Desembarco

Querétaro, noviembre del año 2000

Carnal ¿Estás ahí?

Roy, soy Miguel. ¿Carnal?

La voz se filtraba por la ventana que daba hacia la calle y que mantenía abierta contantemente. Caminé por el pasillo hasta la puerta y abrí.

Carnal, ¿Cómo estás? ¿No estás ocupado?

No para nada, ¡pásenle! Le dije a Miguel y a su acompañante que sostenía una bolsa de plástico con botella de cerveza tamaño familiar.

Carnal, te acuerdas que ayer en la fiesta te hablé de que tenías que conocer a alguien. Me dijo Miguel.

Pues te traje al mismísimo Nachito Mágico.

¿Quihuboles que hay? Dijo Nacho Mágico alargando las consonantes.

Te trajimos una chelita

Deja voy por un destapador. Les dije.

Roy, no hace falta. Dijo el Mágico destapó con su llavero la caguama.  

Que gusto carnal, el Mike me habló mucho de ti. Y me pasó la botella a la que le di el primer sorbo.

¿Vives aquí solo?

Si, bueno desde hace una par de semanas, mis exroommies se pelearon y se fueron. Así que si, ahora vivo solo.

¡Wey! está poca madre la casita.  

Ya le dije al Roy que tiene que conocer a Atu.

Wey si, wey. Dijo Nacho mágico alargando las palabras.

Es que no te conté, pero aquí el Roy sabe bailar con las pois, con las bolas de fuego.

¡Quihuboles que hay! Roy ¿En dónde lo aprendiste? Yo lo acabo de ver en el barco. Te tengo que contar carnal. Le dijo Nacho a Miguel entusiasmado.

¿Cuál barco? Le pregunté.

Wey. Es que aquí el buen Nachito, Atu y Miros, acaban de desembarcar de un pinche viajesote wey, wey. Dijo Miguel dándole un trago a la caguama y pasándome la botella.

Wey, Mike y no te veía desde que te fuiste a Londres. Ese Mike, me tienes que contar tu viaje.

Pues mira. -Dijo MIguel estirando la espalda y alargando el brazo para tomar a Nacho Mágico por el hombro, haciendo una pausa mientras hablaba.

Carnal, Estuve un tiempo en Londres y pues luego. Dijo MIguel haciendo un ademán con la mano como un hacha. -Pues que me voy pa l’Africa a aprender percusiones. Dijo Miguel sonriendo.

Wey, wey, wey. Pinche Miguel que chido. Africa. Yo estuve en las faldas del kilimanjaro, te conté. Wey. ¿En dónde estuviste? wey, no mames que chido.

Hay que hablarle a Atu que se lance.

Wey, es que Atu también baila con fuego. Se lo enseñaron en el barco.

¿Pero qué barco? ¿Quién es Atu? Dije.

Pues Atu, mi Roy, es que la tienes que conocer.

¿Ya escuchaste el disco de Madredeus? Me preguntó Nacho Mágico.

No me suena. Y le di otro trago a la caguama y se la pasé a Miguel.

Mañana te lo traigo, lo tienes que escuchar. ¡Wey el fado, Portugal! Lo tienes que escuchar.

Háblale a Miros, dile que tiene que venir a casa del Roy.

Hay mi Roy, es que tienes que conocer a la Miros.

Tu casita, esta como para armar un tableado, Roy. Me dijo Nacho Mágico.

¿Un qué? Le pregunté.

Panchita

Entró a clase con su novio, un chico de cabeza rapada y con cara de poco amigos. Ella era la popular de la escuela, Daniela. 

Como siempre llevaba puestos unos pantalones ajustados, una blusa pegada y con el cabello recogido en una coleta. Daniela. Por supuesto la preferida de los profesores. No recuerdo ni siquiera que clase teníamos juntos en la universidad.

Yo por el contrario, era el lobo solitario, o más bien el lobo desapercibido. O como uno de los amigos de Daniela me apodaba. El mala cara.

Y no es que no quisiera integrarme. Es que, hasta la fecha nunca he sabido cómo hacerlo. Falta de carácter talvez, no sé. ¡El intelectual! Me gritaba un profesor, que para levantar mi ego era el más temido de la carrera.  Libros, café y soledad.

Un día me encontré a Daniela en el pasillo rumbo a la cafetería. Yo ese día me sentía un poco más confiado que de habitud y comenzamos a platicar. Yo le conté de mis viajes, de mis creencias y bla bla bla.

Ella estaba muy emocionada, digo. No exagero cuando escribo que Daniela ha sido la persona más expresiva que he conocido en mi vida. Es que no podía disimular ningún sentimiento, y tampoco que lo quería.

Con poco se emocionaba, pero cuando lo hacía, explotaba en júbilo como una chica de manga japonés con todo y las luces y los rayos cósmicos.

-Estoy junto con un amigo creando una tienda de ropa, se llama Quema.  Tenemos también algunos accesorios.

-En serio Gasho, ¡Que emoción!  -Gritó Daniela acentuando su acento de norteña.

-Pues si, mira te dejo una tarjeta postal que acabo de imprimir con el logo. Te apunto la dirección por si quieres darte una vuelta.

-¡Ah sí! !Está increible¡ En el centro de Querétaro. Gasho que lindo. –Volvió a gritar

La verdad nunca esperé que fuera a ir a la casita. Pero esa misma tarde llegó.

Las pois

Esa tarde había ido a comer al café del fondo y de ahí me pase un rato a Cuadros a escuchar quién estaba tocando.  

Por entonces el centro de Querétaro era un lugar poco turístico y en donde solo los músicos, pintores, poetas, hippies y jugadores de ajedrez se reunían en torno a algunos cafés de culto.  

Yo caminé hasta mi casa cuando vi la figura de Miguel iluminado por el farol.  Levantó los brazos.

Mi Roy. ¿Qué haces carnal?

Pues nada, caminando.

A su lado estaba una chica de tez bronceada, cabello rizado estilo afro y con una amplia sonrisa y un entusiasmo contagioso.

Wey, le conté a Atu que tú también bailas con fuego.

Pues sí, aprendí hace poco.

¡Chiquito! Yo también. -Me dijo. Vamos a prender.

¿Ahorita? Le contesté.

Sí Carnal, yo me traje el djembe.

¿En serio?,ok, pues deja saco mis pois. ¿No nos dirán nada los vecinos?

Hay mi Roy, no te apures, así tranquis.

Ok, deja veo, debo de tener un poco de gas en la cocina.

Nosotros trajimos gasolina Roy. Ira, aquí la traigo en el vochito.

Miguel sacó su djambé y se puso en la puerta de la casa. Mientras Atu y yo comenzamos a bailar con las pois entre dos coches estacionados en la calle de Pasteur. Y después de unos minutos decidimos remojarla tela en gasolina y prenderles fuego entre gritos y tambores.

Pinche roy

Wey, te juro mi Roy.  Te juro que no me lo vas a creer. Venía caminando a tu casa y que me encuentro con mi super carnal el Ernesto. Wey, wey. Que chingón.

Wey, no mames wey, a mi me había avisado mi carnala la Vero, que le callera a una casa en el centro wey.  Dijo Ernesto con una voz profunda y articulando cada letra como si estuviera leyendo poesía del siglo pasado en inglés británico.

Wey, no mames, mi Roy. Hace un chingo que no veía a este carnal, el Ernesto. Wey. Que chingón, no mames.

En eso Daniela se estacionó frente a la casa y bajo del auto junto con Vero. Yo la había cruzado varias veces en la universidad.

¡Gasho que emoción! – Gritó Daniela desde el otro lado de la calle.

Preséntame sangrón, quienes son tus amigos. Dijo Daniela exagerando sus ademanes y haciendo como si se peinara para la ocasión.

Hay pinche Dani, no mames. Es el Ernesto y el Miguel. Le dijo Vero.

¡Hay que emoción Gasho! El Miguel del que no paras de hablar. Dijo riendo.

No es para tanto. Repliqué en voz baja.

¡Qué se traen! !Que se traen! Gritó Nacho desde el fondo de la casa con una caguama en cada mano.

Nos sentamos en la habitación que tenía la gran ventana de frente a la calle adoquinada.

¿Qué traes ahí Daniela? En esa mochila cabe un gato. Dijo Nacho Pilas señalando su bolso.

¡Qué te importa sangrón! Déjame en paz. – Le dijo sonriendo.

Tuku, tuku tu. Vociferó una chica desde la calle sujetando con ambas manos los barrotes de la ventana. Carnal, no mames, que chido. Ábranme cabrones no mames. Dijo.

Ja ja ja La Miros. Dijo Ernesto y fue a abrir.

Tuku tuku tu. Se escuchó.

Después otro grito.

Atu, wey. Chiquita. No mames.

El Ernesto agitó las manos. ¡Wey ya sé armó este pedo bien cabrón, wey!

Miros se movía lentamente y contrarrestaba entre los cumplidos exageradamente cariñosos y las groserías. 

Chiquito, ¿Cómo estás? Me dijo Atu mientras entraba a la casa.

Si, ayer apenas conocí a Ro, vine con el Mike a su casa porque me dijo, -Chiquita tienes que conocer al Roy porque también baila con fuego. ¡Y Zaz! Que nos vamos por gasolina y le caímos a la casita a prender fuego. !Pinche Mike! Hasta se trajo el djambe y estuvimos aquí afuera en la calle prendiendo fuego como pinches locos.  Dijo Atu y soltó una carcajada.

Nacho para entonces ya estaba brindando con todos los que entraban a la casa.

Ernesto se fue al viejo tocacintas con Miguel y pusieron uno de sus cd que traían en la mochila y así entramos en un bucle espacio-temporal de bits de Saint Germain a Kruder and Dorfmeister.

En eso escuchamos un chiflido ensordecedor desde la calle. Y luego el rechinido de una bicicleta que se detenía frente a la ventana.

¿Quihuboles que hay? –Dijo Nacho Mágico desde la calle.

Wey, wey, wey, el Nachito. Se escuchó entre la música.

El ruido metálico de la puerta de la casa se escuchó. La bicicleta entró al pasillo mientras la rola de Rose Rouge dictaba sus últimos acordes.

El pasillo

Eran como las tres de la mañana. En serio, te juro que no lo estoy inventado. Estaba dormido en mi cuarto, y me desperté porque clarito escuché que alguien abrió la puerta de la casa.

-Wey, yo había cerrado con llave. Te juro. -Le di un sorbo a la cerveza.

Me quedé unos segundos en la cama, porque pensé que había sido un sueño. Y en eso, que empiezo a escuchar como si alguien caminara en el pasillo. -¡Wey, yo estaba solo en la casa!

Entonces me quito el sleeping y me levanto de la cama. Cuando en eso, el ruido se hizo más nítido. Era como si alguien caminara en el pasillo y arrastraba algo metálico, como cadenas. ¡Neta wey! Sé que no me crees, pero te lo juro estaba temblando. Abrí la puerta del cuarto y mire el pasillo. No había nadie.

Pensé, estoy loco, traté de tranquilizarme y le dí play al stereo. Mala idea, porque las rolitas que me encantan de Dead can dance, no son la  mejor opción para escuchar solo en la madrugada en una casa vieja. Edson rió. –Hay pinche Rodraz eso te pasa por andar tentando al diablo.

Pérate, que ya le bajo un poco a la música y me regreso a mi cama, bueno a mi colchón. Ya sabes que está a ras de piso. Entonces me pongo de cuclillas en la base de los pies y comienzo a gatear hacia la almohada, mi sleeping estaba del lado derecho, y mientras avanzo, voy viendo que el sleeping tiene una forma extraña, sigo su contorno con la mirada mientras lentamente me acerco a la almohada y veo que el sleeping tiene la forma de una mujer dormida a todo lo largo de la cama.

Puse una pinche cara de susto, me levanté en chinga y quité el sleeping de un tirón y prendí la luz. No había nada. ¡No mames me puse el pinche susto de mi vida! -Edson rió a carcajadas.

Ya no pude pegar el ojo en toda la noche y menos apagar la luz.  No era como si hubiera alguien debajo del sleeping, no era como si el sleeping fuera la misma persona. ¿Sabes cómo? 

-Hay pinche Rodraz, estás bien loco carnal. Me dijo Edson. –Qué me va a decir Sony. Hay mi Richard, cuida a mi niño. Pero si está bien loco Sony. ¿Cómo lo voy a cuidar? Ambos reímos.

Luna creciente en Jalpan

Estábamos en la casa de Jalpan de Miguel, bueno, la casa de don Chema el papá de Miguel.

El caso es que nos habíamos quedado a platicar afuera de la casa hasta la madrugada Miguel, Don Chema, el Benji y yo. Hacía mucho calor, y don Chema nos propuso caminar por el jardín frente a la presa.

Y en algún momento los cuatro nos quedamos de pie, callados, solo contemplando la presa de Jalpan iluminada por la luna creciente. Yo estaba por así decirlo a tras de Don Chema, a su lado estaba Miguel y el Benji estaba a mi izquierda un paso por delante, así que solo veía las siluetas de sus espaldas y miré como mis amigos miraban hacia el frente.

De pronto sentí como mis brazos se empezaron a levantar, ambos al mismo tiempo a mis costados, los sentía ligeros, como si flotaran.  Entonces que volteo al frente, y veo como los brazos de mis amigos se estaban levantando al mismo tiempo que los míos. No como si nos estuviéramos estirando o algo por el estilo, sino como te dije, haz de cuenta que mis brazos flotaban, así despacito, muy muy lento.

Pues igual los de ellos. Cuando teníamos los cuatro los brazos extendidos hacia arriba, don Chema nos dice. ¿Ya lo sintieron? Y fue como si hubiéramos entrado de nuevo en consciencia o despertado, cada uno bajo los brazos.

-¿Qué pedo? Dijo Miguel.

-No sé mano, pero que chingona energía se sintió. ¿Lo sentiste Benji?

-Simón.

-Hasta se me enchinaron los pelos cabrón. Dijo don Chema.

-Mi Roy, no mames ¿Tú también levantaste los brazos verdad?

-Si Mike. Todos los teníamos levantados. -Le dije.

-¡Que chingón! Nunca había sentido algo así aquí en la huerta. Que chingón. Repitió don Chema.

-¿No habrá sido Brazo mi Roy? -Me susurró Miguel.

Colección de meadas

Nos regresamos ya tarde de Jalpan a Querétaro, y por ahí de las seis cuando empezaba ya a caer la tarde nos paramos antes de Bernal. Porque según les veía contando, por ahí estaba el árbol que me gustaba. Un pequeño mezquite en lo alto de una pequeña saliente que parecía un bonsai.

Pues porque no aprovechamos para hacer una parada técnica carnal. Dijo Miguel que conducía el coche.

Detrás de nosotros se estacionaron los otros dos autos en los que viajaba el resto de la bandita.

-Según yo es está peña. Le dije al Miguel.

-¿A dónde tan solitos? Nos gritó Miroslava.

 -A mear. -Le respondió Miguel

-Ta bueno. Abusados con los cactus. Nos respondió. También subieron Nacho Mágico, el Ernesto, Benji, el Nacho Pilas. Y nos pusimos todos en fila en lo alto de la ladera junto al raquítico mezquite.

¡Wey¡ La vista desde ahí, estaba poca madre. Podías ver Bernal desde lo alto, el desierto y la Sierra gorda.

-Esta va para la colección. –Dije en voz alta.

-¿Cuál colección carnal?

-Wey, es que colecciono momentos. O más bien dicho, colecciono meadas. Y la neta esta esta poca madre.

 -¡No mames pinche Roy! –Dijo Ernesto. Nomás falta que quieras echar espadazos. Reímos.

-A ver cuéntame otra meada de tu colección –Me dijo Nacho Mágico, cuando ya empezábamos a bajar.

-Wey una muy buena fue cuando fuimos al cuarto de azotea en donde vivía Adolfo en amigo del Pilas en la ciudad de México. Creo que era en la Narvarte. Y después de unas chelas me dieron ganas de mear. Así que me fui hasta la orilla y me subí a la barda, o como se llame, y me puse a mear. Hacia la banqueta que estaba a unos siete pisos abajo, mientras contemplaba las luces del DF.

-Hay pinche Roy estás bien loco carnal.

-¡Wey! es que tengo la teoría que en esos momentos, cuando estas meando, te vuelves más consciente.

-¿Neta? Ahora si te la mamaste mi Roy.

-Bueno ahora somos carnales de meada. Me dijo Nacho Mágico

-Pero para eso hay que cruzar los pinches chorros ¿No? –Dijo Ernesto riendo.

-Pues ahorita llegando a la casita del terror. -Dijo el Miguel.

-No –les dije preocupado por la limpieza del baño.

Así surgió el nombre

-Cómo crees que le puso mi mamá a tu casita mi Roy? –Me preguntó Miroslava

Ya la bandita estaba empezando a llegar y se destapaban las primeras caguamas del lunes. El Ernesto entró en el cuarto y abrazó a Miros.

-Miritos, que chido carnala que llegaste, ira nomás lo que te destapé. –Y chifló como arriero.

-Wey, esto si es un buen recibimiento pinche Ernest. –Le dijo con su tono pausado al hablar, le dio un sorbo a la caguama y me la pasó.

-Wey, espérate que mi mámá me dijo. ¿Ya te vas a ir de nuevo a la casita del terror? Yo me ataqué de risa wey –Dijo Miroslava.

-No sé qué tantas cosas harán en esa casita, hasta drogas deben de consumir, te quiero aquí temprano. No me gusta que te quedes tanto tiempo en el centro. –Dijo Mimroslava imitando la voz de su mamá.

-Wey la casita del terror. No mames le queda perfecto el nombre.

-Pues a mi me gusta más Pasteur 64, parece el nombre de un cuento de Cortazar. -Dijo Nacho Pilas.

Miradas

Natacha y yo estábamos en uno de los cuartos de la casita, ella me estaba enseñando a bailar con las pois de fuego, apagadas por supuesto.

En eso llegó Daniela y saludó a Nacho Pilas y se fue para la cocina.

Antes de eso, Natacha y yo habíamos estado consultando el I ching, yo estaba aún bastante confundido con la relación entre ella, Nacho Pilas y yo. Pero más porque en unos pocos días se iba de la casa a seguir su viaje por Latinoamérica antes de regresar a Francia.

Tenía aun los sentimientos encontrados, entre, lo que pasó con Brazo, las alucinaciones, y el hecho que se iba y que tal vez, nunca la volviera a ver.

Esos días Natacha se quedaba a dormir en la casita, cuando yo me levantaba para ir a la Universidad, ella se iba según me contaba al café del fondo a desayunar y luego se daba una vuelta por el centro. Pero casi todo el día se la pasaba leyendo en la casa hasta que yo llegaba.

-¿Ya viste como te mira Daniela? –Me dijo Natacha.

-No, ¿cómo?

Ella me miró arqueando las cejas.

-Le gustas Ro. Me dijo con su acento francés.

-Claro que no. –Respondí

-Se me quedó mirando y me abrazó. Te voy echar de menos.

Indian Vibes

Cuando me desperté caminé hacia el pasillo para ir por un vaso de agua. Aún estaba medio pedo. Wey, el pasillo estaba cubierto de envases vacíos.

Luego, entre abrí el cuartito de atrás, ahí estaba Miguel y Milena dormidos sobre el colchón. Total, que fui a la cocina y regresé al cuarto de enfrente, la sala estaba patas para arriba, había un montón de envases vacíos ya medio terminar de cerveza, cigarros, plumas, estolas, ropa.

Nacho Pilas estaba dormido en uno de los sillones y en el otro estaba Ernesto.

¡Qué pinche fiestonon! Todo por la culpa del Ernesto. Pinche Ernest. Según cuando estaba caminando por Ezequiel Montes, se encontró una tienda de ropa que había vintage. Ya sabes cómo es el Ernest.

-Nooo maames wey, pinche tienda estuvo cerrada por veinte años weeey, creo que el ruco se murió y cerraron la tienda y estuvo intacta por veinte años weeey. Nooo maames wey. -Imité la voz de Ernesto.

Y al wey, se le ocurrió hacer una fiesta de disfraces con la ropa de la tienda. Aunque mucha de las prendas el Ernest las usa a diario. Pero bueno, cada quien su estilo. El punto es que le dijo a Daniela, ella le dijo al Mágico, de ahí paso al Mike, Atu, Miros y de ahí pal real.

Me dice Nacho Mágico. – ¿Mañana nos vemos en la fiesta de disfraces?

-¿Cuál fiesta? ¿En dónde va a ser? –Le pregunté.

-Pues en tu casa. –Me respondió. Nadie me había avisado, y creo que fui de los últimos en enterarme. Le dije a Dan que si me acompañaba a comprarme algo. Estuvo muy cagado la neta.

Ya en la noche los de la bandita empezaron a llegar disfrazados. Y luego el Edson llegó en su moto Rebel Honda, poca madre.

-Wey, una sesión de fotos wey. Con la motito del Edson. –Dijo el Nacho Mágico.

Luego poco a poco fue empezando a llegar más gente y más gente.

Creo que nunca había visto entrar tanta gente a la casa. Era incontrolable, wey, se había corrido la voz y había fila para entrar.

Yo solo agarré por la solapa al esposo de la hermana de Miguel que mide como dos metros, y le dije. –Wey, no conozco a nadie. Porfa, quédate en la puerta, si ves a alguien que no te late no lo dejes entrar.

-Va que va, Roy no te preocupes, solo mándame de beber. -De eso yo me ocupo, y le pase una caguama recién destapada.

Wey, no podíamos ni caminar por la casa, había un chingo de gente. Luego el Ernest sacó uno de sus cds, y puso la rola de Mathar, de Indian Vibes. De ahí todo se descontroló. Toda la banda empezó a bailar. Yo ya me dejé llevar no mames que pinche fiestón.

Y luego nos pusimos a bailar juntos los de la bandita. Y que se arma ¡la lavadora, lavadora! todos contra todos y luego más rápido, ¡centrifugado, centrifugado! ja ja ja pinches locos.

Y ya de ahi, esa rola ya se quedó como el himno de la banda. Cada que la escuchamos o la pone el Ernest, se arma el centrifugado.

Danza Hindú

No sé de dónde salió la idea ni quien nos pasó el tip, estoy casi seguro que fue Nacho Mágico. Pero en la tarde nos fuimos a la UAQ a una clase de danza Hindú.

Daniela, ya sabes, era bailarina de contemporáneo, así que andaba como pez en el agua. Nacho Mágico con la pinche memoria que tiene se aprendía todo en dos segundos. Pero el Nacho Pilas y yo, éramos el hazme reír de la maestra.

¡Wey! estaba bien linda, era una chiquis hindú que solo hablaba inglés e hindi, yo creo como de veinte años, morena, delgadita y vestida con su sari y todo. Wey, que pena, no dábamos una.

Pero si nos divertimos un chingo. De ahí nos fuimos a la casita por unas chelas

la vida pasa, hoy pasa y yo

-Mi Roy, hoy voy a tocar en el Juli. –Me dijo Nacho Mágico.

El Juli se había vuelto como el barecito fresa de moda en el centro, estaba en la casona de los conco patios. Por supuesto nosotros no teníamos para pagar la entrada ni para comprar una cerveza ahí adentro.

-No te apures, a las 9 empieza. Ustedes se van a la cocina, ahí hay un descanso que está justo detrás del escenario. –Nos dijo Nacho Mágico a Daniela y a mí.

Esa noche nos lanzamos a escucharlo, Nacho Pilas, Daniela, Miros y yo. Apenas si cabíamos en el rincón, y de tanto en tanto nos rolábamos la chela.

Yo sabía que Nacho Mágico ensayaba Flamenco, pero nunca lo había visto u oído cantar con acompañamiento. Y si canta muy muy chido. Estaba en el escenario con Adelina que fue la primer bailarina del ballet nacional de Cuba; a la guitarra estaba Josué que también viene de cuba y toca de no mames; y Miguel estaba tocando el cajón flamenco.

Que pinche espectáculo más chingón. El lugar estaba lleno, ya no cabía un alma. Y la neta se veía delicioso lo que estaban sirviendo para la cena. Pero el Mágico de tanto en tanto veía con una caguama y unos canapés que se chingaba de la cocina.

Cuando terminó el concierto, nos fuimos todos caminando unas cuadras hasta a la casita del terror. Wey, la neta es que el concierto en el Juli estuvo Chido. Pero en la casita, la siguieron y neta estuvo mucho mejor. No mames, Adelina y otra chica bailando con Nacho, ahí me enteré que era el tableado. Josué a la guitarra y todos cantando rolas de Tomatito, camarón de la isla, Manzanita, etc. Yo no había escuchado a ninguno de ellos.

Y luego Mágico nos contó la historia de un compositor de flamenco que tras terminar de grabar una canción murió de una sobre dosis, y que todos apuntan que fue un suicidio, según esto. Y la rola en cuestión de este compositor se llama “Lo bueno y lo malo”. Wey, hasta se me enchina la piel cuando la escucho, no sé. Tiene algo. Y te juro que tengo la voz del Mágico grabada. “Paso la vida pensando en lo bueno y lo malo.

Mi mente está triste me siento algo extraño,
mi cuerpo se agota mi alma lo nota,
de ver en el mundo me tira de otra oca,
la loca envidia que trae la mentira
palabras tan falsas que por mi mente pasa, hoy pasa y yo…
El tiempo se pasa y los años me cansan,
de ver la mentira que traen gente vana,
mi tiempo está en vilo yo sé que me pasa
mentiras, palabras y todo es una falsa
hoy tengo un momento de ansias con ganas
quisiera decir lo que siento en mi alma
la vida pasa, hoy pasa y yo…
y en mí, y en mí, y en mí,
en mi mundo nuevo lo voy a olvidar
las aventuras que he podido vivir
en mí, y en mí, que yai que yai
no aguanto más, mi historia es así,
y en mí…
que por mi mente pasa, hoy pasa y yo…”

Las dos casas

¡Claro! Enrique Ocaña, cómo no. Él llegó a la casita con Miguel después de que hubieron terminado de tocar en Cuadros.

El famoso Rodrigo el bolas de fuego. –Me dijo con su acento veracruzano.

Pues famoso no, pero si las bailo. –Le dije. Nos saludamos de abrazo y me presentó a Betito, que era el guitarrista de la Banda Son de Arena.

Se instalaron en el cuarto de enfrente y empezó el toquín. Comenzó a llegar más gente, amigos de amigos, algunos que solo pasaban por ahí y conocían a alguien que les había dicho.

Las caguamas empezaron a desfilar y se armó la primera vaquita para sacar para las chelas. Creo que recuperamos como ochenta pesos de la primera pasada. De a cinco, de a diez, veinte. Ya nos lanzamos por las caguamas a la tienda de la esquina.

Cuando regresamos la casa ya estaba llena. Ocaña cantando a fondo, y en el solar de atrás se estaba armando el tableado flamenco con el Mágico.

Luego llegó un vecino, Fernando. Wey a todos se nos hacia el más raro del mundo, el Fer, pero ya después de unas chelas estaba igual o más loco. Eso sí es de los Queretanos de toda la vida y su banda también, total que unos amigos suyos llegaron, y pues entre ellos todos se conocían. Entonces me dijo, ven Roy, vamos a mi casa.

Nada que ver, el Fer trabajaba en el gobierno y ganaba bastante bien. Sacó una botella de whisky y me sirvió un trago. Cómo explicarte, el Fer. No habla mucho y tiene una mirada penetrante. Sabes que te está exprimiendo con el pensamiento tus neuronas.

Una vez se nos ocurrió jugar maratón, el jugo de mesa de preguntas, wey que pena. No chingues. Ese wey se sabía todas.

Volvimos a la casa, y al poco rato, ya la fiesta comunicó ambas casas por la azotea. Aquello se volvió a salir de control, entraba y salía gente, las chelas rolaban y sobre todo la música en vivo hizo que el centro vibrara.

Me acuerdo que una de las veces que sali de la casa hacia la del Fer, el administrador del bar de enfrente, El Portón de Santiago, me dijo. -Oye mano, ¿Cómo le hacemos para que la gente de tu fiesta se venga a dar una vuelta por el bar? ¿Qué necesitas? ¿Quieres un descuento? -Hay wey, pinches locos. -No, no sé mano, la verdad es que casi no conozco a nadie de los que están en mi casa. Y me metí a la casa del Fer.

Luego llegó Haide, una chica de ojos grandes con el cabello rizado, parecía salida de una película. Mágico me la presentó era estudiante de bellas artes, y su novio, el Flautisto al que Nacho Mágico admiraba porque era parte de la filarmónica, y al parecer había ganado una beca para irse a estudiar a Francia. El chico no hablaba mucho, me hizo pensar en el personaje de la película the big blue.

No sé porque pero me dio la impresión que a Nacho Mágico le gustaba Haide. Aunque era realmente difícil entre tanta gente.

Cambio de llave

Un día estaba platicando con Fer en la entrada de su casa, cuando vemos que un chico de rastas al que nunca había visto, saca una llave, la mete en la cerradura de la casita, la abre y entra. Los dos nos quedamos paralizados viendo la escena

-¿Lo conoces? Me preguntó Fernando.

-No, nunca lo había visto.

-Wey se metió a tu casa.

Hay cabrón, ese día cambie la cerradura, un amigo de un amigo de mi antiguo roomie se la había pasado a ese wey y le digo que le podía caer. No mames que pinche susto.

¿Qué pasa cuando bebes mucho tequila Viuda de Romero?

Cuéntale lo que te paso en Xilitla para que se le quiten las ganas de probar a mezcalito. Dijo Edson

El punto es que al Ro le jalaron las patas y sintió que le habló el muerto.

No fue el muerto, fue mi brazo que me habló. Todos reímos.

Ya vez, van a pensar que estoy loco.

Pero ¡si lo estás carnal! Dime, ¿quién te conoce mejor que yo? Wey ¿Te acuerdas de esa vez con el tequila Viuda de Romero? Dijo Edson.

Te digo que al Rodraz le pasan puras cosas raras. Ese día estábamos acampando en una ranchería cerca de Catemaco en Veracruz junto a un ojo de agua y que empieza a llover.

Catemaco es famoso por que abundan los brujos y nahuales ¿no? Dijo Alguien

Ándale, a lo mejor fue por eso. Dijo Edson

En esas andábamos, y no teníamos nada para comer más que una bolsa de galletas de animalitos, y una botella de Viuda de Romero.

Wey, y el maldito garrafón de agua, que no sé a quién se le ocurrió llevarlo.

A si es cierto, te pasaste. Dijo Nacho

¡Pues que tal y que te daba sed carnal!

No chingues, para eso traíamos el tequila. Le respondió. 

Pues como sea, la cosa esta que esa noche dentro de la casa de campaña estábamos, el Boti, el Toño, Nacho, el Rodraz y yo. Y ya conoces a tu amigo, nomás cae la noche y te empieza a filosofar.

En esas estaba discutiendo con el Boti sobre el amor y dios. Cuando el Rodraz se sale con botella en mano e iluminado por la única farola del pueblo grita. Dios es…  y madres, en ese momento cae un rayo en el poste de luz detrás de él.  Y este wey se pone a brincar  y a gritar. ¡Es cierto! ¡Es cierto! estilo Forrest Gump.

Tuvo que salir el Boti todo asustado a corretearlo para traerlo de vuelta a la casa de campaña tapándole la boca. ¿Te acuerdas? 

Y ¿Qué fue lo que gritaste? Pregunto un amigo

No, ni lo invoques porque se descose de nuevo.

¿Te digo?

Ya vez, mejor ni le des cuerda.

Además el asunto es que le expliques como es que te habló tu brazo esa noche para que se le quiten las ganas de ir a Real de Catorce.

¿Pero que no había sido en Xilitla?

Si, la segunda vez que lo probamos. La primera fue en el desierto pero esa noche no pasó nada.

Bueno según nosotros.

Porque cuando la entidad comenzó a hablar nos dijo. El Ritual lo comenzaron juntos hace tres días en el desierto, y ahora tienen que terminarlo juntos.

¡No mames! ¡Te cae! ¿Quién les comenzó a hablar?

El mezcalito. Le respondí.

Iaz Galo Solé

Para esto, entre Daniela, Nacho Pilas y yo habíamos creado Iaz Galo Solé, una pequeña agencia, los tres nomás, y hacíamos publicidad, diseños y estrategias de ventas para pequeños negocios. Nacho diseñaba, Dan era la de relaciones públicas y yo me enfrascaba en las ideas.

Digamos que sacábamos para los gastos, Nacho había dejado de vivir en el DF y se había venido a vivir a la casita conmigo. Algunos de los clientes eran antiguos empleadores, como la fábrica de jeans de San Martín Texmelucan a la que le hacíamos los diseños de sus etiquetas. La Óptica Tula, a la que les hacíamos carteles, posters, spots de radio. Y algunas otras en Querétaro que nos daban para pagar la renta y las cervezas.

Un día llegó Nacho Mágico y nos dijo que en su trabajo estaba buscando quién les hiciera un estudio de mercado y unas propuestas para una marca de café. Fue así que empezamos a trabajar en un proyecto con agromercados, que era una empresa que habían formado algunas cooperativas de café del sur de país, con la intensión de crear sus propios productos y venderlos en el mercado local. Fue la primer vez que escuché hablar del sello Fairtrade, comercio justo y productos bio y/o orgánicos. Desde ahí los tres Nacho Pilas, Daniela y yo, quedamos ligados a este sector.

No solo un lugar

A veces siento, que la casita del terror no es solo un lugar, ósea Pasteur 64, sino que es una esencia, la esencia de la cueva mítica, la morada, el refugio, el lugar en donde duermo, pero que en ocasiones se convierte en la pantalla en la que se proyectan las imágenes de una realidad alterna. Como la metáfora de la cueva de Platón.  Y no sé, pero siento que me seguirá aún y cuando ya no more en ella. ¿Fui yo el que imaginó y deseo vivir en una casa en el centro de Querétaro rodeado de amigos ese día mientras caminaba por la calle de cinco de Mayo?  ¿O fue la esencia de la casa la que me sumergió en su sueño?

Prueba de sonido

Probando, probando, uno, dos tres, probando, probando. –Dijo Nacho Pilas cuando salió del cuarto de atrás corriendo para contestar el teléfono. Se alargó la garganta con un sonoro carraspeo y cogió el auricular.

-Buenos días. –Dijo al teléfono.

-¡Hay Daniela! Pensé que era un cliente. ¿Qué horas son?

-Sí, sí, ¿dormidos? No para nada andamos allá atrás desayunando. Sí, sí. Ok. Nos vemos al rato. Órale.

Wey, Daniela ya viene para acá, la cita con Agromercados es en una  hora. –Me gritó.   

-Puso en stereo el cd de Moby Play a todo volumen y comenzó la carrera de obstáculos.

Agromercados

Llegamos a una casa común y corriente en la colonia Carretas.  Nacho Mágico nos presentó al equipo de seis personas que trabajaban en la oficina de Agromercados, nos contó que otra parte del equipo andaban en las comunidades por Amealco, y otras en Oaxaca. Subimos a la recámara que hacía las veces de sala de juntas y nos encontramos con Jesús C. que era el director de la oficina.

-Nacho me ha contado mucho sobre ustedes.

-Cosas buenas espero. –Dijo Daniela. Los tres nos volteamos a ver un poco cómplices.

En la presentación nos fue bien, le planteamos varias ideas para lograr lo que ellos buscaban, al final salimos con una sonrisa y con trabajo por delante. Primero una investigación de mercado en la ciudad con el fin de instalar una cafetería, y por otro la encomienda de crear una propuesta de diseño de una cafetería que transmitiera los valores de las cooperativas de café y el comercio justo. –-¡Wey! Te estoy hablando que en aquel año aún no llegaba Starbucks a México. Y que la única referencia de negocio que había era el Jarocho en Coyoacán y Italian coffee Company. Osea que hay te encargo con el proyecto, por lo menos teníamos trabajo para lo que quedaba del año. 

Escalera de Jazmín

Hoy fui a al cuarto de Nacho Mágico, está rentando cerca de la vieja estación de tren, en la parte de atrás de una casa. Subes unas escaleras de metal esquivando el jazmín que invadió casi toda la escalera, pero la neta está bien chido.

Fuimos el Pilas, Daniela y yo.

El Mágico nos sacó su darbuka que se trajo de Marruecos creo, y no paró de ponernos música de su viaje a África y Oceanía y enseñarnos fotos de su viaje.  

La relación con Daniela es un poco confusa, tenemos como este acuerdo no dicho, pero mientras estamos en la casita, no damos señas de estar juntos. Pero van varias noches que dormimos juntos en su casa cuando su papá se va de viaje por su trabajo.

Crí, crí

-No, no es que no tenga nalgas. Lo que pasa es que camino diferente. –Le dije a Daniela y a Nacho mientras ella conducía su auto.

Ambos explotaron en carcajadas, y ya sabes para la efusividad de Daniela casi suelta el volante en plena carretera.

-¡No manches Rojo¡ -Me dijo llorando de la risa Daniela. Nacho dile algo a tu amigo.

-Wey en serio, no es que no tenga. Sino que al caminar…  -Ya mejor decidí parar mi argumentación antes de que Daniela nos estrellara contra el acotamiento.

-Crí, crí. Dijo Miroslava

-¿Qué es el crí crí?

-¡Wey! es cuando alguien dice un chiste tan malo, que nadie se ríe y lo único que se escucha al fondo el pinche grillito. Dijo MIroslava tan pausadamente como una maestra de kínder.

-Y aquí el pinche Roy es el campeón, nomás abre el pico y le sale un pinche ¡Crí, crí! –Dijo ella.

-Lo que pasa es que no entienden mis chistes. Todos se callaron.

-criiiiiii criiiiii. Dijo Miguel abrazándome.

-No mames pinche Roy.

-Y deja les cuento lo que nos dijo en el coche. –Dijo Daniela.

-No, no porfa –Dije yo demasiado tarde.  

El autobus a Tula

-Hijo, ya decidí que me voy a presentar como candidato a diputado local para el distrito de Tula. Me dijo mi papá por teléfono

-¿Otra vez Pa?

-Sí, pero esta si la voy a ganar, vas a ver ahora los del partido decidieron apoyarme. Es que no puede ser que el gobernador quiera meternos como candidato en Tula a alguien de su confianza para seguir haciendo y deshaciendo.

-Pero acuérdate como te fue en la anterior. Le dije. Y me acordé de cuando era niño y vi mi tía Martha salir de la habitación de mis papás con un manojo de flores negras y marchitas en la mano y una bola de papel periódico en la otra con un líquido verdoso. Mi mamá no nos dejaba entrar al cuarto a ver a mi papá y no sabíamos lo que tenía. En una ocasión espié la conversación entre el doctor Oscar y mi mamá en la cocina.

-Hay Sony, mi compadre está muy mal, yo creo que tienen que ir preparando a los niños.

-Hay compadrito, y si le pido a mi hermana Martha que le venga a hacer una limpia.

-Pues mira Sony, yo no creo en eso, pero en las condiciones en las que está, hay que intentar cualquier cosa. Acabo de recibir sus resultados, y no creo ni siquiera que nos lo admitan en el hospital.

Me acuerdo que mi tía había pasado varios días en la casa con nosotros, y día y noche metían flores en su cuarto y no se cuanta cosa, y las sacaban negras, las llevaban al fondo del terreno para quemarlas. Y poco a poco comenzó a recuperarse. Según mi tía Martha en una de las comidas mientras estaba en campaña le habían dado a comer carne de muerto.

Después escuche al Doctor Oscar que le decía a mi papá en una de sus visitas.

-Hay compadre, ahora sí que casi no la libras. Sabes que yo no creo, pero la verdad, no me explico que fue lo que pasó. Todos tus síntomas eran como si tuvieras sida en una fase terminal. Y ahora parece que tu enfermedad se desvanece. No sé si fue brujería o no, como dice tu cuñada pero casi te nos vas.

Volvía a la llamada por teléfono con mi Papá. Y le dije que lo que podía hacer es organizar un evento musical con mis amigos en Tula, podíamos llevar a Abigaíl que estaba estudiando ciencias políticas y era muy buena oradora como presentadora y armar en el teatro al aire libre de Tula, una especie de concurso de talento para atraer al público y enmarcar su discurso.

La idea pegó, mi papá me envió un poco de dinero para rentar un autobús y en poco tiempo nos pusimos de acuerdo para ir un sábado a Tula. El son de Enrique Ocaña y sus músicos de Son de arena en donde tocaba Miguel; Nacho Mágico y su grupo de flamenco, Darío un cantautor de San Luis Potosí también se unió, dos trovadores más que tocaban en el bar Cuadros y también Haidé y Paulina iban a presentarse.

Además de todos los que se nos unieron para ir a Tula en el autobús lleno de cerveza. Miroslava, Daniela, Atu, Nacho Pilas, Sayuri,  Abigail, Fernando y su novia.

Llegamos justo a tiempo y comenzó el espectáculo. El teatro al aire libre de Tula esta justo frente al jardín principal, y los fines de semana la gente salía a pasear, así que de entrada con la presentación que hizo Abigail, congregamos a no pocas personas. Y poco a poco fueron apareciendo en escena los músicos, unos eras mis amigos y otros eran músicos de la región que habían aceptado la convocatoria.  El pequeño festival cultural desde nuestro punto de vista había sido un éxito.

De ahí nos subimos todos al autobús en dirección a la casa de Tula. Mi abuela materna había venido de visita desde Guadalajara y la casa estaba llena, familia y amigos.

En algún punto de la noche, nos salimos todos al patio de la casa y organizamos una batucada con los tambos y las piezas de coches usados que había atrás.

Resultó que mi abuela y mi mamá conocían a la familia de Nacho mágico.

-¿Entonces tu eres hijo de Arnulfo? Le preguntó mi mamá a Nacho Mágico mientras este les hacía preguntas sobre la manera en como estaban preparando la comida mi abuela y mi mamá.

-Hay hija, si se parece a su papá. Le dijo mi abuela a mi mamá.

-Uy mamá te acuerdas cuando nos escapábamos la Rosy y yo y nos íbamos en tren a la fiesta de Nopala con los charros.

-Hay hijita, ni me acuerdes, tu abuelo se ponía pero enojado, enojado, hasta se le estiraban los bigotes.

-Hay hijo –le dijo mi mamá a Nacho Mágico. Como nos encantaba irnos a la fiesta de Nopala, ahí nos quedábamos con la tía Rosita, pero todo el día nos la pasábamos en la charreada. Y déjame decirte que todas las muchachas íbamos a la fiesta por ver a tu papá.

-¡Hay hija que bárbara!

-¡Hay mamá! Es que el papá de Nachito estaba muy guapo. Y Nachito se parece mucho a él, tienen los mismos ojos.

Ya a media noche nos regresamos en el autobús, mi mamá le había preparado un itacate al chofer que se había sentado a comer toda la tarde con nosotros, no habló pues siempre lo vi con la boca llena, pero si escuchaba con atención y reía con frecuencia.

La mayoría dormía, y yo entes de unirme, alcané a ver como Nacho Mágico y Haidé que se habían sentado uno a lado del otro y comenzaban a besarse.

La llegada de Juanqui

-¿Y les conté que llega Juanqui mañana? –Dijo Atu

-¿Qué Juanqui? –Dijo Daniela

-¡Panchita! Juan Carlos es mi super compa, mi super carnal de Paraguay que estuvo en el barco. ¡Wey! Juan Carlos, es un super carnal. Se  los voy a presentar.

Luego me enteré que ya se estaban organizando para ir a la playa a pasar el fin de año, iba Juan Carlos, Daniela, Ernesto, Atu y creo que Miros.  En ese momento la relación con Dan estaba un poco rara, yo no quise decir nada. Necesitaba un poco de tiempo para estar solo. Ya sabes como soy. Me dan mis pinches brotes de soledad.

Micro dosis

Fuimos a ver a unos productores de micro dosis en la sierra de Guanajuato porque Jesús quiere ver si Agromercados puede trabajar con ellos. Nos fuimos en el coche de Daniela, el Nacho Mágico, ella y yo. La neta está bien chido el proyecto.  Tienen un invernadero de plantas y hierbas curativas y además hacen recolección de plantas silvestres en la sierra.  Y con ellas extraen las micro-dosis. ¡Wey! Es como una farmacia rural en medio de la nada.  Llega gente de todos lados para comprar sus micro-dosis. En la tarde ya salimos de regreso y me acuerdo que Nacho Mágico veía sentado en la parte de atrás recargado sobre nuestros respaldos contándonos historias. A vece si siento que habla muchísimo, o más bien que tiene demasiadas historias, me siento un poco tonto a su lado.

-A veces siento que soy un alma vieja. –Dijo Nacho Mágico mientras Daniela conducía de regreso a Querétaro.

-¿Por qué lo dices Nachito? –Dijo Daniela

-No sé, a veces siento como si hubiera vivido muchas cosas. –Lo dijo en un tono que denotó tristeza, o más bien melancolía.