9. Conversación con mi brazo izquierdo

¿Escuchan eso? Dijo Nacho, se puso de pie y caminó hacia el umbral del tejaban en donde pasaríamos la noche dentro del castillo surrealista en la selva de Xilitla. Natacha y yo lo seguimos. Y como si el cielo se hubiese roto, la lluvia, como una densa cortina de agua. ¡Órale! ¡Wow! Admiramos los tres el aguacero. Y Natacha abrazo a Nacho por la espalda, con la luz de la vela vi como él se dio la vuelta y la abrazó. Si ustedes muy juntitos junto a la vela ¿verdad? Pero saben que, ya no me importa porque yo tengo a Brazo. Les dije a mis amigos que me miraron de frente. Instintivamente doble mi brazo izquierdo hacia adelante formando un ángulo de noventa grados, y con la palma de la mano girada hacia el interior ligeramente abierta. Como si fuese a saludar a alguién. ¡Ro! Me dijo Natacha. No en serio. Verdad Brazo que nos tenemos a nosotros. Y comencé a hacer muecas y mímica con mi mano izquierda como si fuera un personaje. En serio somos buenos amigos. Mira Brazo no se me despega ni un segundo. Dije tontamente, mis amigos rieron. ¡Estás bien loco! Me dijo Nacho con una mueca. Mira, a Brazo no necesito saludarlo. Y luego mira, brazo me abraza. Y comencé a actuar de espaldas hacia ellos como si mi brazo izquierdo fuera el brazo de otra persona. Si a veo que estas bien acompañado. Dijo sonriendo Natacha y sujetando la mano de Nacho. Me di la vuelta de frente a mis amigos y reí de mi propia tontería. Baje mis brazos finalizando mi sketch. Hubo un silencio y unos segundos después Nacho me dijo. Ya vas a empezar de nuevo. Mm, No. Le respondí. Entoncés miré mis brazos y lo ví en la misma posición. Doblado hacia adelante. Solo que ese movimiento no lo había querido hacer yo. Pensé bajar el brazo. Pero no pude. Mire a mis amigos. ¿Todo bien Ro? Mm, eso creo. Le respondí a Natacha. Miré a mi brazo concentrándome aún más para bajar mi brazo. Pero un movimiento que en cualquier otro momento hubiera parecido simplísimo. Ahora no lo era. Mi extremidad no me obedecía. Sujeté mi brazo por la muñeca e intenté bajarlo. Pero estaba tieso como una piedra a pesar que parecía tener una posición con la mano relajada ligeramente abierta. ¡Ah chinga! Comencé a inquietarme. Nacho mascullo una risa forzada. Sujeté con más fuerza mi brazo e intente doblarlo. Y a pesar que soy diestro y que mi mano derecha es en teoría más fuerte no logré moverlo. ¡Ah cabrón! Gruñí. ¡Pérame! ¡Que ahorita te arreglo! Dije en voz alta mientras forcejeaba con mi brazo izquierdo. La escena debió haber sido muy cómica porque mis dos amigos ahora reían con mayor convicción. ¡Este wey! ¡Hay Ro! Dijeron enmarcados por una densa negrura. Hasta que me enderecé frente con un cómico semblante hacía ellos con el brazo izquierdo doblado hacia el frente de nuevo formando un ángulo recto. Ambos rieron. ¡Te pasas pinche Ro! Me dijo mi amigo. ¡Wey, no es mamada! Necesito que me ayudes con mi brazo le dije muy serio con el brazo hacia el frente. Ja ja ja. Rieron más fuerte hasta que su voz se fundió con el ruido de la lluvia. ¡Wey! Le respondí medio entre risa. En serio, wey, en serio no puedo mover mi brazo. ¿Cómo que no puedes? Pues no puedo. ¡Míralo! Le dije a Nacho. Él suspiro y se acercó a mí y pude leer en sus pensamientos que era una astuta manera de sepáralos. ¡La estás aplicando bien he! ¡Es-en-se-rio! Le dije. ¡Si Claro! Ambos tomamos mi brazo izquierdo y comenzamos a forcejear. ¡Ustedes dos están bien locos! Nos dijo Natacha. Ambos caímos al piso enredados, y apalancados a mi brazo tratando de enderezarlo. Y de pronto Nacho se paró en seco mirando a mi brazo de frente. Me soltó de un golpe y se puso de pie. Su rostro apenas iluminado por la vela y enmarcado por la oscuridad lo hacía ver aún más asustado. ¿Qué pedo wey? ¿Qué es eso? No lo sé. Le dije recuperándome. Natacha paró de reír. Ya Ro, para por favor. No puedo. Le dije. Miré la palma de mi mano por un instante y tuve un momento de claridad. Un rayo iluminó nuestra pequeña guarida. Creo saber que es. Les dije. ¿Quién? Me pregunto Natacha mientras se acercaba a Nacho para abrazarlo. Es Brazo, mi inconsciente.

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10. Hipnosis sobre el autobús

Cuando era estudiante en la Universidad del Valle de México mientras caminaba por el centro de Querétaro encontré en una libreria de libros usados un pequeño manual de auto hipnosis de una edición de bajo presupuesto. En su portada aparecía el dibujo a lápiz de un ojo humano. En ese momento yo viajaba casi todos los fines de semana hacia San Martín Texmelucan, para trabajar con Nacho en los diseños de una fábrica de pantalones de mezclilla que llevaban el absurdo nombre de Golfo Jeans. Y en tantas horas de ruta acostumbraba a leer todo tipo de cosas. Este manual era una guía para lograr el auto hipnosis después de una completa relajación y el movimiento involuntario de alguno de los dedos de la mano. Para esto se pedía al lector pensar en una pregunta cerrada y esperar la respuesta afirmativa con el movimiento inconsciente de un miembro del cuerpo. Esa vez a la altura del paso de cortés frente al volcán Popocatépetl, logré que mi dedo meñique respondiera de manera afirmativa y el índice a la negativa.

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11. Es mi inconsciente

Es mi inconsciente, les dije a mis amigos. Mientras sujetaba con fuerza mi brazo izquierdo. Un rayo iluminó el cielo y la selva dejándonos ver por un instante las paredes del tejaban en donde estábamos a lado del camino de piedra que bordeaba el río Xilitla desde la entrada del castillo surrealista de Sir Edward Jemes, hasta la cascada varios cientos de metros selva adentro. ¿Qué dices? Me dijo Natacha. Y en ese instante, en mi mente aquella locuro comenzó a tener sentido. ¡Claro! Dije. No puedo mover mi brazo, porque mi inconsciente tienen el control sobre él. ¿Qué? Pinche Rodraz !Estás bien loco! Dijo Nacho mientras volvía a abrazar a Natacha y o los miraba bajo la luz de la tenue vela. Eso mismo. Es todo aquello que escapa a la pequeña luz en la oscuridad a  la que llamamos consciencia. Es el mundo que se extiende más allá de las fronteras de nuestra comprensión y de nuestro rango perceptivo. El instinto, el yo interior, el que controla cada movimiento dentro de mi cuerpo. La parte de mí que no es consciente de sí misma. Dije. Es el movimiento. Masculle. ¿El qué? Preguntó Natacha. Brazo ¿Con que movimiento expresas un, si? Pregunté mirando a mi brazo izquierdo. De pronto mi mano giró dejando la palma hacia arriba y comenzó a abriste como una flor. Miré a mis amigos. Otro rayo calló iluminando la selva. Brazo ¿Con que movimiento expresas un, no? Dije en voz alta con un tono más seguro. Mi mano se giró lentamente mientras se cerraba hasta que quedó con un gesto torcido palma hacia el piso. En este punto, supe que Brazo me respondía a las preguntas que le hacía mediante el giro de mi muñeca. Un movimiento involuntario de mi mano izquierda significaba, si. Y otro movimiento significaba, no. Brazo ¿Eres mi inconsciente? Pregunté, mi mano comenzó a girar hasta que quedó con la palma hacia arriba. Si. Yo miré pasmado a mis amigos por lo que estaba sucediendo, pues yo no tenía ningún control sobre mi brazo izquierdo y este se estaba respondiendo a mis preguntas. Poco a poco vimos con la escaza luz como mi mano se volvía a su posición inicial, con la palma en horizontal medio cerrada como si pretendiera tomar algo invisible. Brazo ¿Extrañaste a Rodraz? Le preguntó Nacho a Brazo. Mi mano comenzó a moverse hasta que nos mostró su posición afirmativa. Brazo ¿Dejará de llover esta noche? Preguntó Natacha. La miré intrigado, pues aqella pregunta estaba fuera de lo que yo pensé que era el inconsciente. Le preguntaba una predicción sobre la naturaleza. En ese momento pensé que brazo no iba a responder. Pero los tres vimos como poco a poco mi mano giraba hasta quedarse con la palma hacia abajo, respondiendo de forma negativa. No va a dejar de llover en toda la noche. Dije interpretando la respuesta de Brazo. ¿Será una broma de mi inconsciente? ¿Cómo podría saber semejante cosa? ¿Y si no solo es mi inconsciente? ¿Entoncés que es? En ese momento sentí como si me internara en un túnel, los sonidos se disiparon y la imagen de la selva se concentró en un solo punto lejano, cerré los ojos, y un segundo después los abrí como si hubiera despertado de un sueño. Miré mi brazo y comprobé que había vuelto a recobrar el control sobre mis dos brazos. ¡Qué alivió! Dije, ya me estaba preocupando, solo fue un susto. ¿Vieron eso? Si que me asusté. Les dije a mis amigos acercándome un paso hacia ellos. Intercambiamos un par de frases cuando Nacho me dice. Hey Rodraz, está aquí de nuevo. Me dijo mi amigo señalando con la mirada a mi brazo izquierdo. Pero yo no había sentido nada extraño, miré entoncés y ví que mi brazo había adoptado la misma posición que antes, solo que esta vez tenía la palma abierta hacia arriba. Di un paso hacia atrás sin poder retirar la mirada de la palma de mi mano que con la luz de la vela, adquiría un tinte protagonista. Me abstrajo tanto las líneas de mi mano, su forma, la fuerza que parecía emanar de su cálida postura que todo a mí alrededor desapareció. Poco a poco Brazo que tenía el control de mi mano comenzó a acercarla lentamente hacia mi cara. Yo fui consciente de su movimiento y comencé a acercar mi cara hacia mis dedos dejándome llevar por la intención de mi mano que parecía surgir de la oscuridad. El sonido de la lluvia desapareció, cerré los ojos a centímetros de mi mano, y pude sentir como irradiaba calor, pero también un fuerte magnetismo que me atraía como un imán.  Hasta que en un momento sentí el contacto de la mano extranjera en mi frente y entonces, Brazo se volvió de nuevo mi brazo, tuve su sensación de nuevo, su punto de vista, y como si una descarga eléctrica hubiera sacudido todo mi cuerpo, caí arrodillado al piso, noqueado por la fuerza de la unión y comencé a llorar. Con tanto sentimiento como nunca antes. Ro tranquilo. Escuché la voz de Natacha. Que me abrazaba. Yo me encontraba en un momento de híper consciencia. Nacho, me escuchó y nos abrazó a Natacha a mi. Tranquilo Ro, todo está bien. Me dijo. Estuvimos cerca de un minuto así. Hasta que volví en mí. Respiré profundamente y me puse de pie. Tuve la sensación de estar conectado con todo lo que me rodeaba, también sentí una inmensa paz y el momento más lúcido que he experimentado en toda mi vida. Estaba despierto. Con los sentidos al máximo. Miré a mis amigos y les dije. Lo que acabo de experimentar fue la unión entre el consciente y el inconsciente.

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13. El castillo medieval

Natacha me abrazó y sujetó mi cabeza en su regazo. No te preocupes Ro, todo está bien. Me dijo mientras yo escuchaba como la lluvia golpeaba con fuerza el tejaban en donde pasaríamos la noche en la selva de Xilitla. No te apures, volvió a decirme, solo es tu imaginación, lo que te está pasando, solo está en tu mente. Sus palabras me tranquilizaron, era cierto. Todo lo que estaba ocurriendo estaba solo en mi mente. La luz espiral que desprendían los sonidos, la parálisis momentánea de mi brazo izquierdo, las palabras de mezcalito que salieron de mi boca con otra voz que no era la mía, las visiones del desierto. Si, ella tenía razón, debía de tenerla. Todo estaba en mi mente, solo eso. Solo eso me repetí en silencio.   Dime que es lo que ves ahora. Me preguntó Natacha mientras me abrazaba. Veo una construcción en piedra parece una muralla de unos treinta metros de alto, veo que tiene torres redondeadas que la flanquean, me da la impresión de que es una fortaleza medieval. Entre dos torres veo una gran puerta de madera. Entro por la gran puerta de madera que parece entre abierta.  En el interior veo que está decorada con alfombras que cuelgan de las paredes, no veo a ninguna persona, sigo avanzando. Hay una gran escalera, subo, y llego a un pasillo que se extiende en dos direcciones bordeando la muralla.  Giro hacia la derecha y continúo. Al fondo se percibe una tenue luz, me acerco más y veo que salen del umbral de una puerta. Me acerco y la empujo. Veo una habitación circular, parece que es la habitación de la torre,  dentro hay una mujer que está mirando por la ventana medieval hacia el horizonte, no parece haber nadie más en la habitación, ella se cepilla lentamente el cabello, tiene  el cabello largo hasta la cintura y lleva un vestido verde. Se detiene, creo que ha reparado en mi presencia, voltea hacía la puerta. Eres tú. Tienes el semblante triste. Tienes lágrimas en las mejillas.  Mi visión se mueve y comienzo a elevarme, veo la torre desde lo alto mientras mi visión asciende. Veo el castillo en la penumbra, el sentimiento de soledad de tu mirada me permea y siento que no hay nadie en el castillo, que no hay nadie en el bosque que lo rodea, sigo ascendiendo, parece que no hay nadie a cuarenta kilómetros a la redonda. Natacha me sueltó. ¿Por qué dijiste eso? Me preguntó. No sé. Le dije. Natacha se dio la media vuelta y enfilo hacia el camino de piedra bordeando el río fuera del tejaban.

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14. El Círculo de protección

Por alguna razón, Nacho acomodó las sillas de plástico a nuestro alrededor creando un círculo y había dispuesto las mochilas y los sleepings en el centro. Mientras Natacha y yo habábamos. Cuando ella salió con prisa caminando bajo la lluvia me preguntó bruscamente. ¿Qué le dijiste? ¿A dónde va? No sé. Respondí. Nacho terminó de acomodar el lugar, verificando que las sillas estuvieran bien juntas unas con otras. ¿Que haces? Le pregunté. Un círculo de protección. Me respondío mi amigo. Pero si tu no crees en eso. Le dije sonriendo tímidamente. Él paró de hacer lo que estaba haciendo y me miró con el ceño fruncido. Con su mirada me dijo todo y cambié de tema. ¿Estará bien Natacha? Mejor vámos a buscarla, el rio está muy crecido y no le vaya a pasar algo. Dijo Nacho. Salimos del círculo que mi amigo había hecho y al instante sentí como si mi peso corporal se duplicara. Y de nuevo volvía a sentir la extraña sensación de que algo me jalaba hacia el piso. Caminamos bordeando a tientas la pared enmohecida. De pronto observé como la la sutilísima sombra que creaban las piedras del camino, depronto se volvieron mucho más perceptibles. Tenían un negro tan profundo y absoluto que se podían diferenciar en la noche. Parecían tener volumen, como si aquellas sombras fueran las gotas derramadas de petróleo. Apuré el paso y observé como estas sombras se aglutinaban formando un líquido de sombras. La imagen me aterró pero me pudo más la necesidad de encontrar a Natacha. Está bajo la escalinata frente a la primera poza. Le dije a Nacho. ¿Cómo lo sabes? Me dijo. No lo sé. Respondí. Y unos metros más adelante, con la ligerísima luz provocada por el reflejo del pueblo de Xilitla en las nubes. Encontramos a Natacha en el lugar en donde le había señalado a Nacho. Nos vió llegar y nos abrazó. Me dio un beso mientras intentaba hablarle. Pero no me dio oportunidad. Tomó su blusa y se comenzó a desnudar. Te encargo mi ropa y mis collares, me dijo al oído mientras me colocaba todo por encima. ¿No te vas a meter a la poza con la lluvia? Le alcancé a decir. Y de un salto aventó al agua. Nacho y yo instintivamente nos cubrimos los oídos. ¡No mames! ¿Qué fue ese estruendo? Dijo Nacho. Yo sentí el sonido agudo en mis tímpanos como cuando sales de una fiesta. Cuando abrí los ojos, abrí también la boca. Todo, todo, todo cuanto me rodeaba tenía dos líneas de color, una roja y una azul. Ambas vibraban una sobre la otra. Miré a mi alrededor y vi asombrado que las escaleras que continuaban vereda arriba tenían estas delgadísimas líneas de luz, las escalinatas a lado de la poza, las hojas de los árboles que crecían sobre la poza, las ramas que las sostenían, la vegetación entera que nos rodeaba. Y principalmente el afluente de agua, en donde estas líneas vibraban con unas crestas y valles más pronunciados. Incluso se interponían ambos colores. La poza en sí misma, su superficie. Y entonces vi salir a Natacha del agua fría. Y su desnudez estaba ataviada por estas mismas líneas de luz. Está delisiosa el agua, ¿No quieren entrar? Nos dijo a Nacho y a mi gritando feliz. El agua caía por la cascada con fuerza en la poza de agua y se escuchaba el rugir del torrente que crecía con la lluvia. Yo sacudíla cabeza. Estaba admirado y aterrado a la vez mirando a mi alrededor. Ella salió y se vistió. Me acarició en la mejilla como a un cachorro mojado. ¿Vamos Nacho o te quieres quedar un rato más en la lluvia? Le dijo a mi amigo. No, vamos. Respodió. Yo comencé a caminar tratando de seguir a Natacha como pude. Pero conforme caminaba las líneas de luz comenzaban a desaparecer. Y pensé que tal vez había sido el sonido de Natacha saltando al agua, lo que había excitado mi visión provocando las ondas de luz. Y conforme los colores desaparecían, del piso comenzaban a surgir de nuevo las sombras líquidas, agrupándose una vez más y se dirigían hacia donde estábamos nosotros. Cuando por error, caminaba sobre una de estas sombras, sentía como mi fuerza disminuía. Hasta que entramos por fin al tejaban y una vez dentro del circulo que Nacho había trazado con las sillas de plástico me sentí reconfortado y vi como las sombras no crecían ahí dentro. Han notado como si se encendiera el humo de un cigarrillo en la otra caseta, a lado de la entrada. Sí. Yo también. Pues mira. Dijo Natacha. A lo mejor es alguien como nosotros que no tiene donde dormir. A lo mejor es el artesano que vendía cuentas de jade en la entrada. Tal vez. No lo sé. Pero siento que es un protector. Lo que sea. Dijo Natacha. Con que no se lleve nuestras cosas. Nos secamos y acomodamos las cosas dentro de la cafetería. Cuando comencé a escuchar la canción de, Santa Lucía, tan claramente como hubiera un radio encendido en el lugar. Este viaje lo iniciaron juntos, y juntos lo tienen que terminar. Escuche de nuevo la extraña voz en mi interior. Y sentí como me jalaron bruscamente hacia el piso. Alcancé a acomodarme encima de mi sleeping. ¿No tenemos agua? Dijo Nacho y comenzó a buscar en las mochilas. No, ya no quedaba ninguna botella. Dije. !Mira¡ Nos dijo Natacha sosteniendo una botella nueva. ¿Pero cómo si ya no había? ¿Agua Querétaro. Y tiene los arcos y todo. ¿Agua Querétaro? Pregunté. Pero nunca compramos una botella como esta. ¿O, sí? Yo no me acuerdo que exista el, agua Querétaro. Nunca la había visto. Pues tengo mucha sed. Dijo Nacho tras oler la botella.  Le dio un trago. Luego otro, y luego otro. ¡Ah! Esta buena. Nos dijo. ¿Quieren? Si, por favor. ¿Quieres Nat? Si, gracias. Sentí de nuevo el tirón. Ya sé que estoy loco, pero escucho una voz que dice que debemos terminar el ritual juntos. Ella me acarició con una mirada entre lástima y preocupación. Poco después, no se si por el cansancio o porque, pero entre Nacho y ella apagaron las velas y cerraron aún más el círculo de sillas. Dormimos uno a lado del otro con Natacha en medio. Que descansen chicos. Hasta mañana, dijo Nacho. Aún no lo sabía pero la más aterrador de aquel viaje me estaba esperando.

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15. Visiones premonitorias

Estábamos acostados en medio de la noche dentro del castillo surrealista de Edward Jemes. Yo trataba de dormir, pero miles de imágenes cruzaban mi cabeza. De pronto tuve la sensación de entrar en un túnel. Poco a poco pude ver que se trataba de una especie de laberinto bordeado por arbustos de gran tamaño. La imagen se volvió cada vez más nítida, estaba consciente de que estaba acostado en el tejaban, pero al mismo tiempo las imágenes parecían igual de reales. Entonces después de recorrer aquel pasillo rodeado de arbustos, llegué hasta un espacio abierto y oscuro. Entonces cuando tuve la sensación de haber salido, frente a mí, se alzó de nuevo otro laberinto más grande, recuerdo que corría entre ramas y en la oscuridad grisácea tratando de hallar la salida. Cuando por fin lo conseguí un tercer laberinto surgió del fango. Esta vez me costó aún más trabajo porque parecía un interminable  camino de lodo y arena que se hundía. Y cuando sentí que había salido de aquel tercer laberinto escuché una voz que dijo. Has pasado la prueba y este es el primer mensaje. Entonces vi a la tierra desde el espacio. Podía ver claramente como nuestro planeta giraba sobre su eje como una enorme bola azul. Al poco surgió detrás de ella, la Luna. La imagen era tan real y clara que podía ver cada detalle, los continentes, los océanos, las nubes. Ha sido sin duda una de las imágenes más hermosas que jamás haya visto. Entonces poco a poco siguiendo comenzaron a aparecer en mi campo de visión, los planetas. Se podían ver como continuaban su habitual trayectoria, pero que al mismo tiempo parecían estar alineados. Marte, después Jupiter, Saturno, Neptuno, Urano, Plutón.  Esta visión era majestuosa. Entonces escuché la voz sutil apenas perceptible que me dijo. La alineación planetaria. De pronto esa visión desapareció y dejó lugar a una caótica escena, fugaz y rápida que contrastó con la pasividad de la anterior. En esta visión estaba mi amigo Edson dentro de un avión, de pronto el avión se desplomaba y caía al vacío con mi amigo en el interior. Quise despertar pero no pude, y traté de gritar o moverme para no permitir lo que estaba viendo. Entonces una voz gruesa e inquietante dijo. ¡Tiene que morir! No. Grité con todas mis fuerzas. Mi grito traspaso el umbral del sueño y me incorporé de un salto. Al instante que escuchaba la voz fuera de mi sueño, en la realidad de la noche que gruñó. ¡Tienen que caer! En ese instante, algo golpeo con fuerza el techo de lámina que nos protegía. Mis amigos brincaron del susto. ¿Qué fue eso? Ro, tranquilo, solo fue una rama que calló sobre el tejaban.  Me dijo Natacha viendo mi estado. Pero lo vi caer. Le dije a Natacha. No Ro, tuviste una pesadilla. Nada más. Tranquilo. Poco a poco recobré un poco en sentido, y bebí agua de la botella. Me acosté de nuevo. Ella comenzó a tararear alguna melodía que me sumergió de inmediato en un sueño profundo. Esta vez mi punto de vista se ubicó en la misma posición de antes. Estaba viendo la tierra desde el espacio a mi extrema izquierda y en el horizonte veía a los planetas alineados.  Esta vez sin embargo escuché una melodía profunda que surgía de nuestro planeta. Y de pronto las nubes se comenzaron a salir de la órbita terrestre y formando una estela que se movía plácidamente, parecía como si la tierra tuviera una cabellera larga que flotaba en el espacio, cuando fui consciente de eso, la tierra rotó y se transformó en el perfil de una mujer. Su rostro variaba ligeramente y me pareció que contenía la escencia misma de la feminidad. Es tiempo de su retorno. Me dijo aquel inmenso rostro planetario,  con una voz tierna. En ese momento mi campo de visión o punto de vista, giró en dirección contraria a la tierra, y en medio del espacio vi un punto de luz que se volvía más brillante a cada segundo. Es el tiempo de su retorno. Volví a escuchar aquella melodiosa voz. Aquel punto de luz, se acercaba a gran velocidad hacia la tierra.  Entonces mi visión se desplazó y se instaló por encima del objeto mientras avanzaba. Era una cápsula plateada en forma de huevo alargado. De lo que supuso mediría unos cinco metros de largo por unos dos metros de ancho. Pude ver con detenimiento como en la parte superior aquel capullo plateado era transparente y pude ver la figura de un hombre acostado con los brazos cruzados sobre el pecho con los ojos cerrados. Tenía la barba y el cabello largo hasta los hombros, vestía totalmente de blanco. Sus pies estaban ocultos a mi vista por la nave. Y vi cómo se dirigía rápidamente hacia la tierra que lo aguardaba con su expresión. Abrí los ojos y me incorporé sobre mi sleeping. Mientras lo hacía vi de reojo que Nacho se incorporaba al mismo instante. ¿Lo viste? Le pregunté susurrando efusivamente tratando de no despertar a Natacha que estaba dormida entre los dos. Nacho asintió. Fue como si hubiéramos estado conectados viendo la misma alucinación en el sueño. Los dos estábamos muy asombrados, pero la pesadez fue más fuerte y nos volvimos a recostar. En la visión que tuve al cerrar de nuevo los ojos, fue una imagen en la que Natacha y Nacho y yo recorríamos un desierto montados en tres caballos. Tienen que estar juntos para recibirlo en su retorno. Me dijo la misma voz femenina que había escuchado en la visión anterior. La imagen se difuminó y solo percibí la oscuridad. Una plácida oscuridad que llegaba después de una intensa noche de vívidas visiones Ya ha pasado todo. Me dijo la voz. Solo necesito algo de ti a cambio por lo que has visto. Pero no poseo nada. Le dije. Entonces con los ojos aún cerrados en el sueño, pensé, solo tengo mi collar de caracoles y jade. Eso es suficiente. Respondió la voz. Abrí los ojos, y sin levantarme del sleeping me quité el collar y lo puse sobre el piso junto a mí. Descansa. Despertarás mañana a las siete en punto. Apenas alcancé a escuchar una voz que se diluían entre el murmullo de la lluvia al caer. Cerré los ojos. Cuando los volví a abrir ya era de mañana, miré mi reloj justo cuando el segundero caía en la casilla doce marcando las siete en punto. Me levante con pesadez, Natacha no estaba y Nacho estaba preparando el café. Nacho, por favor. Puedes tomar mi collar que está en el piso y arrojarlo al rio. Le dije a mi amigo. ¿Qué? Te volviste loco. Pero es tu collar, de jade, con las piedras, caracoles, son todos tus recuerdos de viaje. ¡Por favor! Le dije con el semblante fruncido. Nacho lo tomó a regañadientes y se dirigió al caudal del rio que iba crecido por la lluvia, que no paró de caer en toda la noche. Cuando lo arrojó el rio se apaciguó por un momento. Nacho volvió caminando y me dijo abriendo la boca. ¿Escuchaste eso?

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16. El movimiento de Brazo

Septiembre del año 2000. ¿En dónde está Nacho? Pensé. Tomé el teléfono y marqué el número de su casa en la ciudad de México. Sonó una vez y colgué. ¿Y si me contesta su mamá? Me va a preguntar ¿Qué no está contigo? Marqué el número de su ex novia ¿Y si me contesta su marido? Colgué. ¿Estará en la casa de sus tíos aquí en Tula? Pero si voy, su tía le contaría a su mamá y la ex novia saldría al tema.  Pinche Nacho ya que se compre un teléfono. ¿Se habría ido con Natacha a Guadalajara? Este cabrón se pasa. ¿Estará con el Edson en Querétaro? Miré el reloj, Edson debería estar en la universidad o tal vez trabajando. Cerré los ojos deliberando entre una pregunta y otra cuando de pronto fui consciente que me estaba balanceando involuntariamente de derecha a izquierda. Abrí los ojos y miré a mi cuerpo como se movía sin mi consentimiento de un costado a otro. Sentí como una oleada de recuerdos y sensaciones que iban desde el sabor amargo de mezcalito hasta la pérdida de control sobre mi cuerpo que habían tenido lugar una semana antes en Xilitla. Se supone que aquello había acabado al amanecer cuando desperté y le pedí a Nacho que arrojara mi collar de jade al rio. Tal como mezcalito me lo había pedido. Sentí una efervescencia de emociones que iban del pánico a una curiosidad angustiosa. ¿Brazo? Pregunté con una voz delgada. Entonces, lentamente comencé a balancearme como una boya de mar sin mi consentimiento. No era yo quien estaba provocando mi propio movimiento. Pero tampoco lo impedía. Ahí estaba yo sentado en la silla sin apoyar la espalda al respaldo viendo como mi cuerpo se balanceaba hacia adelante y hacia atrás. Este movimiento involuntario y desconcertante estaba ahí, como una manifestación de un algo, de una fuerza irreverente que había despertado en mí, Brazo. ¿Me estaré volviendo loco? Me pregunté en voz baja, dejé de moverme. ¿Brazo estás aquí? Lentamente mi cuerpo volvió a balancearse hacia adelante y hacia atrás, como un péndulo y cuando se hizo evidente, el movimiento cesó. ¿Brazo sabes en donde está Nacho? El movimiento pendular me impulsó hacia delante y atrás, hasta que me resultó evidente su respuesta no verbal. Sí. Entonces el movimiento cesó.  Respiré varas veces tratando de contener mi emoción. ¿Nacho está con Natacha? Me dejé de mover y lentamente aquella energía motora creció hasta manifestar un movimiento de izquierda a derecha, hasta que se fui consciente de la respuesta negativa. Entonces el movimiento se detuvo. Así, mediante preguntas cerradas sobre las posibles ubicaciones de mi amigo, Brazo me indicó que mi amigo desaparecido se encontraba en un autobús camino a Tula. Yo me sentía escéptico sobre lo que me respondió Brazo, hasta que pocos minutos después mi madre me llamó. Ro, baja, Nacho acaba de llegar. Me gritó mi mamá desde la cocina. ¿Qué onda Ro? ¿Dónde andabas wey?   Me quedé con Amelia y casi pierdo el camión para venir a Tula. No manches que tráfico había en la carretera.

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