Streets Of Querétaro Rodraz

5. El efecto de un café

¿Qué van a hacer más tarde?

Miré a Nacho y ambos levantamos los hombros.

No tenemos plan. Le respondí a Marion.

Bueno chavos, ahí les encargo a la güera yo me voy a trabajar. Dijo Edsón.

¡Órale! Dijo Nacho aún con el bocado en la boca.

Trátenla bien he cabrones, que ya los conozco. Si quieren, le caen en la casa en la noche a cenar. Ahí sacamos los vinos.

¡Órale! Respondió Nacho dando un sorbo a su café.

¿Ya conoces el centro de Querétaro?

No, ayer llegamos de Bernal en la noche.

¿Y cómo se conocieron Edsón y tú?

Escalando en Bernal, fue curioso porque mientras estuve escalando en Monterrey un chico me habló de Bernal y me dio el teléfono de un tal Edson para ir a escalar. Le estuve llamando pero nunca lo encontré.

Clásico, nunca está en su casa. Dijo Nacho

¿Y luego?

Pues me fui directo a Bernal,  ahí en medio de una ruta comencé a platicar con un escalador y resulta que era Edson.

¡Que loco!

Natacha tenía una mirada de niña traviesa, y Nacho era un niño de veinte tres años. Así que la conversación rápidamente degeneró en juego con los ceniceros, con el salero, cambios de entonación de la voz acentuando las frases y dramatizando todo.

Saliendo del café, comenzamos a caminar rápido. Nacho y yo ya sabíamos lo que pasaba, y pronto Marion lo averiguaría. Ese último café con leche combinado con el pan remojado en salsa roja caliente a las nueve de la mañana. Siempre provocaba una primera advertencia por ahí de la esquina entre Madero y Juaréz frente al jardín Zenea. Y al segundo retortijón comenzábamos a apretar el paso, pero ya a la altura del Ángela Peralta comenzábamos a correr para ver quién llegaba primero al baño de la casa en Pasteur 64.

Los tres estábamos gritando y riendo.

Vamos a la casa y luego te enseñamos la ciudad. Tratamos de disimular.

Mira este es el museo Regional. Dije corriendo

 Y este es el templo de San Antonio, pero nunca hemos entrado. Gritó Nacho

¡No mamés no llego!

¿Traes la llave?

Aparto primero.

Ni madres.

Mira este en este bar se pone bien, podemos venir.

Abre la puerta. Ja ja

Ah ah gritó Marión.

Los tres nos empujábamos para entrar.

Corrimos por el pasillo de la casa hasta la segunda puerta de madera que casi rompemos.

Entro primero Nacho al cuarto y alcanzó a abrir la puerta del baño.

¡Pinche wey! Pero le apuras.

Marion hacía pequeños brincos y reía sin parar.

¿Aquí viven? Mientras recorría la habitación con su mirada, era un cuarto de unos seis metros por cuatro, con techos de doble altura rematados por viejas vigas de madera. Solo había un ropero pequeño con un tocacintas y un colchón individual sin base con un sleeping como cobija.

Sí, aquí vivo.

¿Y Nacho?

Vino a pasar el verano

Marion salió al pasillo a explorar la pequeña casa que estaba compuesta por dos grandes habitaciones unidas al exterior por un largo pasillo que terminaba en un minúsculo patio al aire libre en donde abría la ventana del baño, un lavadero y daba acceso a dos pequeños cuartos de techo bajo. Uno de ellos era la cocina, en donde había un mini refrigerador que no servía, una estufa sin gas, una tarja y una mesa con un pan duro encima. Luego fue hasta la primera habitación que tenía una gran ventana a la calle casi del tamaño y de la altura de una puerta grande que terminaba en unos barrotes de fierro fundido al estilo colonial.  En la habitación había un par de sillones azules, un escritorio, un librero y fotos de viajes pegadas en la pared.

Il est trés cool ta maison.

Gracias respondí desde el baño. No es mía, la rento.

Pinche Nacho hubieras prendido un cerillo, le grité.

Pásame un cigarro no seas así. Nacho prendió uno para él y le me tendió uno por la ventana del patio.

Que lindos azulejos tiene el piso. Dijo Marion desde el baño.

Pues son retazos de lo que les sobraba en la época.

Forman figuras ya las vieron. Dijo Marion desde la taza del baño.

Si es una historia. Dijo Nacho.

Nos tiramos a descansar un momento en los sillones mientras Marion recorría la casa.

¿Y qué hacemos?

¿Por qué no vamos al museo de la ciudad y luego vemos si hago el Rosalío Solano? Igual y nos deja entrar gratis.

¡Ándale! Ámonos.

Y no cierran con llave su casa.

No, ¿qué van a robar?

A lo mejor hasta nos dejan algo. Reímos caminando rumbo al museo.

¿A poco no son una broma el ancho de estas banquetas? Le preguntó Nacho a Marion.

Ya va a empezar. Dije

Tengo la idea de crear una serie de fotos con las banquetas absurdas de Querétaro. ¡No manches! Son ridículas. Reímos mientras Marion brincaba de una banqueta a otra.

Al museo en realidad no fuimos por las obras, sino porque a lo mejor había algún concierto o tocada improvisada. Pero como no había nada, nos dedicamos a recorrerlo.

Pasamos la tarde haciendo tonterías, travesuras y bromas de todo tipo, entre nosotros y a los demás. En realidad fue un día único. Para empezar acababa de pagar la renta así que no sentiría aquella carga sino hasta dentro de treinta días. Luego, el inicio de las vacaciones y el consuelo de que solo faltaban dos semestres más para terminar la licenciatura. También el hecho que acababa de cortar hacía unos meses con mi novia con la que había durado casi ocho años, si toda mi pubertad la había vivido con una chica que estaba muy temerosa de perder su virginidad. Y aquella ruptura resultaba en una sensación de libertad indescriptible.

Solo estaba el trabajo de diseño gráfico que teníamos que hacer Nacho y yo, pero eso no era para nada una carga. Sino algo que me motivaba mucho. Entonces éramos unos soñadores, soñábamos con algún día ganar el dinero suficiente para irnos de viaje por el mundo de mochilazo. Y aquellos trabajos a distancia parecían un posible medio para lograrlo.

Y Marion resultaba ser una promesa de viaje, según nos contó ese día, ella se dedicaba a trabajar durante el otoño e invierno en Francia y con lo recaudado se iba de viaje durante los seis meses restantes. Marruecos, Tibet, Oceanía, y ahora Latinoamérica empezando por México. Sin plan, sin método, sin más que las referencias que iba encontrando en su camino. Y con algunos paréntesis o experiencias a cumplir que según sus amigos europeos le habían recomendado.

Y que casi en su totalidad resultaban lejanas y novedosas para nosotros.

¿Ya conocen Real de Catorce? Nos preguntó.

Yo No. ¿Y tú?

Tampoco ¿Y tú?

No, pero me recomendaron ir.

Yo solo sé de Real por una carta de mi abuelo,

Yo por un anuncio que acabo de ver pintado en una barda. Es el nombre de un grupo ¿no?

¿Qué carta?

Pues mi abuelo al momento de morir tenía una carta, y mencionaba el pueblo.

¿El qué?

¡Qué fuerte!

¿Y no tienes curiosidad de ir? Me preguntó.

Pero que no es un grupo de rock.

No seas wey, también, pero Real es un pueblo fantasma en San Luis Potosí.

Ah, no, pues no lo conozco. ¿Y que hay ahí o qué? Dijo Nacho

Peyote. Dijo Marion

Los tres callamos.

Edson abrió la puerta de su casa.

Ya se habían tardado, ¿dónde estaban? Hasta chapeados vienen.

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