Adios a mescalito

Legamos a la casa de Daniela, al momento de entrar en su recamara, le dije que tenía que contarle todo lo que había visto. Ella comenzó a llorar, no sé muy bien porqué. Yo estaba extasiado pero también tenía aún mucho miedo y escalofríos por lo que había percibido. Pero sobre todo porque no entendía el significado de lo que había visto. Había sido tan intenso que si cerraba los ojos, podía seguir viendo el mundo espiral. Incluso si fijaba mi atención sobre una lámpara o una pared, podía fácilmente distinguir las espirales y los copos de luz unidos por un halo.

De pronto tuve muchas ganas de vomitar. Voy al baño, alcancé a decirle a Daniela mientras ella se ponía su pijama.

Cuando llegué al baño, sentí o más bien “vi” a un insecto en mi garganta.

-Este viaje lo iniciamos en el desierto, es tiempo de que me vaya, pero Brazo se quedará contigo. Me dijo. Era la voz de mezcalito. La voz del cactus del desierto de real de catorce.

En ese momento vomité, y sentí como algo del tamaño de una pequeña zanahoria salía por mi boca. No tuve el valor de abrir los ojos y jalé a la palanca.

El filtro de la dualidad

Esa noche no soñé, pero cuando salimos de casa de Daniela al día siguiente, fue como si tuviera un filtro en los ojos a través del cual veía todo diferente, mucho más brillante y definido. Tenía puesto el filtro de la dualidad. De alguna manera sentía que podía comprender mi entorno. Casi no tenía dialogo interno, pero cuando enfocaba mi atención podía “entender” lo que estaba viendo.

No sentía éxtasis, sino más bien una sensación de tranquilidad infinita, no un valemadrismo, sino como si todo hubiera perdido la importancia que tenía antes, incluso mi propio yo.

Estaba ahí mismo, mi mente no divagaba, estaba ahí, ¿Me entiendes cómo?

Y de vez en cuando volvían estas imágenes como un flash.  Las espirales girando mucho más deprisa hasta convertirse en un copo de luz. –El bien y el mal no existen, solo el movimiento. Era tan lógico, sentí que estaba viendo el principio fundamental del universo.

Había sin duda tenido un viaje distinto al anterior, este viaje fue una visión sobre la naturaleza de la realidad.

Y de pronto otro flash, en mi propio brazo veía como la luz del sol se fundía en mi piel, y como los copos de luz se convertían en la materia compuesta por las espirales, cada una giraba a una velocidad distinta y esa particularidad creaba el color, tono, contraste. Todo esto mientras Daniela manejaba su coche rumbo a la casita.   

La espiral más pequeña al enfocarla, surge, “se acerca” a mi punto de percepción y se vuelve la espiral más grande en un solo giro. Esto lo cambia todo sabes, todo. Con esta simple imagen podía sentir que cualquier cosa era posible, es decir, podía partir de un punto minúsculo como una idea y al cabo de un giro, del tiempo, convertirse en una manifestación. No sé si me explico, pero sentí en ese momento que si enfocaba mi atención lo suficiente, podía conectar con cualquier persona en el mundo. Cualquiera, solo bastaba tener el enfoque y el punto de percepción adecuado, me entiendes.  Sé que parece una locura, y lo es, pero este viaje me hizo entender de una manera simple el acceso. ¿Acceso a qué? A todo. A cualquier cosa.

Exacto, ahí estaba el truco, el devenir, el divagar. Ese estado aparentemente es como la nada, es el no enfoque, la no existencia. Pero al momento de decir, Yo soy. En ese instante la consciencia sale de este filtro de la dualidad y convierte el entretejido espiral en la realidad. ¡Que locura! Lo sé, pero así lo vi.

Este entre tejido espiral no es otra cosa que movimiento, es el movimiento, ¿Te das cuenta? Todo se mueve, todo absolutamente todo, y es la velocidad de cada giro lo que le da la textura que podemos sentir, percibir.

Y luego la eternidad, cuando me lo digo aquella voz, -Siempre eres, siempre eres una espiral.  Lo mismo que había sentido cuando murió mi abuelo, ese extrañísimo olor que ascendió y me impedía respirar, ¿Te acuerdas que te lo conté? Bueno, pues es lo mismo, nunca dejamos de existir, nunca, siempre somos una, siempre soy una. Y tú también, y todo y todo. En algún punto las espirales que conforman mi cuerpo, o que percibo como mi cuerpo se disolverán en esta realidad, pero en el tejido espira, mi consciencia, mi yo soy, siempre existirá. Está ahí, ahí mero radica todo el asunto, en la esencia misma, el movimiento, pero sobre todo en el darte cuenta que eres y que de alguna manera te estas moviendo. ¿Cómo un sueño? Exacto, es como si la realidad fuera solo una sombra, sabes, como un velo que percibimos, y el tejido espiral estuviera siempre detrás y fuera su proyección creada por la luz la que forma esta pantalla. ¡Claro¡ como si la realidad fuera la sombra de los sueños.

Zipol

La verdad no tenía ganas de ir con la bandita a la playa de Nexpa, además sentía esta energía entre Juan Carlos, El Ernest, Daniela, que me revolvía la panza.

Necesitaba estar solo, pensar en lo que había visto, la imagen no se me quitaba de la cabeza día y noche, sentía que había muchas cosas que no entendía y comenzaba a confundirme. Estaba desorientado, como si tuviera una resaca emocional. Tú me entiendes. Así que le pedí a Daniela si me podía llevar de favor a la central de autobuses. Tomé el primer autobús al DF, luego a Oaxaca, y de ahí viaje todo al anoche hacia Pochula. Creo que dormí todo el camino, lo necesitaba.

Cuando llegué, me recomendaron tomar una camioneta para llegar a Zipolite.  ¡Wey, que pinche lugar tan más chingón¡ 

Me instalé en de las tantas palapas que estaban en la playa y les renté una hamaca. Digamos que si tienen un poco de varo, puedes rentar una habitación, luego hay palapas solas, y también cuartos y camas en el hostal que está al borde de la playa. Pero yo alquilé una hamaca por veinte pesos, puse en ella mi sleeping y le encargué mi mochila a la señora de la Palapa. Y creo que escogí bien, porque la doña hacia las mejores tortas de la playa, y costaban 10 pesos. ¡Wey¡ 10 pesos, y la caguama 5 pesos. ¿Te imaginas? ¡El paraíso¡

Conocía a un grupo de amigos que veían del DF, eran unos tres años más jóvenes que yo, pero hicimos buen contacto. Ello me decían, Roy, hoy hay algo en el Hostal en la noche. Roy mañana es el rave en la playa La Conchita.

También me dijeron que iban a pasar año nuevo en Punta Cometa en la playa de Mazunte en dónde habría un ritual de purificación para el año nuevo y me lancé con ellos.

El sueño en Zipolite

Yo me regresé temprano para dormir en mi hamaca, pasadita la media noche. Ese día había visto delfines cerca de la playa. No sé, necesitaba estar tranquilo.

Recuerdo perfectamente el sueño, primero sentí que caía en el vacío, y después despertaba en la casa de Tula. Recuerdo que salí al pasillo de la casa y veía al fondo a mi abuela. Ella estaba de espaldas hacia mí y caminaba lentamente, se detuvo y cayó de costado.

Intenté acercarme para levantarla y vi que de su cuerpo tendido se erguía una silueta espectral, hasta que su imagen fantasmagórica se alzó completamente a un costado de su cuerpo tendido. Tenía la cabeza agachada y un halo rojo la rodeaba.

En su mano derecha sostenía unas tijeras largas, yo me detuve en seco al ver esta imagen, y de pronto ella levantó la vista mirándome de frente, sus ojos eran blancos y su semblante agresivo y en un momento, este espectro avanzó velozmente hacia donde yo estaba levantando las tijeras.

En ese momento me desperté y pensé que algo le había pasado a mi abuela que estaba en Guadalajara. Esperé a que abriera la palapa, y le pedí a la señora el teléfono.

Me contestó mi madre. -Hay hijito, ojalá puedas venir lo más pronto que puedas. No, no te quiero decir por teléfono. –Me dijo.

Colgué, recogí mis cosas y tomé el primer camión a Pochutla, y ahí esperé el autobús que salía en la noche hacia Oaxaca.

Fue muy extraño, yo por supuesto no podía dormir y tenía este nudo en la garganta de no saber qué era lo que había pasado con mi abuela, pues el sueño había sido muy real.

 Entre curva y curva algún punto de la sierra de Oaxaca en la madrugada, abrí la ventanilla porque había mucho calor y claramente vi a una familia alumbrada por los faros del autobús que caminaban a la orilla de la carretera. Pensé que el autobús iba a parar para recogerlos, pero no se detuvo y continúo lentamente su empinado camino. La imagen de una familia caminando a esas horas por la carretera me inquietó y seguí a sus miembros con la mirada. Pero te juro que nunca me había pasado, cuando el camión pasó a su lado yo los vi tan cerca que de haber querido los pude haber tocado, pero en ese momento se fueron desvaneciendo hasta desaparecer.

Eso me paso de nuevo en otra curva a unos kilómetros más adelante, pero ahora con un par de personas que parecían campesinos. Los ví iluminados por la luz del autobús, le hicieron la parada, el autobús no se detuvo, y cuando estuve a su lado las dos figuras desaparecieron en la noche.

La llegada a la casa de Tula.

Cuando llegué a la casa de Tula al otro día con mi mochila al hombro, toqué la puerta, y para mi asombro, fue mi abuela quien me abrió.

-Pasa hijo, te estábamos esperando. Me dijo.

¡Abuelita! Y la abracé como nunca lo había hecho.

–Hay papacito lindo, ¿dónde andabas chamaquito? Ven que tu mamá y yo tenemos algo que decirte.

Mi mamá estaba sentada en el borde del sillón de la sala, algo que nunca hacía con un semblante triste. Me dio un beso y me tomó la mano.

-Hay mi hijito, siento mucho lo que te voy a decir, pero Nachito Mágico murió.

-¿Qué?

-Si mi hijito tus amigos te están tratando de localizar, al parecer ayer por la tarde murió.

Haidé

Tomé de nuevo mi mochila y caminé hasta la estación de autobuses. Ahí tome otro autobús hacia Querétaro.

Llegué a la casita del terror al atardecer, no había nadie, la casa estaba totalmente sola, y la humedad se sentía más que nunca en las altas paredes descarapeladas de la casa.

Llamé a Daniela y al cabo de un rato, ella, Miguel, Ernesto, y Miros llegaron a la casa. Me explicaron el contexto. Estaban tan tristes que ni siquiera podían enlazar bien las palabras.

El cuerpo lo habían trasladado directamente al rancho de su familia en Nopala en donde se había llevado a cabo la primera misa, al parecer todo había pasado muy deprisa. Y ya habían enterrado a Nacho Mágico. Yo estaba aún en shock, no podía creerlo. No podía. Lo único que alcancé a formular fue un. ¿Alguien le avisó a Haidé?

Todos movieron la cabeza y poco a poco se marcharon de la casa. Como si no quisieran estar ahí.

Más tarde, salí de la casa y le marqué de un teléfono público a la casa de Haidé.

-Cuin, tienes que venir.

-¿Por qué Cuin? ¿Qué pasa?

-Ven a la casita aquí te explico.

-Ok, ahorita voy.

Haidé llegó a eso de las nueve de la noche, yo la estaba esperando en la banqueta de la casa, no quería estar solo dentro de la casa. A veces miraba al final de la calle, y creía escuchar el rechinido de los frenos de la bicicleta de mi amigo. Aunque su bicicleta estaba en el fondo de la casa, en donde la había dejado antes de irse a Nexpa.

-Hola Cuin ¿Qué pasó? Me dijo Haidé al llegar. Ven vamos a dentro le dije.

Esa noche la pasamos en vela sin poder entender lo que sucedía, solo el casete de “the big blue” que daba vueltas y vueltas hasta que la última vela que habíamos encendido se apagó.

La llamada de Agromercados

Pinche traidor, me dije a mi mismo cuando colgué el teléfono.

Había llamado a Jesús Orozco desde un teléfono público en el DF porque mi madre me avisó que me estaba buscando. Después de una larga plática por teléfono y una breve entrevista, Jesús me había ofrecido trabajo en Agromercados para dirigir el área de marketing que aún no existía, pero que planeaban crear una marca de café para el mercado mexicano elaborada con el café de cuatro principales cooperativas de pequeños productores. ¿Te imaginas? ¡Era la primera vez que se hacía algo así en México!

Si lo sé, este cargo también incluía el puesto que había desempeñado Nacho Mágico. ¡Lo sé! Imagínate como me sentí, como un puto volcán, hirviendo con la emoción de la propuesta y cagado por el sentimiento de culpa. ¡Si wey!, ¿y tú que hubieras hecho? Yo lo acepté.

 Y estaba tan seguro de mí mismo, que incluso ya sabía cuál iba a ser el nombre de la nueva marca. Lo sabía. ¿Te das cuenta? Cómo pude haber sido tan arrogante y tan ciego? Pero de no haberlo sido no hubiera pasado todo lo que pasó.

Le llamé a Jesús Orozco a su oficina. –Acepto el puesto. ¿En dónde? En la colonia Roma, ¿Cómo se llama la cafetería? Nuestra tierra. Ok, ahí nos vemos, en Nuestra tierra. ¿Qué si conozco a Mario Monroy? No, no lo conozco. Ok ahí nos vemos. Hasta luego.

El Jabalí de Erimanto

¿Estás consciente?

Sí, respondí. Por alguna razón sabía que estaba soñando. Pero en mi despertar dentro del sueño, yo estaba en mi casa en Querétaro. Pasteur 64.

Entonces escuché un estruendo que provenía del fondo del pasillo. Y de pronto, otro y otro, el sonido parecía hacerse cada vez más fuerte y constante. Cómo si algo de gran tamaño estuviera corriendo en el pasillo hacia la habitación en donde yo estaba.

De súbito el ruido cesó justo frente a la puerta que daba al pasillo a mi derecha.

La luz tenue del candil de la calle entraba por la ventana que estaba a mis espaldas y me permitía distinguir la habitación con un ligero tono amarillento.

Miré por un momento aquel lugar que conocía tan bien. Como todas las casas coloniales que habían servido para alojar a las personas de clase baja de la época. Tenía unos cuatro por cinco metros de superficie, muros de doble altura construidos en adobe y pintados y repintados en cal. Y que con la humedad, se dejaban ver estelas que exponían las capas anteriores.

El techo estaba fabricado con viejas vigas de madera apoyadas en los muros laterales y que con el tiempo y su fabricación manual, estaban algo retorcidas.

Entre ellas se podían ver los tabiques que se alineaban en sentido contrario a las vigas y sobre los cuales se había puesto una capa de mortero para acabar la construcción.

Entonces comencé a ver como el muro que rodeaba la puerta se deformaba. Era como si algo que estuviera en el pasillo, tratara de entrar, pero tenía una masa desproporcionalmente más grande que la puerta.

Con un crujido la puerta se abrió y entró con dificultad la cabeza de un animal enorme, parecía un puerco un jabalí gigante que olfateaba, de sus fauces goteaba una baba espesa y con sus ojos vidriosos escudriñaba la habitación. Hasta que me ve.

En ese momento olfatea con más fuerza tratando de percibir mi olor y retiene por unos segundos su respiración. Y estalla en una ruidosa carcajada.

Entonces empuja con más fuerza y de alguna manera logra pasar por la puerta su voluminoso cuerpo. Hasta que se encontró en medio de la habitación y desplego su figura antropomorfa, irguiéndose apoyado en sus patas traseras.

Media cerca de tres metros de altura, era muy voluminoso y cubría su cuerpo con una manta oscura y de la cintura para abajo portaba una falda que llegaba hasta el piso manchado por su la grasa que dejaban sus pisadas y la baba que escurría de su hocico.

Comenzó a moverse de un lado a otro en la habitación frente a mí sin dejar de reír mientras me veía de reojo.

¿Tu? Gritó el monstro. Pero si eres un pobre imbécil. Y rio aún más fuerte, se arqueaba tanto que su hocico casi tocaba el piso sin lograr contener su carcajada.

Entonces vi que su falda era tan oscura que no reflejaba la luz, lo que hacía difícil percibir sus bordes. Pero además, en ella se proyectaban unas figuras amorfas, como siluetas de humo fluorescente.

Pude distinguir manos, piernas, torsos y manos moviéndose, que daba la impresión de estar atrapadas en la falda y deseaban salir desesperadas.

La criatura pudo contener su humor y con una mueca entre resignación y aburrimiento. Desplegó una larga lanza oxidada. La tomó con ambas manos y con un rápido movimiento me la arrojó.

En mi sueño, logré esquivar la lanza que se había estrellado en los barrotes de la ventana detrás de mí.

Tomé la lanza, pero era sumamente pesada, tanto que apenas logré enderezarla para apuntarle al animal.

Él me miró con un gesto incrédulo y sarcástico.  

Y con todas mis fuerzas la lancé hacia la criatura, pero solo logré que callera a un metro de distancia.

El puerco rio con tantas fuerzas por mi hazaña que pensé que se ahogaría en su propia baba.

El animal tomó como pudo la lanza y volvimos a repetir la danza mortal. Qua más bien parecía que el monstro estaba jugando conmigo como un gato con su presa.

Al punto que aquel puerco gigante estaba tirado en el piso sacando espuma por su hocico mientras reía sin poder contenerse.

Fue cuando tomé uno de los vidrios de la ventana rota y comencé a atacarlo. Cuando creí que le había hecho suficiente daño, el animal. Se pone en pie, sacude su inmensa cara dejando rastros de sangre por toda la habitación.

Pobre imbécil, ¿crees que una pequeña criatura como tú me puede vencer? Y comienza a reír de nuevo.

Yo estaba agotado por el esfuerzo, así que tomé la lanza y la empuñé con la energía que me restaba, estaba decidido a morir atacando a la bestia.

Entonces el ruido de muchos hombres acercándose se aproximan hasta la habitación, y una luz cegadora entra por la pequeña puerta iluminando toda la habitación.

Veo solo la silueta de un hombre que se aproxima hasta mí y toma la lanza.

Gracias, esta es el arma que necesitábamos.

Al acto, la criatura que apenas había tenido tiempo de incorporarse, miró de frente a la figura humana que estaba a mi lado y palideció de miedo. Ese hombre, era Hércules.

La cara del Jabalí mutó del verde oscuro al gris pardo. Mientras que su cuerpo se empequeñecía debido a la presencia del otro ser. Hasta quedar convertido en un pequeño puerco, que corría despavorido en todas direcciones hasta que huyó por la puerta rumbo al fondo del pasillo de la casa.

La mutación del nahual

En mi sueño, yo me encontraba sentado en un peñasco en lo alto del cerro del Xicuco, era de noche y la pálida luz de luna me dejaba ver una parte del valle del mezquital.

Entonces vi como una figura humana se acercaba en la oscuridad hasta donde yo estaba. Era un hombre y portaba un sombrero ranchero. Por su aspecto y su manera de caminar deduje que era un campesino de la zona.

Se sentó junto a mí y comenzamos a hablar.

-Mira, este eres tú. Me dijo y alzó su mano derecha que mantenía con el puño cerrado con los dedos hacia arriba. Abrió su mano y observé una mariposa nocturna, una polilla parda, era grande, casi del tamaño de la palma de su mano.

-Solo tu sabes si te transformas en tu nahual. –Me dijo. Y acto seguido, la paloma nocturna comenzó a mutar hasta convertirse en un gran búho gris. El animal aleteo dos veces y se fue volando por la cima del volcán. En ese momento me desperté.