Brazo

¿Escuchan eso? Dijo Nacho, se puso de pie y caminó hacia el umbral del tejaban. Natacha y yo lo seguimos. Y en un segundo una densa cortina de agua calló sobre la selva.

Natacha volvió a prender la vela a tientas, después se acercó a Nacho y lo abrazó.

En ese momento yo los miré y les dije. Si, ustedes están muy juntitos ¿no? Pero saben que, ya no me importa porque yo tengo a Brazo..

Instintivamente yo levanté mi brazo izquierdo hacia adelante con la palma de la mano girada hacia ligeramente abierta hacia el interior. Como si fuese a saludar a alguien.

¡Ro, estámos aquí contigo! Me dijo Nataccha cuando vió aquel acto de solitud.

No, en serio. Le dije sonriendo. ¿Verdad Brazo que nos tenemos a nosotros? Y comencé a hacer muecas y mímica con mi mano izquierda como si fuera un personaje. En serio somos buenos amigos. Mira Brazo no se me despega ni un segundo. Mis amigos sonrieron.

¡Estás bien loco! Me dijo Nacho con una mueca.

¡Mira! a Brazo no necesito saludarlo. Y luego, ¡chéca! Brazo me abraza. Y comencé a actuar de espaldas hacia ellos como si mi brazo izquierdo fuera el brazo de otra persona.

Me di la vuelta de frente a mis amigos y reí de mi propia tontería.

Baje mis brazos finalizando mi tonto sketch.

Hubo un silencio y unos segundos después Nacho me dijo.

¿Ya vas a empezar de nuevo?

No. Le respondí.

¿Entonces? Me dijo con una mueca señalando mi brazo izquierdo.

Giré mi cabeza y vi a mi brazo extendido hacia el frente. Pero esta vez, no había sido intencional.

Pensé bajar el brazo. Pero no pude.

¿Todo bien Ro?

Eso creo. Le respondí a Natacha.

Me concentré aún más para bajar mi brazo. Pero un movimiento que en cualquier otro momento hubiera parecido simplísimo. Ahora no lo era.

Mi extremidad no me obedecía. Sujeté mi brazo por la muñeca e intenté bajarlo. Pero estaba tieso como una piedra.

¡Ah chinga! Hablé en voz alta.

Nacho mascullo una risa forzada.

Sujeté con más fuerza mi brazo e intente doblarlo.

Y a pesar que soy diestro no logré mover la siniestra.

¡Ah cabrón! Gruñí. ¡Pérame! ¡Que ahorita te arreglo! Dije mientras forcejeaba con mi brazo izquierdo.

La escena debió haber sido muy cómica porque mis dos amigos ahora reían con mayor convicción.

¡Este wey!

¡Hay Ro!

Me enderecé jadeando, y con el brazo intacto los miré y sonreí nerviosamente. Ambos rieron.

¡Te pasas pinche Ro! Me dijo mi amigo.

¡Nacho, no es mamada! Necesito que me ayudes con mi brazo. Le dije

¿Cómo que no puedes?

Pues no puedo. ¡Míralo! Le dije a Nacho.

Él suspiro y se acercó a mí.

¡Estás aplicando bien tu estrategia, he! Me dijo.

¡Es-en-se-rio! Le respondí.

¡Si Claro! Ambos tomamos mi brazo izquierdo y comenzamos a forcejear. ¡Ustedes dos están bien locos! Nos dijo Natacha.

Ambos caímos al piso enredados, y apalancados a mi brazo tratando de enderezarlo. Y de pronto Nacho se paró en seco mirando a mi brazo de frente.

Me soltó de un golpe y se puso de pie. Su rostro apenas iluminado por la vela y enmarcado por la oscuridad lo hacía ver aún más asustado.

¿Qué es eso? Me preguntó.

No lo sé. Le dije recuperándome. Natacha paró de reír.

¡Ya Ro! Es suficiente.

La miré con un semblante de preocupación.  Gire mi atención de nuevo hacia la palma de mi mano sin dejarla de sujetar.  Y en ese momento, en un instante, creí entender lo que me estaba sucediendo.

Hubo un relámpago que iluminó toda la escena.  

¡Está aquí! Les dije a mis amigos. Es él quien ha tomado el control sobre mi brazo izquierdo.

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