Adios a mescalito

Legamos a la casa de Daniela, al momento de entrar en su recamara, le dije que tenía que contarle todo lo que había visto. Ella comenzó a llorar, no sé muy bien porqué. Yo estaba extasiado pero también tenía aún mucho miedo y escalofríos por lo que había percibido. Pero sobre todo porque no entendía el significado de lo que había visto. Había sido tan intenso que si cerraba los ojos, podía seguir viendo el mundo espiral. Incluso si fijaba mi atención sobre una lámpara o una pared, podía fácilmente distinguir las espirales y los copos de luz unidos por un halo.

De pronto tuve muchas ganas de vomitar. Voy al baño, alcancé a decirle a Daniela mientras ella se ponía su pijama.

Cuando llegué al baño, sentí o más bien “vi” a un insecto en mi garganta.

-Este viaje lo iniciamos en el desierto, es tiempo de que me vaya, pero Brazo se quedará contigo. Me dijo. Era la voz de mezcalito. La voz del cactus del desierto de real de catorce.

En ese momento vomité, y sentí como algo del tamaño de una pequeña zanahoria salía por mi boca. No tuve el valor de abrir los ojos y jalé a la palanca.

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