Con un ave sobre la cabeza

Mientras viví en Barcelona en el 2007 tuve un sueño muy raro. Soñé Había un hombre caminando y de pronto un gran búho volaba hasta él y se posaba en su cabeza, el ave se mantuvo sobre el hombre hasta que este calló de costado.

En la mañana fui a la misma cafetería de siempre por un cortado. Y mientras esperaba mi café miré con desinterés la televisión. Y entonces apareció en las noticias del día (no era una repetición) que en un pueblo de Holanda había un búho muy curioso que cuando los transeúntes pasaban junto a él, el ave tenía por costumbre posarse sobre la cabeza de la gente.

Yo me quedé con la boca abierta. Estaba viendo el mismo símbolo que acababa de ver en mis sueños.

El escarabajo dorado

Un psiquiatra estaba escuchando el sueño de su paciente, quien era una mujer que no respondía muy bien a la terapia.

La mujer le habló al doctor de su pesadilla aún emocionada por lo que había visto, y en algún punto del sueño alguien le entregó un escarabajo dorado.

En ese mismo instante algo golpeó la ventana del consultorio. El doctor se levantó y fue a ver qué es lo que había sucedió.  Para su asombro vio que se trataba de un escarabajo, justo como se lo acababa de describir su paciente.

A partir de ese momento la paciente se volvió más receptiva a la terapia pues pensó que se trataba de una señal del destino.

Para el psiquiatra aquel suceso fue algo más que coincidencia.  Fue un evento simultaneo entre el inconsciente, el momento en el que se vuelve consciente a través del relato y el mundo exterior.

Como si hubiera una conexión entre la psique y el mundo físico que se manifestara a través del simbolismo.

Aquel psiquiatra se llamaba Carl Gustav Jung y clasificó a esa serie de eventos como “sincronicidad”.

Un sueño que cambiaría nuestra forma de pensar.

Una noche del año 1619  un joven francés tuvo una serie de sueños. En uno de ellos él se encontraba en una habitación, y vio como unos libros sobre la mesa se comportaban de manera extraña.

Se acercó y abrió uno de ellos, en la página pudo leer claramente que decía «Quod vitae sectabor iter?»  «¿Qué camino seguiré en la vida?».

Y mientras él intentaba enfocar lo que leía, alguien apareció en la habitación y le dijo. «Est et non«: «Si y no» «Qué es y qué no es».

El joven francés despertó exaltado, intentando resolver el enigma que se le acababa de presentar. Y durante toda su vida trató de responder a esa simple pregunta y lo que resulta de ella. ¿Cómo saber que es y que no es?

¿Cómo puedo estar seguro que esta es la realidad y no es un sueño? ¿Y si todo fuera un sueño? ¿Qué es de lo único de lo cual podría estar completamente seguro?

Ese joven francés de 22 años fue René Descartes. El padre del racionalismo.