entonces ¿Qué es el bien y que es el mal? Pensé mientras veía aquella visión espiral.

Observa. Dijo la voz

El bien y el mal no existen, solo el movimiento.

Vi a una persona que estaba parada en el paso peatonal. Daniela frenó y le dio el paso. La persona avanzó le alzó la mano en agradecimiento. De pronto las espirales que componían la imagen que yo veía de Daniela y las de la persona. Comenzaron a girar con más velocidad que las demás que componían la escena, y por algún momento me pareció más clara la imagen que tenía de ellos, más radiante.

Pero de pronto un automóvil nos rebaso a gran velocidad y pitando al peatón para que se quitara.  Y curiosamente pude ver como las espirales que componían la figura del automóvil y sus ocupantes, giraban muy lentamente. Casi no se movían.

¿Qué es esto? Pensé.

El bien y el mal no existen, lo único que existe es el movimiento. Escuche decir a la voz.

Rojo, ¿Cómo te sientes? Me preguntó Daniela.

Negué con la cabeza. Siento que me voy a morir. Le dije. Por favor llévame al hospital.

¿En serio?

Si por favor. Le dije.

Daniela me llevó a la cruz roja, y tan pronto bajamos nos hicieron esperar un poco en la sala. Al fondo estaban interviniendo a una persona sobre una camilla.

El efecto sobre mi miedo fue aún peor. Mire a Daniela y le dije. Perdón, pero creo que mejor nos vamos, ya me empiezo a sentir mejor. Lo cual era mentira. En ese punto mi campo visual estaba ya dominado totalmente por las espirales más grandes que distorsionaban toda mi imagen.

Al entrar al auto, ya no podía ver la realidad, lo único que veía era un cuadro como si estuviera frente a una pantalla de cine. Y en el cuadro solo se proyectaban miles de espirales en movimiento, estas espirales habían adquirido un tono rosado.

Yo soy siempre algo

Y no sé por qué pensé que si iba a perder la razón debía de aferrarme a algo. Y en ese momento en lo único que pensé fue en el tiempo.

¿Qué es el tiempo? Pregunté.

El tiempo es movimiento y depende de tu ubicación. Me dijo la voz.

¿Mi ubicación? ¿Se referiría a mi ubicación dentro de este mar espiral? En ese momento estaba totalmente lúcido, escuchaba los ruidos de la calle, la música, escuchaba a Daniela hablar por teléfono. Pero mi campo visual era un océano de miles y millones de espirales de distintos tamaños. Y de pronto todos los ruidos cesaron.

Estaba sumergido en este líquido espiral. Todas rotaban, había grandes y pequeñas miles y millones, de espirales de color rosado. Girando como engranes. Interconectadas.

Yo traté de ver mis manos, pero solo había espirales frente a mí.

De lo único que estaba seguro es que tenía un punto de vista.

La espiral más grande puede ser la más pequeña y la más pequeña se vuelve la más grande. Dijo la voz.

Y de pronto enfoqué mi atención en una pequeña espiral, y esta mientras giraba comenzaba a crecer y crecer hasta abarcar todo mi espacio visual, hacia cualquier punto, y de pronto veía que estaba compuesta de miles de millones de pequeñas espirales.

Volví a enfocar mi atención en una pequeña al azar. Y esta comenzó a crecer mientras giraba, hasta abarcar todo cuanto podía ver. Fue una sensación escalofriante, porque sentí que nada tenía ya sentido.

La distancia entre la espiral más grande y la más pequeña es de solo un giro. Dijo la voz.

Y volví a sumergirme en la inmensidad espiral en movimiento, en los octágonos engranados que con su movimiento afectaban a todos las espirales octagonales que los rodeaban.

Millones de espirales, que fluían modificando su tamaño.

Y yo sentía que la consciencia de mí mismo comenzaba a desvanecerse. Solo veía espirales y espirales, y perdía poco a poco el rastro de lo que yo podía significar en aquel mundo.

Traté de aferrarme a una espiral enfocándola. Pero esta pronto crecía y crecía hasta abacarlo todo y de nuevo estaba frente a las millones que la formaban.

Volvía a enfocar y volvía a sumergirme más y más.

Entonces sentí el latido de mi corazón como un ritmo. Y pensé.

¡Yo soy!

¡Yo soy siempre una espiral!

No importa cuántas espirales vea frente a mí, yo siempre seré una. Grité en mi interior.

Y en ese momento, volví a la realidad.

Daniela seguía hablando por teléfono mientras conducía. Y yo me vi mis manos, toqué mi cuerpo. Estaba ahí. Yo era. Ya no veía ninguna espiral. Solo el mundo tal cual era, tal cual yo lo recordaba. Había sentido como si hubieran pasado años. Pero al parecer apenas habíamos salido del estacionamiento.

Suspiré y traté de pensar en otra cosa para olvidar lo que me acababa de suceder. Y en ese instante me volví a adentrar en el mundo espiral.

Y de nueva cuenta trataba en vano de aferrarme a una espiral pero se volvía una imagen imposible de enfocar por su tamaño.

Yo soy, yo soy siempre una. Volví a gritar en mi interior.

Y la realidad invadió todo mi campo visual y recuperé mi percepción normal.

Cuando volví a entrar en el mar espiral. Pregunté harto ¿Qué es esto?

Es el devenir. Respondió la voz.

Y frente a mí, se formó de nuevo esta pantalla compuesta por un centenar de espirales octagonales en movimiento del mismo tamaño.

Ya no sentía la ansiedad del mar espiral, sino más bien sentí que estaba frente a una proyección.

La dualidad

Entonces la espiral que estaba en la esquina superior derecha comenzó a disminuir su giro. Y como si fuera una ola expansiva todas las que estaban a su alrededor lo hicieron hasta que todas giraban lentamente.

De la misma manera, la misma espiral comenzó a girar sobre su eje a mayor velocidad de rotación y como si fuera una piedra que cae sobre el agua, las demás comenzaron a aumentar su rotación.

Una de estas espirales se salió de su encuadre y como si fuera una proyección en 3d, se acercó hasta situarse a unos centímetros de mi punto de vista.  Esta espiral comenzó a girar más y más rápido. Tan rápido que no distinguía las comisuras de su forma espiral, y sin disminuir su impulso en un instante. Aquella forma se encendió. Convirtiéndose en un copo de luz. Una luz única, como nunca la había visto. Irradiaba todo cuento tenía frente a mí, y ese copo de luz parecía ya no se una espiral, sino que había transmutado en una nueva sustancia.

Sentí que abrí la boca, aunque no podía verme a mí mismo.  

Otra espiral que se encontraba detrás se acercó hasta colocarse de lado izquierdo del punto de luz. La espiral octagonal giraba lentamente era irradiado por la luz que desprendía su compañera.

La dualidad. Dijo la voz.

Ambos elementos parecían ser inseparables.

Fijé mi atención en esta dualidad y observé que había como unas delgadísimas líneas de luz azul y roja que los circundaban, como si uniera un magnetismo provocado por el movimiento de ambas a la luz y a la espiral.

¿Qué es lo que los une? Pregunté.

Lo que los une es el amor. Respondió la voz.

En ese momento, ambas volvieron a la pantalla, y al entrar el copo de luz, todas las espirales que giraban a su alrededor se transformaron en luz, cegándome por completo.

Pensé que sería el final. Y pregunté. ¿Qué debo hacer?

Haz lo que tengas que hacer. Dijo la voz.