El movimiento de Brazo

¿En dónde chingados está Nacho Pilas? Me dije en voz alta.

Tomé el teléfono y marqué el número de su casa en la ciudad de México. Sonó una vez y colgué. ¿Y si me contesta su mamá? Me va a preguntar ¿Qué no está contigo?

Marqué el número de su ex novia ¿Y si me contesta su marido? Colgué.

¿Estará en la casa de sus tíos aquí en Tula? Pero si voy, su tía le contaría a su mamá y la ex novia saldría al tema.

Pinche Nacho, ¡ya que se compre un teléfono!

¿Se habría ido con Natacha a Guadalajara? Se me revolvió el estomago.

¿Estará con el Edson en Querétaro? Miré el reloj, Edson debería estar en la universidad o tal vez trabajando.

Entoncés cerré los ojos deliberando entre una pregunta y otra cuando de pronto fui consciente que me estaba balanceando involuntariamente de derecha a izquierda. Abrí los ojos y miré a mi cuerpo como se movía sin mi consentimiento de un costado a otro.

Sentí como una oleada de recuerdos y sensaciones que iban desde el sabor amargo de mezcalito hasta la pérdida de control sobre mi cuerpo hacía apenas una semana en Xilitla. Un sudor frío me erizó el espinazo.

¿Brazo? Pregunté con una voz delgada.

Entonces, lentamente comencé a balancearme como una boya de mar.

No era yo quien estaba provocando aquel movimiento. Es decir, no había tenido la intensión de moverme, y sentía que aquel movimiento provenía de lo profundo de mi cuerpo.

Ahí estaba yo sentado en la silla sin apoyar la espalda al respaldo viendo como mi cuerpo se balanceaba hacia adelante y hacia atrás.

Este movimiento involuntario y desconcertante como una manifestación de un algo, de una fuerza irreverente a la que ya había conocido la noche de Xilitla.

Solo que ahora esta fuerza era más sutil, mucho menos agresiva y sobre todo parecía estar jugando.

Brazo. ¿Me estaré volviendo loco? Me pregunté en voz baja, dejé de moverme.

¿Brazo estás aquí? Lentamente mi cuerpo volvió a balancearse hacia adelante y hacia atrás, como un péndulo y cuando se hizo evidente, el movimiento cesó.

Y entoncés me vino a la mente el motivo que había despertado aquella fuerza interior.

¿Brazo sabes en donde está Nacho? El movimiento pendular me impulsó hacia delante y atrás, hasta que me resultó evidente su respuesta no verbal. Sí.

Entonces el movimiento cesó.  Respiré varas veces tratando de contener mi emoción.

¿Nacho está con Natacha? Me dejé de mover y lentamente aquella energía motora creció hasta manifestar un movimiento de izquierda a derecha, hasta que se fui consciente de la respuesta negativa.

Entonces el movimiento se detuvo. Así, mediante preguntas cerradas sobre las posibles ubicaciones de mi amigo, Brazo me indicó que mi amigo desaparecido se encontraba en un autobús camino a Tula.

Yo me sentía escéptico sobre lo que me respondió Brazo, hasta que pocos minutos después mi madre me llamó. Ro, baja, Nacho acaba de llegar. Me gritó mi mamá desde la cocina.

¿Qué onda Rojo? ¿Dónde andabas wey?  

Me quedé con Amelia y casi pierdo el camión para venir a Tula. No manches que tráfico había en la carretera.

Esa fue la primera vez que tuve consciencia de que Brazo se había quedado en mí.

La llamada de Álvaro

Sé que es difícil creer que lo que te voy a contar, pero necesito escribirlo.

Hace veinte años, en el verano del año dos mil, mientras estaba de viaje con dos amigos en la selva, tuve una serie de premoniciones, después de haber pasado por una extraña visión alterada de la realidad cuando ingerimos un cactus proveniente del desierto mexicano.

Pero según la trama de aquellas visiones para que lo que estaba viendo tuviera lugar, primero sucederían una serie de eventos.

Por alguna razón aquello que vi, me marcó de por vida, pues no pasa un día sin que me acuerde de ello. No sé, como si quisiera o tuviera que encontrar una explicación.

¿Por qué?

Pues porque muchas de las cosas que vi o sentí esa noche. Han sucedido. Por ejemplo la que te conté sobre el castillo de Angers.

Bueno, sé que todo eso no tendría importancia para nadie, excepto para mí que la recordaba como una anécdota adolecente increíble.  Hasta hoy.

Yo había ido a dormir a mi hijo y me quedé dormido con él en su cama mientras le leía una historia. Pero por algún motivo fui consciente que estaba durmiendo. Como un sueño lúcido, solo que en mi sueño, estaba acostado en la cama con mi hijo, es decir, casi exactamente como en la realidad. Entonces levanté mi brazo izquierdo y trace una línea con mi dedo índice en el aire de unos quince centímetros. Fue como si hubiera cortado el sueño, y de esa grieta surgiera la imagen de otro sueño que estaba detrás. Era la imagen de una selva espesa. Y de pronto fui consciente que Brazo tenía la llave para entrar al mundo de los sueños.

El teléfono sonó y me desperté del sueño, me levanté de la cama tratando de no despertar a mi hijo. Me llamaba Álvaro, miré el reloj y con el cambio de horario serían las nueve de la mañana en México. Álvaro nunca me había hablado por teléfono antes.

Unas horas antes Edson me había enviado una selfie en la que estaba con Álvaro en la laguna de Bacalar en México tomándose unas cervezas.  Al parecer ambos estaban vijando por el sur en las motos.

¡Bueno!

Hola Ro. Me dijo Álvaro con una voz tranquila y pausada.  Disculpa amigo pero tengo algo que decirte. Espero que estés sentado y que si estas con tu familia los abraces fuerte. Noté en su tono la seguridad poco habitual, incluso, solemne.

Silencio, No pude responder nada, porque sabía lo que me iba a decir.

Ro, te hablo porque mi primo se nos adelantó.

Silencio. No, no es verdad, ¿Es una broma verdad? Le respondí más por la inercia de decir algo. Ya que sabía que me estaba diciendo la verdad.

No amigo, Edson acaba de fallecer. Veníamos conduciendo en una carretera cerca de Palenque Chiapas y se salió de una curva.

Sé que es difícil, tú eras su hermano, por eso te marco.  

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