Ahí fue en donde yo vi a la llorona

En esa casa. Era tarde y tu abuelo Choco no había llegado, yo estaba ya embarazada de tu tía Mary.

Y entonces tocaron la ventana. Era una ventana que daba para la calle, una vidriera, las ventanas de los pueblos de antes.  

Y le digo. ¡Choco! Y no me contestó.

Entonces corrí el visillo para ver quién estaba afuera. Y alcancé a ver el árbol que estaba pasando la calle, era un álamo blanco grande que estaba a la orilla de una zanja de agua.

Y al momento de que abrí la cortina oí el grito de la llorona y alcancé a ver como del árbol se desprendió un velo blanco y largo.

!Mis hijos¡ gritó. Para que te cuento, si me dió miedo. Dije. ¡Ave María purísima! ¿Quién sabe que sea eso?

Hay hijo para que te cuento. Yo la he visto dos veces, la otra vez fue en mi recamara. La segunda vez ya vivíamos en México. Y cuando desperté, abrí  los ojos, oí el grito, y alcancé a ver el velo como salía por la ventana.

Hay no, no. Esa señora debe estar muy desesperada pobre.

¡Mary! LLamó mi abuela a mi tía. A ver si hoy le ponemos una vaso de agua a las santísimas ánimas del purgatorio en la noche y les prendemos una velita.

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